Jorge Barrera, productor textil oriundo del cantón Pelileo, provincia de Tungurahua, pasa tres día en su tierra natal y cuatro en el cantón Durán, Guayas.

Reparte su tiempo entre ambas localidades porque en la primera es dueño de una productora de ropa, incluidos jeans, y en la segunda, propietario de un puesto en una feria de comerciantes.

"Lunes, martes y miércoles estoy allá (en Pelileo) para dejar cortado tela para mis obreros", sostiene el hombre, que asegura que de jueves a domingo está presto a atender a clientes con una amplia oferta de pantalones jeans, incluidos los de talla 60.

Extendiendo una bermuda de esa medida, con la que daría dos vueltas en el cuerpo, Jorge Barrera manifiesta que su trabajo no cesa en diciembre porque como todo comerciante fue golpeado por la pandemia del COVID-19.

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"Nos hundió", manifiesta en el recinto ferial situado en la Y que conduce a Yaguachi.

En Durán hay al menos tres de estos establecimientos, cada uno con alrededor de 150 puestos para la venta de ropa y calzado confeccionado en Pelileo, reconocida por su producción textilera.

Cecilia López es otra productora de aquel cantón tungurahuense. Menciona que ella más reparte sus prendas en la Bahía de Guayaquil, las que despacha por bultos, surtidos. Agrega en Durán se estableció para tener un puesto propio, de venta directa al consumidor.

Jeans para adultos y niños a $ 11, calzado deportivo a $ 21, prendas femeninas a menos de $ 5, son parte de la oferta en los recintos feriales, donde hay personal específico para el control de temperatura y dotación de alcohol para los visitantes.

La mañana del miércoles 24, Narcisa Burgos, habitante del sector Brisas de Santay, recorre locales para elegir ropa para su nieta de 3 años. Destaca la calidad de las prendas y el costo accesible para los clientes.

Comenta que sus hijos ya son adultos, por lo que le corresponde, señala, consentir con detalles a sus nietos.

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Isabel Nieves, duraneña, vocera de uno de estos establecimientos comerciales, comenta que lograron organizarse y alquilar todos un galpón, que mantienen sus puestos hace 14 años y que la clientes llegan por sus "precios cómodos".

Indica que los fines de semana de diciembre han tenido un repunte de visitantes, que han tenido que hacer aguardar a las familias mientras se desocupan los espacios.

Julia Carrasco, presidenta de los comerciantes de otro recinto ferial, comenta que ya van para los 5 años en el predio que ocupan y por el que pagan una renta, que organizarse les permitió dejar las calles.

Ahí atienden 110 comerciantes, incluidos productores textiles de Pelileo. Hay una amplia zona de parqueo y en el ingreso se aplican medidas de bioseguridad para reducir el riesgo de contagio del virus.

"Si vemos que está lleno hacemos esperar a la gente, que entra de 10 en 10 (personas) a lo que ya se está desocupando", manifiesta.

Las ferias abren de 07:00 a 19:00. Están en la avenida Nicolás Lapentti Carrión, en la vía en la que también se asienta la terminal terrestre de Durán.

No obstante, los expendedores desean que les permitan atender al menos una hora más, pues sostienen que hay demanda nocturna.

Como medida de contención del COVID-19, en el territorio ecuatoriano rige un toque de queda que empieza a las 22:00 y finaliza a las 04:00 del día siguiente, por lo cual los comercios deben cerrar con la debida anticipación.

Como sucedió en el feriado de Navidad, en el de Año Nuevo no está previsto alterar la atención al público en las ferias de confecciones de Pelileo, según comerciantes, muchos de los cuales pernoctan en sus puestos de trabajo.

Ellos indican que no planean suspender actividades por reunirse con los suyos. "Si es de comernos algún bocado en familia, será en enero, no en diciembre porque estamos de trabajo. Tengo seis hijos, pero unos están en España, ahí nos llamamos", expone el productor pelileño Jorge Barrera.

En la misma zona de Durán se han asentado vendedores de monigotes, lo que trabajan en una explanada cerca a los expendedores de cangrejo. (I)