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Capacidad hospitalaria al límite en Quito y proyecto busca controlar contagios de COVID-19

En los sectores público y privado de salud la disponibilidad de camas es prácticamente nula. Como reacción, con vigilancia en barrios se aspira a bajar los casos en 14 parroquias.

QUITO. En los exteriores de los hospitales públicos se vive un drama entre los familiares de las personas contagiadas con coronavirus. Foto: redaccion

El sistema de salud público y privado continúa al tope para tratar el coronavirus en Quito. Aproximadamente 50 pacientes esperan una cama en unidad de cuidados intensivos (UCI) y 100 para hospitalización.

Según el ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, si bien no hay disponibilidad en las UCI, los pacientes de COVID-19 están siendo atendidos en áreas que han sido adaptadas en hospitales como del IESS Quito Sur, Eugenio Espejo, Calderón o Pablo Arturo Suárez.

“No es grave que no exista una cama de cuidados intensivos porque los pacientes están siendo atendidos en las unidades de cuidados intensivos y en unidades de cuidados intensivos adaptadas al efecto, que son las que están en emergencia...”, dijo el funcionario en una entrevista.

Del lado privado la capacidad también está al límite. Ana Delgado, directora de la Asociación Nacional de Clínicas y Hospitales Privados del Ecuador, que agrupa a 55 entidades, señaló que la situación es preocupante debido a que las emergencias están llenas y no hay camas libres en UCI y en hospitalización.

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En la capital hay 520 camas en total. Para coronavirus hospitalización, 100; para UCI, 31. Un acuerdo con el sector público era que la red privada se haga cargo de los casos no COVID-19. Sin embargo, desde hace dos meses ya tratan a pacientes afectados con el virus.

De acuerdo con el último reporte oficial del MSP, este lunes en la capital hubo 9677 casos confirmados. El domingo, 9670.
Detener ese aumento de contagios es lo que busca un proyecto de vigilancia comunitaria que se aplicará en catorce parroquias quiteñas en las cuales se han identificado más del 60 % de los casos.

Alberto Narváez, quien coordina el proyecto de control comunitario de COVID-19, explicó que en los barrios se da un curso de capacitación a los dirigentes e identifican vigilantes en cada cuadra.

Ellos irán casa por casa determinando si hay casos. Si hay positivos, se aislará a las familias con entrega de alimentos. Si es negativo, se hará una segunda muestra.

Según Narváez, hubo un pico pequeño de contagios entre marzo y abril y cayó por la cuarentena. Agregó que desde mayo y en los primeros días de junio comenzó a aumentar el número de casos de un brote explosivo, aunque no como el de Guayaquil.

Sin embargo, a su criterio, se elevará la mortalidad entre el 150 % y 200 %. Con el control comunitario, agregó Narváez, se busca evitar que la cúspide de ese brote sea en agosto. (I)

Redacción
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