Lo que suponía era “una basurita en el ojo”, como comúnmente se conoce, para Érick González fue el inicio, en el 2018, de una odisea que aún padece.

Él tenía dos semanas de haber empezado el acuartelamiento militar, en Salinas, cuando podando un área verde sintió un malestar que días después evolucionó en un ojo izquierdo inflamado que se volvía cada vez más blanco, cuenta ahora que tiene 20 años.

“En la salud pública no me dieron la atención adecuada, fuimos a la red privada y allí empezaron los gastos (la cirugía del trasplante de córnea que requirió y el tratamiento). Mi mamá está endeudada, me duele que gaste demasiado en mí. Ella es madre y padre y tengo dos hermanos de 18 y 15 años”, dice.

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Ellos viven en el cantón La Libertad, en Santa Elena. La madre es Marijina González, una docente de la educación pública de 48 años desvinculada el mes pasado en medio de la pandemia del COVID-19 que ahora busca cómo cubrir el tratamiento para que Érick no rechace la córnea.

“Antes en septiembre del 2018 llegué al hospital Guayaquil (Abel Gilbert Pontón) donde me dijeron que mi hijo tenía una úlcera, que debía acostumbrarse a vivir con un solo ojo y que ya no regresara más a las consultas”, afirma Marijina.

Los gastos bordean $8000, incluyendo la cirugía realizada en el Hospital Luis Vernaza de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, donde indica que le hicieron un descuento, los viajes y los problemas médicos posteriores.

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“Una madre nunca pierde la esperanza, busqué los medios para viajar, consultas tras consultas hasta llegar a la conclusión de que mi hijo necesitaba el trasplante porque la úlcera había perforado la córnea”, indica.

Así Érick entró a la lista de espera del Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Órganos (Indot) en mayo del 2019 y recibió la córnea un mes después. Ahora se suministra cinco tipos de gotas, las que representan un gasto de $60 cada cinco semanas. Estas evitan que rechace el tejido trasplantado, precisa la madre.

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Marijina y Érick nunca tuvieron la oportunidad de que el Estado financie la cirugía que por ley es gratuita en Ecuador.

Otros cubren los trasplantes con sus seguros privados, como el caso de Gabriel Zevallos, quien recibió una córnea en noviembre del 2008. Él se percató que no veía bien de un ojo, por lo que fue a una óptica un año antes y de ahí lo enviaron a un oftalmólogo, quien le diagnóstico queratocono, una patología degenerativa de la córnea.

Un total de 2672 personas han recibido una córnea en Ecuador desde enero del 2013, según el Indot.

El director ejecutivo del organismo, Raúl Secaira, afirma que el reto actual, además de mejorar la estructura tecnológica del banco de tejidos del país, es “darle calidad de vida a los pacientes que necesitan un trasplante y a los trasplantados que tengan el abastecimiento oportuno de fármacos, que mantengan adecuadamente su proceso posquirúrgico”, asegura.

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Ojo de Gabriel Zevallos afectado. Él se sometió a un trasplante de córnea en el 2008. Foto: Cortesía

Los pacientes renales requieren por ejemplo de inmunosupresores que deben tomar de por vida para alargar el funcionamiento del riñón y que sus cuerpos no lo rechacen. Estos llegan en la actualidad con cuentagotas para los que se hicieron el trasplante y siguen el tratamiento en el hospital Teodoro Maldonado Carbo del IESS en el sur de Guayaquil.

Erick sueña con ser ingeniero de sistemas y ha postulado para entrar a la educación superior pública sin conseguir cupo. “Me gusta armar y desarmar computadoras, las matemáticas y arreglar impresoras”.

Lo que se facilita con la visión del 60 % que tiene en el ojo izquierdo, el mismo que en su momento se lo condenaron a perderlo. “Ahora quiero trabajar para ayudar a mi madre”, indica. (I)