El 5 de diciembre de 2012, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) anunció que el tejido tradicional del sombrero de paja toquilla ecuatoriano era reconocido dentro de la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Jipijapa y Montecristi son las ciudades que promovieron este centenario tejido. En la segunda localidad, la cuna de Eloy Alfaro, se teje el sombrero más fino del mundo y la elaboración dura hasta seis meses.

Jorge Cedeño Palacios, historiador montecristense, recuerda que en el siglo pasado una delegación de este cantón viajó hasta el norte de Perú a enseñar el tejido.

Ahora este es famoso no solo por su declaratoria, sino también por su estética que ha gustado a actores de cine, destacados deportistas y a personas vinculadas con el arte.

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Pero a casi siete años de la declaratoria, la realidad de quienes aún mantienen esta tradición es distinta.

Margarita García, con 74 años, señala que las más de seis décadas que lleva tejiendo sombreros gruesos le han servido para la manutención de sus hijos. Pero de la declaratoria es poco lo rescatable.

Sus esfuerzos por llevar el tejido a otros países tienen algunos escollos. Por ejemplo, dice que la falta de apoyo le ha impedido tener un taller para que varios tejedores y tejedoras puedan elaborar los sombreros a los que le dan forma con una maquinaria que años atrás le entregó el Ministerio de Producción (Mipro).

Esa misma máquina fue entregada a artesanos de Pile, en Montecristi, y de La Tablada de Miguicho, en el cantón Santa Ana. “No tenemos un terreno para hacer el local para la asociación, porque actualmente la máquina (que da forma a sombreros), está en un espacio que mi hija me ha facilitado”, sostiene García mientras teje un sombrero grueso.

Cruz Chávez y Eufemia Castro, de La Tablada de Miguicho, expresan que tejen sombreros calados (pueden transcribir nombres), el tradicional sombrero grueso y hasta chinescos, llaveros, pulseras y aretes con paja toquilla.

“Para salir de nuestra comunidad hasta el centro de Santa Ana, donde tenemos la máquina que da forma al sombrero, debemos viajar una hora. Ese problema y el hecho de que pagan poco por un sombrero hace que mucha gente ya no quiera tejer o se dedique a otra cosa”, explica Chávez.

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Graciela López, dirigente de los tejedores de la comuna Pile, coincide que el beneficio para las comunidades donde se mantiene la tradición de elaborar sombreros ha sido limitado.

Apenas hace pocas semanas en este recinto montecristense se instaló una antena para distribuir señal de internet, pero el servicio de energía eléctrica sigue siendo un dolor de cabeza por su intermitencia.

Sumado a esa falencia, muchas calles aún siguen siendo polvorientas, cerró la escuela taller donde se enseñaba a tejer y el sistema de alcantarillado que años atrás ejecutaron como obra de compensación la Refinería del Pacífico con Ecuador Estratégico, es deficiente.

En dicha comuna hay cerca de 1500 habitantes. El número de tejedores es incierto, porque muchos dejan esa actividad para conseguir algo rentable, manifiesta López.

Pese a esto, los tejedores manabitas tendrán este jueves (día en que se recuerda el séptimo año de la declaratoria al tejido), un encuentro en donde habrá intercambio de conocimientos sobre este proceso artesanal.

En este encuentro, a desarrollarse en el parque arqueológico Hojas-Jaboncillo, ubicado en la parroquia Picoazá, de Portoviejo, se efectuará el taller inicial de buenas prácticas de la comercialización de los sombreros de paja toquilla.

En dicha cita participarán varios artesanos. (I)

Taller

Para conmemorar la fecha, el jueves en el parque arqueológico Hojas-Jaboncillo, ubicado en la parroquia Picoazá de Portoviejo, se desarrollará el taller inicial de buenas prácticas de la comercialización de los sombreros de paja toquilla.

Participantes

Participarán Domingo Carranza, de Pile, Herlinda González, de Santa Elena y Flavio Efraín Zhagui, de Cuenca, quienes darán sugerencias para mejorar.