Pregón, comparsas, visita de priostes, recorridos en las denominadas “chivas”, presentaciones artísticas y un festival infantil marcaron la celebración de la fiesta de los Reyes Magos en los cantones Esmeraldas, Quinindé y San Lorenzo del Pailón, el martes 6 de enero.

Durante los recorridos, coloridas comparsas llenaron las calles de estas poblaciones de la frontera norte, con la participación de estudiantes de diversas instituciones educativas, quienes demostraron talento y creatividad al representar personajes tradicionales afroesmeraldeños, expresiones culturales ancestrales y el paseo de los Reyes Magos.

Los participantes señalaron que esta actividad busca rescatar y fortalecer la cultura y las tradiciones heredadas de los ancestros.

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Integrantes de una comparsa vestidos con trajes elaborados con hojas de árboles y papel, en el pregón en San Lorenzo del Pailón, el martes 6 de enero. Foto: Alcadía de San Lorenzo.

En el malecón de Las Palmas, el Municipio de Esmeraldas, en coordinación con el Patronato Municipal, organizó un festival infantil que incluyó la llegada de los Reyes Magos a caballo y la representación en vivo del Niño Jesús, María y José.

El evento se inició a las 18:00, con presentaciones de grupos musicales, bailes de marimba, concursos y la entrega de presentes a los asistentes.

En Quinindé, el comité de priostes realizó una caminata acompañada de bandas de pueblo y bailes tradicionales, que culminó en los bajos del edificio municipal.

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Por otro lado, la tradicional rosca de Reyes se agotó en varias panaderías de la ciudad de Esmeraldas. Una ciudadana indicó haber pagado 15 dólares por uno de estos dulces en una pastelería local.

Sin embargo, tradiciones como los cucuruchos —grupos de personas disfrazadas que recorrían las calles de la capital esmeraldeña— ya no se observan desde hace algunos años durante la celebración del 6 de enero. Estos grupos caminaban hasta altas horas de la madrugada tocando bombos y cantando alabaos.

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“Eran hombres y mujeres con máscaras de papel, algunas hechas con fundas de despacho, envueltos en sábanas o con batas de colores, que recorrían varios sectores de la ciudad, algunos portando látigos de cuero”, recordó Patricio Páez, historiador. (I)