Perú adjudicó la construcción de un nuevo megapuerto que se levantará con capitales chinos en San Juan de Marcona, en Ica, que proyecta iniciar operaciones en 2029. Este desarrollo es observado con expectativa desde el sector portuario de Ecuador y toma como referencia los resultados de casi un año y medio de operación que lleva el megapuerto de Chancay.
Iliana González, directora ejecutiva de la Asociación de Terminales Portuarios del Ecuador (Asotep), señala que el impacto de Chancay, operativo desde 2024, ha sido indirecto y no sustitutivo para Ecuador.
Desde el punto de vista logístico, González señala que es importante partir de un principio básico: la carga propia o “carga viva” de un país —sus importaciones y exportaciones— debe ser embarcada y desembarcada en sus propios terminales portuarios por criterios de eficiencia, costos y cercanía a los centros productivos. En ese sentido, la operación de Chancay no desplaza la carga ecuatoriana, sino que se integra como un nodo complementario dentro de la red logística regional.
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En términos operativos, menciona que Chancay se posiciona como un hub estratégico para la conexión directa con Asia, con capacidad para recibir megabuques de hasta 24.000 TEU, lo que lo convierte en un punto atractivo para rutas de largo alcance.
Sin embargo, observa que su participación actual dentro del sistema portuario peruano aún es limitada. “En 2025, moviliza aproximadamente 3 millones de toneladas métricas, equivalentes a cerca del 2,3 % del total nacional, y alrededor de 231.478 TEU, es decir, aproximadamente el 5,7 % del movimiento contenerizado del país”, revela la dirigente.
Agrega que su mayor incidencia se observa en el segmento de trasbordo, en el que alcanza cerca del 16 % del total nacional en toneladas, posicionándose como un nodo emergente dentro de esta dinámica. Esto confirma que se encuentra en una fase inicial de desarrollo, con mayor proyección en funciones logísticas especializadas.
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Se han desarrollado esquemas logísticos en los que la carga ecuatoriana puede utilizar a Chancay como punto de conexión, principalmente a través de rutas complementarias y operaciones de trasbordo, en función de las decisiones operativas de las navieras.
De acuerdo con González, el impacto de Chancay para Ecuador se refleja en:
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- Reconfiguración del segmento de trasbordo regional.
- Ajustes en rutas marítimas hacia Asia.
- Mayor competencia en conectividad y eficiencia logística.
Al mismo tiempo, advierte que esta dinámica refuerza la necesidad de fortalecer la competitividad del sistema portuario ecuatoriano.
Esto implica avanzar de manera articulada en:
- Infraestructura marítima y portuaria, mediante la segunda fase de profundización del canal de acceso al puerto de Guayaquil, orientada a alcanzar y sostener un calado de hasta 14 metros con beneficio de marea en el canal marítimo (actualmente en 12,50 m), así como optimizar el canal fluvial del río Guayas hacia 7,50 metros (actualmente en 7,20 m), junto con la ampliación de capacidad operativa y modernización de terminales.
- Infraestructura vial y accesos logísticos, fundamentales para garantizar la eficiencia en la movilización de carga desde y hacia los puertos, especialmente en zonas de alto flujo de camiones, en las que la conectividad incide directamente en los costos logísticos.
En paralelo, González detalla que los puertos privados asociados a Asotep registran inversiones acumuladas por $ 418 millones hasta 2025, con proyecciones que, sumadas a nuevos procesos de inversión, alcanzarán aproximadamente $ 807 millones hacia 2030, destinadas a infraestructura portuaria, equipamiento, digitalización, seguridad y eficiencia operativa.
“Chancay no sustituye la operación portuaria ecuatoriana; redefine la conectividad regional. El desafío es prepararnos —con inversión e infraestructura— para competir en eficiencia en una red logística cada vez más integrada”, concluye la directora ejecutiva de Asotep. (I)
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