El exsecretario de Inteligencia, Pablo Romero, aseguró que no hay una sola prueba para confirmar tanto las declaraciones del exgeneral Fausto Tamayo, exdirector de Inteligencia de la Policía, así como los testimonios de los exagentes Raúl Chicaiza y Diana Falcón.

Lo aseguró en su testimonio dado, en la reinstalación de la audiencia de juicio en su contra, este lunes 6 de julio, por su presunta participación en el plagio del activista político Fernando Balda, ocurrido en Bogotá, Colombia, en agosto del 2012.

Para Romero, al estar involucrado el expresidente Rafael Correa, el caso se convirtió en político. Presentó lo que denominó dudas razonables. Se refirió a que la acusación se basa en la relación entre los exagentes Diana Falcón y Raúl Chicaiza con él, en una relación de confianza con Correa y un supuesto apoyo económico para los exmiembros de inteligencia por el secuestro. Sostuvo que no tenía contacto directo con Correa. Además que cuando asumió la Secretaría de Inteligencia en junio 2012, Chicaiza ya había viajado varias veces a Colombia. Se preguntó cómo podía tener conformado un equipo si tenía menos de un mes en el cargo. Dos años después renunció y se radicó en España.

Afirmó que la única relación laboral que existía con Chicaiza fue con la Dirección de Inteligencia.

Además que no existía una unidad clandestina ni de operaciones especiales.

Según Romero, en junio de 2018, en Madrid se reunió su abogado con Santiago Cuesta, exasesor del Gobierno actual, quien le habría ofrecido que si confirmaba lo dicho por Chicaiza y Falcón, tendría una sentencia de tres meses.

La audiencia que se lleva a cabo en la Corte Nacional de Justicia (CNJ) se suspendió. Se reinstalará el próximo martes 14 de julio (I).