La banda de guerra del Instituto Nacional Mejía interpretó una marcha especial dedicada solo a personalidades de la historia nacional. Así se inició la última despedida al reconocido cantante Gustavo Velásquez, quien falleció el pasado lunes a los 71 años, a causa de un cáncer.

La banda de guerra del colegio Mejía despidió a Gustavo Velásquez, uno de sus integrantes. Foto: Carlos Granja Medranda

Fue la manera en la que los egresados de esa unidad educativa rindieron homenaje al artista. Con vestimenta negra se ubicaron a la cabeza del velatorio en la sala 5 del camposanto Monteolivo, la tarde de este miércoles.

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Nelson Trujillo, de la asociación de exintegrantes de la banda de guerra, mencionó que era una manera de honrar su memoria. Recordó que dejó en alto el nombre del Ecuador y, sobre todo, el de esa institución.

Tras gritos de enaltecimiento al colegio Mejía, los exintegrantes de la banda de guerra entonaron la denominada marcha de respeto, que es interpretada en actos especiales para autoridades.

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Velásquez, nacido en Quito en 1954, integró la banda de guerra y tocó los tambores cuando estudió ahí.

El legado musical y personal de Gustavo Velásquez

Decenas de personas asistieron al velatorio y misa que reunió a quienes admiraron al cantante.

En medio de palabras de pesar por el deceso, se escuchó la voz de Velásquez en una de sus clásicas canciones dedicada a la paz y repudiando la violencia.

A través de una pantalla gigante se trajeron recuerdos de sus conciertos en los que usaba su característica bufanda con adornos de piano que fue colocada encima de un ataúd de color café donde el cuerpo reposó.

En el centro del salón se colocaron más de 20 ramos de flores blancas. Junto al ataúd, una foto de medio cuerpo.

Un libro de firmas recogía anécdotas y agradecimientos por el legado de música para las siguientes generaciones.

Rodrigo Velásquez, hermano de Gustavo y el último de la familia, contó que se despide no solo a un familiar, sino a un ícono del país.

Hace seis años se le diagnosticó un cáncer de próstata que hizo metástasis. Agregó que le dieron un año de vida que se extendió a seis.

Eso, agregó, representa una de sus facetas: un hombre luchador, fuerte, que le metía ganas a la vida.

Destacó además que a los 5 años ya cantaba pasillos porque sus padres también fueron artistas.

Su afición musical se extendió hasta el colegio Mejía, institución a la que representó en varios concursos intercolegiales.

Después fue contratado en un centro nocturno, donde su carrera profesional tomó impulso.

Sus dos hermanas también cantan, pero no siguieron esa carrera.

La emotiva despedida final

Antes de las 15:00, el ataúd salió de la sala de velación hacia una capilla en medio de reconocimientos: “Hasta siempre, amo de la cumbia”, se escuchó.

Gente que hizo una calle de honor lanzó pétalos blancos a su paso.

Al llegar a la capilla fue recibido por sus excompañeros de aulas.

Previamente, Ángel, hijo de Gustavo, con la voz entrecortada, mencionó que siempre fue humilde y sencillo, galardonado en muchas ocasiones.

“En cada ensayo, en cada escenario dejó todo de sí”, dijo.

Fue, es y será el mejor cantante del Ecuador, sostuvo, no solo por su talento sino por su versatilidad.

Su voz podía ser fuerza y ternura, alegría y nostalgia.

Destacó que su padre dio ejemplo, pues creía en el trabajo honesto, valores y perseverancia.

Una misa fue el último acto público del artista que murió el pasado lunes. Foto: Carlos Granja Medranda

Recordó que le enseñó a cantar, compartieron canciones, escenarios, aplausos, estudios de grabación, y le dio instrucciones de cómo potenciar la voz.

Casado, con más de 50 años de matrimonio, no solo fue cantante sino también deportista, levantador de pesas, torero e hincha del Aucas y abogado de profesión.

Las palabras finales de su hijo fueron que a un artista de su talla se lo despide no solo con lágrimas, sino con aplausos y de pie. Y así ocurrió.

Su último paso por los escenarios fue una gira con la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador.

Tras la misa se entonaron varias canciones, entre ellas, Sombras, y unos 70 músicos, que se reunieron en los exteriores de la capilla, rindieron un tributo a través de un mix de canciones bailables.

El último adiós fue un evento de carácter privado (I)