Mabel, de 18 años, lleva seis días en cuidados intensivos. Su condición es crítica, a causa del dengue grave -antes llamado hemorrágico- que padece desde hace diez días. El viernes 14, antes de ser ingresada en el hospital de Infectología, vomitó sangre. No podía estar de pie. El dolor abdominal la obligaba a acuclillarse, narra su madre, Ericka Delgado, el 20 de mayo.

El virus del dengue es transmitido por el Aedes aegypti, mosquito que ha infectado a 9.018 personas en los cuatro meses y medio de este año, superando los casos de todo el 2019 (8.416), según el boletín epidemiológico del Ministerio de Salud (MSP) del 11 de mayo. El 92% tuvo dengue clásico; el 7% presentó signos de alarma; y menos del 1% fue grave.

El año anterior, por la pandemia del COVID-19, las atenciones se centraron en atender a los contagiados por este virus, mientras otras patologías quedaron desplazadas. “Se dejó la promoción y prevención, y disminuyeron las tareas de fumigación”, refiere la infectóloga Mildred Zambrano.

Además de especialistas como Zambrano, hay moradores como Jorge Baque que creen que el control vectorial fue escaso: “Antes iban varias veces a las casas a fumigar, a entregar unas pepitas para poner en tanques; el año pasado no fue nadie a Flor de Bastión (bloque 7), este año solo una vez fumigaron”. Al escaso control se suman factores ambientales y sociales entre las causas por las que en 2020 se duplicaron los casos de dengue del 2019.

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Cifras de dengue en Latinoamérica bajaron a la mitad en el 2020

Ecuador fue uno de los pocos países en la región que tuvo un repunte de dengue; en las Américas ocurrió lo contrario, hubo una reducción del 25,8%. De 3,1 millones de casos en 2019 bajaron a 2,3 millones en 2020, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que destaca que, pese a la alta incidencia en el país, hubo una baja tasa de mortalidad (6 fallecidos en 2020).

El 43% de los casos de este año se reportó en Guayas; y los grupos más afectados son los de 20 a 49 años (32%) y los de 10 a 14 años (20,5%). A este último pertenece Geovanny, de 11, quien en marzo tuvo dengue clásico y, el 19 de mayo, le confirmaron en el hospital Francisco Ycaza Bustamante que nuevamente tiene dengue, ahora con signos de alarma.

“En esta segunda vez sangró por la nariz y tiene dolor abdominal”, dice preocupada su madre, Ana Landeta, moradora de la cooperativa Santiago Roldós, en el sur. En esta zona no hay alcantarillado pluvial, por lo que cuando llueve se estanca el agua en las calles. Esto lo evidenció una brigada del Municipio de Guayaquil, el jueves 20, día en que fumigó el sector por segunda vez en este año.

El cabildo, según el jefe de control vectorial, Omar Tovar, ha llegado con fumigación a 14.682 manzanas (306.000 casas) este año, con 50 operarios. Pero no es suficiente. Se requieren más recursos y el triple de personal, estima Tovar, quien asegura que el año pasado “estuvieron solos, el Ministerio de Salud no lo hizo”.

Tener dengue aumenta las probabilidades de desarrollar COVID-19 sintomático

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El MSP, que no atendió un pedido de este Diario, no tenía stock de tres insecticidas (malathion, deltametrina y temephos) para el control vectorial, en abril del 2020, según los procesos de contratación de estos químicos, que se adquirieron en julio y agosto pasado.

El Ministerio considera que el 64% de la población (10,6 millones de habitantes), que se concentra en las zonas urbanas, reside en áreas de “riesgo de transmisión” por tener condiciones sociales (sobrepoblación, falta de servicios básicos), económicas y ambientales favorables para la persistencia de males vectoriales.

De esta población en riesgo, el MSP tenía previsto llegar con el malathion al 16,9% de manzanas (18.361) en un año; con el deltametrina, al 22% de casas (478.058), también en un año; y con el temephos, al 60% de viviendas (1,4 millones) en el segundo semestre del 2020.

El epidemiólogo Jhonny Real explica que las condiciones del invierno, con temperaturas por encima de 32 grados y una humedad alta sobre el 70%, propician la proliferación de mosquitos: “El ciclo acuático de doce días del vector se acorta a siete”.

Se necesita, asegura, retomar la vigilancia del virus circulante a en el país que, según dice, no se ha hecho en los últimos cinco años o al menos no ha sido pública: “Nos dicen los serotipos, pero no el genotipo ni fenotipo para ver el riesgo que puede tener la población”. También falta, añade, la vigilancia (entomológica) de la población de vectores, que hacía el extinto Snem.

Dengue: Medidas de prevención que puede tener en casa para evitar la transmisión del mosquito

En un comunicado, la OPS señala a este Diario que el vector tiene los criaderos más importantes en los hogares, por lo que la respuesta al dengue no es responsabilidad solo del sector de la salud.

Debe involucrar a ministerios, alcaldías, al sector privado, la academia, la comunidad y a las familias. Todos deben tomar responsabilidad para la eliminación efectiva de los criaderos

OPS, en un comunicado a este Diario.


Este organismo también apoyó al país, apunta, a elaborar un plan de prevención y control de estas enfermedades a fines del 2019. Cerca de 7.000 profesionales de la salud, detalla, han aprobado cursos sobre el manejo del dengue. (I)

Compras de insecticidas disminuyeron en un 67%

Las compras de insecticidas, toldos, insumos y reactivos para el control y prevención de enfermedades vectoriales han disminuido en 67% en los últimos cuatro años. Esta reducción se ha dado de forma progresiva.

