Los envases biodegradables elaborados a base de desechos de uvilla podrían transformar la manera en la que se almacenan y distribuyen productos.

La iniciativa la lleva adelante la Universidad Central del Ecuador, que explora la transformación de residuos orgánicos en pulpa moldeable destinada a la fabricación de empaques sostenibles, informó esa institución. Incorpora el uso de papel reciclado y la experimentación con diferentes técnicas, agregó esa entidad de educación superior.

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Moldes biodegradables que usan desechos de uvilla. Foto: Carlos Granja Medranda

Origen de la iniciativa

Mauricio Fuentes, docente e investigador de la carrera de Ingeniería Mecánica, señaló que este es un proyecto estudiantil que nace de un pedido de una empresa que los contactó para automatizar sus procesos de exportación de uvillas a la Unión Europea (UE) y Estados Unidos.

Por ello, diseñaron una máquina peladora de uvilla, que es una patente de invención. Otro planteamiento fue que con los capuchones de las uvillas se elaboren empaques biodegradables y, en ese marco, se creó otra máquina, que surgió de un proyecto de curso y tuvo financiamiento externo gracias a un concurso.

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Marco Rojas, estudiante de noveno semestre de Ingeniería en Diseño Industrial, de 25 años, ha sido uno de los principales impulsores de la iniciativa que incluye, además, a otros actores del mundo empresarial y académico.

Contó que buscaba vincularse a un proyecto y con un empresario surgió la idea de realizar empaques para las uvillas a base de fibras, así como el diseño de maquinarias para la producción, el pelado y la selección.

Inicialmente se planteó usar inteligencia artificial, pero por el costo que demandaba se descartó esta ruta, y la segunda opción fueron los empaques de uvilla. A partir de las ideas del empresario hubo investigación, prototipos, pruebas y ensayos que determinaron que era posible su realización.

Como parte de sus prácticas profesionales, a él se le asignó el tema de los envases. Comenzaron con el proyecto a través de un fondo para comprar maquinaria de impresión 3D.

Proceso de desarrollo y materiales

Con la carrera de Ingeniería Química se juntaron para desarrollar y sintetizar el aglomerado de la pulpa que se obtiene a través de la extracción de la fibra de la cáscara de la uvilla, eliminando la lignina, que es una sustancia que la mantiene erguida y resistente, y sustituyéndola por el almidón de yuca.

Sostuvo que comenzaron a producir empaques con la universidad y, en conjunto con la carrera de Administración de Empresas, determinaron un modelo de negocio. También hubo acercamientos con empresarios que han ofrecido un fondo para producir empaques, no solamente de la uvilla, sino de otros biomateriales.

“Lo que nosotros hacemos es transformar un empaque que reemplace el plástico de manera eficiente”, dijo.

Maquinaria que se utiliza para aprovechar el residuo de la uvilla. Foto: Carlos Granja Medranda

Avances, desafíos y financiamiento

El alumno sostuvo que podrían fabricar un empaque por minuto. La maquinaria que utilizan usa agua reciclada, pero los empaques todavía son un prototipo.

Añadió que, si tuvieran el financiamiento, dedicarían unos seis meses a la fórmula bioquímica del aglomerado y al diseño de la maquinaria adecuada.

Usan desechos industriales que, subrayó el docente, normalmente se descartan para hacer empaques, aunque aún faltan pruebas de contaminación y de utilidad para contener alimentos.

Nuevas aplicaciones y proyecciones futuras

Fuentes explicó que trabajan en un proyecto con una compañía que tiene escasez de papel para producir cubetas para huevos. El objetivo es generar pulpa a partir de plátano.

Con otras organizaciones ha habido contactos para elaborar platos o vasos de forma industrial.

Señaló que les falta realizar validaciones de compatibilidad con alimentos, tomando en cuenta que hay normativas internacionales que especifican el contenido, por ejemplo, de cadmio.

En otro laboratorio de la Universidad Central hacen pruebas de resistencia de materiales, donde hay máquinas que miden la firmeza al estirar el material.

Además, deben definir pruebas de biodegradabilidad, es decir, establecer en qué tiempo se descompone un material en un ambiente agresivo.

Para elaborar una maquinaria más funcional se requieren $ 3.000; y para hacerlo de manera industrial, alrededor de $ 80.000, con la perspectiva de una planta industrial para elaborar cualquier tipo de empaque, cuyo costo aún no está definido.

Rojas apuntó que ha habido contactos con el mercado de Santa Clara, que está a pocas cuadras de esa universidad, pues les han manifestado su interés debido a que ahí se generan varios desechos orgánicos. (I)