A 26 kilómetros al sur de Manta, el Refugio de Vida Silvestre Marino Costero Pacoche se consolida como una de las rutas más accesibles y atractivas para el turismo de naturaleza en Ecuador.
En este bosque húmedo tropical, los visitantes recorren senderos rodeados de biodiversidad por $ 20 por grupo de hasta diez personas, una opción económica que gana interés de cara a feriados como Semana Santa (viernes 3, sábado 4 y domingo 5 de abril).
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El circuito principal, conocido como Pasaje del Mono, tiene una extensión de entre 1,5 y 2 kilómetros y se completa en una hora y media a dos horas.
Durante el trayecto, guías locales como Carlos Alvia —con 17 años de experiencia— acompañan a los visitantes por un ecosistema que alberga más de 300 especies de aves, mamíferos y plantas.
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Un encuentro directo con lo salvaje
El principal atractivo del bosque son los monos aulladores y capuchinos, dos especies que comparten territorio, pero con comportamientos distintos.
Los monos capuchinos destacan por su carácter territorial. Observan fijamente a los visitantes y marcan su espacio con movimientos en las ramas.
“Si tú retrocedes, ellos avanzan”, explica el guía. Aun así, no son agresivos, su comportamiento responde a la defensa de su hábitat.
En contraste, los monos aulladores dominan el paisaje sonoro. Sus gritos se escuchan a gran distancia y se han convertido en un símbolo del área protegida.
A diferencia de otras especies, los monos son nómadas. Se desplazan en manadas y cambian constantemente de ubicación, por lo que cada recorrido ofrece una experiencia distinta.
Los monos viven entre 12 y 15 años y se organizan en grupos dominados por uno o dos machos alfa. Estos liderazgos se definen mediante enfrentamientos que pueden ser mortales.
Según los guías, este comportamiento evita la endogamia. Los machos jóvenes abandonan la manada y buscan nuevos grupos, lo que asegura la diversidad genética.
María, la residente del sendero
No todos los habitantes del bosque se mueven. Entre las historias más conocidas está la de María, una tarántula que permanece en el mismo punto del sendero y que los guías identifican con facilidad.
La presencia de fauna como tarántulas, serpientes, tucanes o carpinteros depende en gran medida del azar. “No es seguro que las veas, pero si tienes suerte, puedes encontrar varias especies en un solo recorrido”, explica Alvia.
Un bosque que depende del clima
El verdor del bosque de Pacoche responde a un fenómeno natural. El ecosistema se mantiene por el choque de las corrientes marinas de Humboldt (fría) y El Niño (cálida), que generan humedad, lluvias y neblina.
Entre mayo y noviembre, las lluvias alimentan el bosque. En los meses secos, la vegetación sobrevive gracias a la humedad acumulada, lo que permite que este entorno verde exista en medio de una zona costera mayormente árida, explica Alvia.
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Turismo accesible y conservación
El área protegida abarca 31.517 hectáreas, de las cuales 5.049 corresponden a bosque terrestre y el resto a zona marina. Desde 2008 integra el Sistema Nacional de Áreas Protegidas.
El modelo turístico apuesta por recorridos guiados y de bajo impacto ambiental. Aunque en los alrededores han crecido servicios como restaurantes, estos se mantienen fuera del núcleo del bosque para evitar afectaciones al hábitat. (I)