El fisco ha recaudado unos $ 11.930 millones por concepto del impuesto a la salida de divisas (ISD) durante los catorce años de vigencia del tributo. Este impuesto se creó en diciembre del 2007, a través de la Reforma para la Equidad Tributaria, con el objetivo de evitar la salida de capitales del país. Para 2008 recaudó apenas $ 31 millones, pero en 2019 llegó a su pico más alto al recaudar $ 1.271 millones.

El incremento de este tributo que grava las transferencias, envíos o traslado de divisas que se efectúen al exterior mayores a $ 1.200 (y que mantiene algunas exenciones) se debe, principalmente, a que en varias ocasiones se fue aumentando la tarifa. Este tributo nació con una tarifa de 0,5 %, para 2011 estaba en 2 %, pero en 2012 ya se aplicó el 5 %. Solo en ese periodo ya se vio un incremento de la recaudación de más del doble. Es que pasó de $ 491 millones en 2011 a $ 1.159 millones.

Actualmente es el tercer impuesto más importante en la recaudación del país, después del impuesto al valor agregado (IVA) y el de la renta. En lo que va del 2021, con corte a junio, ha llegado a $ 557 millones. Sin embargo, el Gobierno de Guillermo Lasso ha iniciado un proceso de desmontaje de dicho tributo, que ha empezado con el sector del transporte aéreo. El presidente Lasso anunció en estos días que se iba a eliminar dicho tributo para las transacciones que tienen que ver con operaciones que hacen las líneas aéreas.

De acuerdo con Jaime Carrera, secretario ejecutivo del Observatorio de Política Fiscal (OPF), al cabo de catorce años queda claro que el ISD nunca fue un obstáculo que evitara la salida de capitales, es decir, no cumplió el supuesto objetivo con el que fue creado; más bien, se convirtió en un impuesto recaudatorio.

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En este sentido, considera que es viable su desmontaje, y considera que debería irse reduciendo progresivamente. Asegura que es plena facultad del Ejecutivo dicha reducción, a más de que se constituye en una buena señal para los mercados que pueden traer capitales. Sin embargo, sí advierte que el fisco debe buscar, mediante la reforma tributaria, formas para compensarlo.

Para Carrera, el tributo tuvo dos efectos negativos. Por un lado, fue un factor para el incremento de los precios de todos los productos que consumía la gente, afectando así la capacidad adquisitiva. La importante cantidad de dinero que entró por este tributo sirvió para sostener un gasto público elevado que no fue necesariamente utilizado de manera apropiada.

Alberto Acosta Burneo, editor de Análisis Semanal, opina que el impuesto se fue desdibujando en el tiempo. Pero estima que el objetivo inicial era equivocado. Explica que el Ecuador tenía y aún tiene escasez de capitales y el ahorro local es escaso, y lo que consiguió el impuesto era desincentivar la entrada de nuevos capitales, e intentar bloquear la poca liquidez que había en lo interno.

Indica que el mayor problema que hubo fue el desincentivo para traer capitales de afuera. Las empresas que hubiesen podido traer sus capitales de afuera preferían hacer préstamos internos y así evitar pagar el 5 % de sus propios capitales cuando decidieran trasladarlos al exterior. Y que el ISD es un impuesto regresivo, porque afecta a los consumidores al encarecer los productos importados, pero también aquellos que son producidos localmente pero que tienen algún componente importado.

Considera, sin embargo, que será muy complejo desmontarlo, pues representa un importante volumen de recursos; sin embargo, cree que sí se puede empezar de manera gradual, haciéndolo por partes, como lo está haciendo el Gobierno. Explica que la ley le permite al presidente ir reduciendo el tributo, y que sobre la duda que había, en el sentido de si se podía hacer o no una reducción por sectores, la Procuraduría ya la absolvió dando luz verde a la iniciativa.

Entre tanto, el exministro de Economía Fausto Ortiz señala que el Gobierno ofreció bajar el tributo. Y lo ideal hubiese sido desmontar el tributo, tal como se lo implementó, es decir, se debería bajar medio punto cada año gradualmente y luego buscar compensar con unos dos puntos del IVA.

Sin embargo, al ver la situación de la caja fiscal, es difícil desmontarlo de manera general y al ritmo que se quisiera. Sobre todo porque la compensación necesaria seguramente la Asamblea no la aceptaría. En este sentido, dijo que el Gobierno intenta hacer lo que está a su alcance, sin afectar la caja fiscal. (I)