Un mes antes de que la pelota empiece a rodar en el Mundial 2026, este jueves 11 de junio de 2026, la economía ya lo hacía en tres sectores clave que concentran el gasto en este tipo de eventos: bares y restaurantes, comercio deportivo, publicidad y medios.

Esto porque en Ecuador el fútbol se ha convertido en una industria capaz de dinamizar el consumo, activar sectores de servicios y movilizar inversiones en entretenimiento, publicidad, comercio y turismo, de acuerdo con Iván Altamirano, gerente nacional de Negocios de Strattos, consultora especializada en investigación de mercados.

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Junio apunta a ser un mes de mayor movimiento comercial, según Miguel Ángel González, presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil: “Con base en nuestras estimaciones, las ventas nacionales llegarían a $ 25.609 millones, frente a $ 23.269 millones en junio de 2025. Esto representa un crecimiento de 10,1 %, es decir, alrededor de $ 2.340 millones adicionales”, señala.

Para el dirigente, el Mundial funciona como un empuje adicional para el consumo, no como la única explicación del crecimiento. Y su impacto se concentra principalmente en comercio, alimentos y bebidas, restaurantes, bares, electrodomésticos, tecnología, entretenimiento, delivery y telecomunicaciones. “Son sectores que suelen activarse por la compra de televisores, reuniones familiares, promociones, consumo fuera del hogar y mayor demanda de transmisión de partidos”.

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González estima que solo el comercio alcanzaría ventas estimadas por $ 10.701 millones este mes, frente a $ 9.390 millones en junio de 2025. Un aumento del 14 %, por encima del crecimiento nacional. “En términos simples, sí esperamos que junio sea un buen mes para las ventas. El Mundial puede ayudar a acelerar ese movimiento, especialmente en los sectores más vinculados al consumo familiar, el entretenimiento y la actividad comercial alrededor de los partidos”.

Por su parte, Altamirano asegura que, según el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura, uno de cada tres ecuatorianos juega al fútbol, es decir más de 6 millones de personas están directamente vinculadas a este deporte y puede generar un efecto multiplicador económico importante, sin contar con todos sus acompañantes.

“Un dólar gastado por un aficionado en una camiseta no termina allí: genera ingresos para comerciantes, distribuidores, transportistas, restaurantes y trabajadores”, resalta el experto.

Cita también cifras de la Asociación de Restaurantes del Ecuador (Asertec) y de la Cámara de Comercio de Turismo, que indican que el tique promedio de consumo por persona en restaurantes y bares bordea los $ 18. Si se considera a seis millones de ecuatorianos aficionados al fútbol y que, de acuerdo con varias investigaciones de mercado de la consultora Strattos, aproximadamente el 25 % acostumbra asistir a establecimientos gastronómicos para ver eventos deportivos, el impacto económico puede ser significativo.

“Suponiendo además que cada aficionado asista acompañado y que Ecuador dispute al menos cuatro encuentros en el Mundial, el gasto generado para el sector podría superar los $ 216 millones con solo cuatro partidos de la Tri”, sostiene Altamirano y señala que esto es una estimación elaborada a partir de supuestos de consumo.

Por otro lado, dice que el comercio deportivo también se perfila como uno de los grandes beneficiarios del fenómeno mundialista. La camiseta oficial de la selección ecuatoriana, fabricada por Marathon Sports desde 1994, tiene un precio que oscila entre $ 64,99 y $ 74,99. Según datos de la consultora socioeconómica Antroproyectos e información del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), alrededor del 35 % de los ecuatorianos cuenta con capacidad económica para adquirirla.

Esto equivale a cerca de 2,1 millones de personas dentro de los aproximadamente seis millones de aficionados al fútbol que existen en el país.

Además, de acuerdo con investigaciones de mercado citadas por Strattos, cerca del 20 % de los consumidores potenciales manifiesta interés en renovar o actualizar su camiseta de la Tri. Bajo este escenario, las ventas de la indumentaria oficial podrían superar los $ 29 millones, sin considerar otros productos asociados como gorras, chaquetas, bufandas y artículos de merchandising, así como camisetas de otras selecciones.

“Más allá del componente deportivo, la camiseta de la Tri se ha convertido en un símbolo de identidad nacional y en uno de los principales motores de consumo vinculados a la marca Ecuador durante los ciclos mundialistas”, señala Altamirano.

Considera que la selección ecuatoriana vale cerca de $ 385 millones en el mercado futbolístico, pero su verdadero valor es mucho mayor. “Cuando juega Ecuador, aumentan las ventas, crece la actividad comercial, se activan campañas publicitarias, se llenan restaurantes y millones de personas comparten una experiencia colectiva”.

El analista Alberto Acosta Burneo señala que para la economía del país el mundial no significará la creación de nueva demanda, sino redistribución del consumo.

Indica que estudios internacionales sugieren un impacto promedio en el PIB en países participantes de +0,56 pp -puntos porcentuales-, aunque recuerda que se trataría de un efecto temporal y se generaría un mayor impulso en la medida que Ecuador avance en el certamen.

Coincide en que los sectores ganadores serán restaurantes, bares, bebidas, publicidad, apuestas deportivas, televisión y el comercio.

Apuestas deportivas en crecimiento

En el caso de las apuestas deportivas, Acosta indica que se han convertido en uno de los segmentos con mayor crecimiento en el mundo. “No estamos hablando de una actividad marginal, estamos hablando de una industria digital global que moviliza tecnología, pagos electrónicos, marketing, inversión y recaudación tributaria”.

Resalta que en Ecuador, a pesar de que el mercado aún enfrenta vacíos regulatorios, el sector ya mueve cifras relevantes. Indica que en 2025 las ventas estimadas superaron los $ 134 millones y se generaron más de 22.000 empleos entre directos e indirectos. Además, a nivel del fisco, se recaudaron más de $ 18 millones en impuestos.

Sin embargo, Acosta advierte que existen desafíos para la actividad y el principal es la informalidad. Y que esto se debe enfrentar con una regulación clara y moderna, formalizando operadores y reduciendo los espacios a la ilegalidad, con controles efectivos al lavado de activos y protección a usuarios. (I)