En 2017, seis instituciones públicas destinaron $ 2,6 millones; en 2018, seis entidades compraron $ 1,2 millones; en 2019, tres dependencias contrataron $ 232472; y en 2020 subió un poco a $ 889.192 en compras de quince entidades, según los datos publicados por el Sercop.

El Ministerio de Salud, que no atendió un pedido de entrevista de este Diario, contrató $ 1,9 millones para la adquisición de tres químicos (malathion, deltametrina y temephos) utilizados en las tareas de fumigación en 2017, mientras que el año pasado dispuso $ 637.313 para abastecerse de los mismos tres insecticidas.

El Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública, INSPI, también redujo su inversión en reactivos e insumos; de $ 84.241 (2017) pasó a $ 20.000 (2020).

El Municipio de Guayaquil figura, en el Sercop, con tres compras por $ 467.140 para insecticidas y toldos hace cuatro años y, en 2020, registra un proceso por $ 56.880 para químicos.

Sin embargo, este cabildo señala que destina $ 350.000 cada año -desde el 2019- en insecticidas, más de 40.000 toldos, prendas de protección y en los sueldos del personal de las brigadas de control vectorial. (I)

‘Tiene 64.000 plaquetas, su hijo necesita hospitalizarse, tiene dengue hemorrágico, y él puede entrar en shock’

El intenso dolor de cabeza lo despertó a las 3 de la mañana del viernes 26 de marzo, a pocas horas de jugar, como volante, un campeonato de fútbol relámpago en Montañita.

Mientras dormía, la temperatura de Antonio Ramírez, de 13 años, había subido a 39,6 grados, y sus veloces piernas se encogían de dolor, con la sensación de haber recibido una paliza. Pese a la fiebre, pedía más cobijas para calmar los escalofríos, y su piel morena se volvía roja, un ligero sarpullido resaltaba en su pecho.

Este deportista que no se perdía ningún partido se resignó. Con las maletas sin abrir, y ante la preocupación de sus padres, regresó a Guayaquil.

Los exámenes realizados el primer día descartaron un posible dengue, como sospechaba la pediatra que lo atendió.

Brigada de control vectorial del Municipio de Guayaquil acudió, por segunda vez este año, a la cooperativa Santiago de Roldós, para realizar tareas de fumigación. Foto: José Beltrán

Para aliviar sus malestares, a Antonio le recetaron hidratantes, vitaminas y paracetamol. “La fiebre siempre fue alta, incluso con paracetamol de 1 gramo, no le bajaba, hubo que ponerlo bajo la ducha 10 minutos”, cuenta su madre al recordar los días de desesperación que vivió cuando los segundos exámenes practicados a Antonio -tras 5 días con fiebre, malestar y unos 30 hidratantes- le confirmaron que su hijo sí tenía dengue.

Para entonces su dengue ya era grave. Las encías le habían empezado a sangrar, las náuseas y vómitos reducían a cero los pocos líquidos que toleraba y empezaba a tener dolor abdominal. “Tiene 64.000 de plaquetas, eso es bajísimo, lo mínimo debe ser 150.000, su hijo necesita hospitalización, tiene dengue hemorrágico”, sentenció la pediatra el 31 de marzo, y advirtió: “Su sangre no coagula y la coagulación es un mecanismo del cuerpo para evitar hemorragias, las puede tener en cualquier momento, por la nariz, la boca o abdominal, y entrar en shock. Debe ir a un hospital”.

Cómo diferenciar los síntomas del dengue y del COVID-19

En esos días, Guayaquil, y todo el país, enfrentaba una escalada de casos de COVID-19 que mantenía una ocupación hospitalaria superior al 90%. Los muertos pasaron de 11 a 15 por día y se venía un feriado por la Semana Santa que amenazaba con disparar los contagios y decesos, como ocurrió después.

Con los hospitales llenos y ante la angustia de los padres, la pediatra tomó el riesgo: “¿Conoce alguna enfermera que le pueda ayudar en casa?”. Así comenzó Antonio su tratamiento.

Le administraron sueros por vía intravenosa y ahí le aplicaron medicamentos para evitar hemorragias, para proteger su estómago, para restablecer su hígado y para hidratarlo y contrarrestar la hemocentración y el riesgo de shock multiorgánico.

El Viernes Santo fue el día más decisivo, se le repitieron exámenes y las plaquetas no llegaban a 150.000, pero casi se habían duplicado de 64.000 a 110.000. Fue la mejor noticia después de tantas oraciones ese día

Madre de Antonio, de 13 años.

De a poco su semblante fue cambiando, Antonio recuperaba su color natural, su apetito empezaba a despertar y le dolía menos mover las piernas.

Cinco días después se le retiraron los sueros, pero el tratamiento para restablecer el hígado, inflamado por el dengue, duró 30 días, hasta que la médica le dio el alta el 7 de mayo.

Antonio volvió a la cancha el pasado 17 de mayo. Hoy se prepara para nuevos partidos, y saldar así su ausencia en el campeonato de Montañita, en el que, por cierto, su equipo quedó campeón de su categoría. (I)

Coinfección de Covid-19 y dengue agrava casos

El Ministerio de Salud aún no publica los casos de coinfección de dengue y COVID-19 que se han presentado a nivel nacional. En el hospital pediátrico Roberto Gilbert, de Guayaquil, por ejemplo, se atendió a cuatro niños con ambas enfermedades hasta abril pasado. Otros hospitales confirmaron que se han registrado estos casos, pero no dieron cifras.

“Ambas enfermedades pueden causar un proceso inflamatorio severo”, refiere Mildred Zambrano, infectóloga del Roberto Gilbert, y explica que estos pacientes tienen síntomas combinados (fiebre, malestar, diarrea, erupciones en la piel) o puede predominar una sobre la otra. Se requieren pruebas y un análisis clínico para diagnosticarlas. (I)