Esta historia huele a cera derritiéndose porque está iluminada por velas. Ocurre en el populoso sector guayaquileño Barrio Lindo, donde desde hace sesenta años funciona el tradicional taller de velas artesanales Estrellas del Pacífico.

Actualmente está a cargo de Orlando Anastacio Alejandro, guayaquileño de 67 años, pero el fundador fue su padre, don Ceferino Anastacio Cruz, quien falleció diez años atrás.

Orlando cuenta que cuando su padre se inició en este oficio, la cera caliente se vertía en moldes de hojalata, la piola de la vela era colocada con ganchos y los moldes enfriados con agua, eso sí las velas salían medio roñosas, no lisas como ahora.

Fueron los artesanos cuencanos quienes fabricaron las primeras máquinas para poder producir una mayor cantidad de cirios.

Publicidad

“Ahora con las máquinas artesanales salen velas de un solo tamaño, esa es la diferencia”, con cierta nostalgia y sano orgullo manifiesta Orlando, quien siendo un muchacho de 16 años empezó en este oficio ayudando a su padre.

Él mismo se encarga de distribuir sus velas, a bordo de una pequeña camioneta se traslada a entregar sus Estrellas del Pacífico en Nobol, Daule, Colimes de Balzar, Palestina, Santa Lucía, Pedro Carbo, Palenque, Playas, Posorja, Santa Elena, entre otros poblados y recintos.

Como actualmente casi todos los pueblos cuentan con el servicio de energía eléctrica, indagó qué uso le dan a sus velas. “Todavía en los pueblos usan bastante las velas, hoy ya no es tan solo para alumbrar o para ponerles a los santitos, sino que también sirve para encerar herramientas, pasarle a las bandas de las máquinas para cortar papeles, o sea, las velas ahora cumplen muchas funciones”, expresa el hombre.

VELAS ELÉCTRICAS

Orlando comenta que actualmente en la mayoría de las iglesias utilizan velas de colores y eléctricas que trabajan a base de monedas. “El cura ya no permite el uso de las velas de cera, no sé cuál será la intención. Igual la vela se consume todos los días –explica en su taller artesanal–. Cada caja tiene cincuenta paquetes, en cada uno de ellos hay desde tres velas en distintos tamaños.

Eso sí, reconoce que treinta años atrás, la vela era consumida cuatro veces más de lo que se comercializa en la actualidad. “Por decir, si ahora semanalmente se venden unas doscientas cajas, antes se vendían unas seiscientas”.

Publicidad

Indica que ahora existen industrias grandes de velas que las producen de todos los colores, tamaños y formas. “Ellos se encargan de entregar a los grandes comisariatos y centros comerciales de Guayaquil, nosotros solo a abarrotes y tiendas pequeñas.”, explica.

Con cierta nostalgia evoca los tiempos cuando era muchacho y ayudaba a su padre a hacer y distribuir las velas en los barrios populares y poblados cercanos a Guayaquil. Se consumía en grandes cantidades.

“Hace unos treinta años, la vela se consumía y vendía cuatro veces más de lo que se vende actualmente. Por decir, si ahora semanalmente se venden unas doscientas cajas, antes se vendían unas 600. Había más demanda, ahora inclusive hay plantas industriales de velas, quiero decir empresas grandes, porque el mío es tan solo un taller artesanal. Pero ahora hay industrias de velas, las hacen de colores, velas torneadas, etcétera”.

Comenta que la temporada fuerte de ellos es octubre por la cercanía del Día de Difuntos.

“Ese mes se pueden vender de 2000 a 3000 cajas por todas las ciudades y pueblos, porque todavía hay la costumbre de velar las tumbas de los difuntos en los cementerios”, refiere.

Las velas también son requeridas en temporada de invierno cuando durante los aguaceros hay apagones porque se han dañado los transformadores. Es cuando Orlando Anastacio debe retornar a su taller artesanal para producir más cirios.

El oficio

Con cierta tristeza recuerda que su padre murió en el año 1965, cuando los inviernos eran fuertes y las familias de Guayaquil por precaución compraban un paquete de velas porque en pleno aguacero con rayos, relámpagos y centellas, la ciudad quedaba a oscuras. Es cuando las velas de Orlando Anastacio iluminan los sectores urbanos populares y pueblos costeños afros, cholos y montuvios.

60 años de funcionamiento tiene el taller artesanal de velas Estrellas del Pacífico, en el sector de Barrio Lindo. (I)