Una extracción clandestina de minerales fue detectada hace pocos días en la zona de la parroquia El Chical, en Carchi, en el norte de Ecuador.

Militares llegaron a un sitio donde había túneles para ejecutar minería ilegal. Uno era de aproximadamente 130 metros de profundidad y otro de 15 metros.

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Con detonaciones controladas, los militares destruyeron e inhabilitaron el acceso.

Impacto económico de la minería ilegal y acciones militares

La zona de El Chical, junto con otras de la provincia de Imbabura, están siendo usadas por grupos para tratar de expandir su economía ilegal sustentada en la extracción fraudulenta de minerales.

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Los militares de Ecuador han detectado túneles, explosivos y material aurífero utilizado en minería ilegal.

Solo en los últimos días, las operaciones en Tulcán permitieron detectar 700 sacos de material aurífero utilizado en minería ilegal. En la provincia de Imbabura también se derrumbaron campamentos clandestinos en zonas de difícil acceso.

El Ministerio de Defensa indicó en las últimas horas que con las intervenciones realizadas en la frontera norte, como en el área de Carchi, se ha afectado más de 325.000 dólares a la minería ilegal.

La cartera de Estado ha indicado que estas operaciones están debilitando la capacidad operativa de estas mafias en la frontera norte.

Durante los últimos meses, las Fuerzas Armadas han desplegado acciones constantes en la frontera norte para tratar de detener esta actividad ilegal.

La tarea no es fácil, por lo amplia que es la zona de la frontera norte y porque estos grupos ilegales operan en áreas de complejo acceso.

Carchi e Imbabura se encuentran en el top 5 de las provincias donde más se han destruido campamentos de minería ilegal en este primer trimestre del año. En Imbabura se destruyeron 327 y Carchi 29 campamentos ilegales, según datos del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

Militares han hallado túneles para minería ilegal en Carchi. Cortesía

El Chical: de paraíso turístico a zona de minería ilegal

La parroquia fronteriza El Chical, en el noroccidente carchense, frente a Colombia, a 100 km de Tulcán, venía proyectándose en las últimas décadas como uno de los destinos turísticos naturales más importantes de la frontera norte.

Sus innumerables cascadas, ríos, clima, vegetación, áreas de conservación, fincas agroecológicas, producción de café, caña de azúcar, naranjilla, tomate de árbol y mora, la gran diversidad de aves y mariposas, exquisita gastronomía, entre otras bondades, la convirtieron en uno de los destinos por visitar.

Pero con el tiempo se transformó en una zona propicia para grupos al margen de la ley para hacer explotación de material minero ilegal.

Control de grupos y extorsiones en la frontera

La aparición de la minería ilegal hace unos años en el sector El Pablo duplicó la población por la indiscriminada llegada de mineros irregulares.

La dinámica comercial se cuadriplicó, enrareciéndose el ambiente por el control que estarían ejerciendo grupos armados que intentan dominar la zona, cobrando los metros y bocaminas explotadas, así como también por la aparente seguridad que brindan a los explotadores de material aurífero.

Estas organizaciones estarían exigiendo además el pago de vacunas y extorsionando a finqueros, ganaderos, paneleros y transportistas de la zona.

En la frontera se dice que los supuestos custodios y recaudadores de dinero al margen de la ley pertenecen a Los Comuneros del Sur (ELN), Frente Iván Ríos de la Segunda Marquetalia y Comandos de Frontera, los últimos que intentaban extender sus operaciones hacia esta jurisdicción.

Los armados incluso se habrían repartido el territorio para evitar fricciones o disputas armadas que podrían calentar más este entorno que cada vez se vuelve más violento.

La gente oriunda del sector evita hablar abiertamente por temor a retaliaciones, muchos obligados habrían vendido sus negocios a foráneos, algunos decidieron emigrar a Tulcán o Ibarra, otros en cambio se han vinculado a este aparente trabajo.

Dinámica de la minería ilegal y su impacto en la vida local

En la zona se conoce que los mineros que llegan a la parroquia deben inscribirse y pagar los valores exigidos por la guerrilla en Tallambí, una pequeña población colombiana que está dividida por un puente en la línea internacional, a pocos metros de El Chical, donde opera sin control alguno la insurgencia y las disidencias.

En las minas (El Pablo), miembros de estas organizaciones delincuenciales vestidos de civil y sin insignias controlan el comportamiento de los mineros, el ingreso de extraños y que se cumplan los pagos.

Los arriendos de viviendas, cuartos y fincas se dispararon en esta parroquia, donde pernoctan hacinados por turnos quienes se dedican a este oficio. En este poblado circulan billetes de $ 100 y los bares, discotecas, cantinas crecieron, siendo estos sitios donde dan rienda suelta a la diversión los mineros, a cambio de grandes cantidades de dinero.

Operaciones contra la minería. Cortesía

Ruta del oro y evasión de controles en la frontera

El material aurífero es extraído de El Pablo, luego enfundado y movilizado hacia territorio colombiano a través de tarabitas, elaboradas con poleas y cables de acero.

Una vez en Colombia, allá es procesado en sitios que también están controlados por los alzados en armas. Cuando obtienen el oro es movilizado o convertido en lingotes e ingresado nuevamente al Ecuador, donde es comercializado.

Un excomandante del Batallón de Infantería Mayor Galo Molina (Tulcán) sostuvo que manejaban la información de que los grupos ilegales de Colombia pasan a Ecuador, realizan extorsiones y amedrentamientos a la población, y mantienen el control de la minería ilegal.

Cuando notan la presencia de militares ecuatorianos pasan a su territorio, donde los uniformados del Ecuador no pueden actuar. Las autoridades de El Chical prefieren no hablar sobre el tema. (I)