Haití, el país más pobre del continente americano, enfrenta una nueva severa crisis política y social desde el pasado 16 de septiembre, producto de las protestas contra el presidente  Jovenel Moïse.

Los haitianos, inconformes con los dos años de mandato de Moïse, se han tomado las calles en reiteradas ocasiones desde que el mandatario llegó al poder en 2017, pero solo en la reciente  protesta unas veinte personas han perdido la vida.

El descontento se incrementó a fines de agosto debido a una escasez de combustible que ha obligado el cierre de gasolineras en la capital haitiana, a ello  se sumó  el  rechazo a la  corrupción, la inflación creciente y la falta de otros artículos de primera necesidad.

En el país de más de 11 millones de habitantes, donde el 60% gana menos de  $2  diarios, toda actividad está paralizada. 

Publicidad

Los manifestantes en su mayoría son jóvenes de las zonas más pobres, quienes, además de pedir la renuncia de Moïse lo acusan de fraude y exigen que se lo investigue junto a todos los funcionarios del Gobierno por estar aparentemente involucrados en una malversación de fondos por más de $2.000 millones de ayuda proveniente de Venezuela entre 2008 y 2018.

A Moïse, quien asumió el poder con la promesa de combatir la corrupción y atraer inversiones y empleo a uno de los países más pobres del mundo, le quedan  aún  más de dos años de mandato y pese a la crisis que vive el país se mantiene firme en que no renunciará.  

Su juramentación significó el retorno a un  gobierno constitucional un año después de que Michel Martelly dejara el cargo sin sucesor electo, en medio de grandes manifestaciones y suspensión de elecciones.

Con el país en caos y después de tres semanas, ayer, el mandatario en una aparición sorpresiva dijo que no renunciará. La última vez que se dirigió al pueblo fue el 25 de septiembre en un discurso televisado de 15 minutos donde llamó al diálogo. El mensaje se transmitió en la madrugada y enfureció aún más a  los haitianos.

Esto ha favorecido a que decenas de figuras de nuevos y viejos partidos políticos desde ya se disputen el cargo. 

Uno de los que aspira a la presidencia es el  empresario y médico Reginald Boulos, quien ha dicho que “no hay manera de que el presidente recupere su credibilidad y  legitimidad”. 

Publicidad

Los funcionarios del Gobierno también se han pronunciado. Carl Murat Cantave, presidente del Senado, dijo  que la crisis  se está 'pudriendo' y que nadie del país confía en las instituciones públicas. El legislador exhortó a Moïse a iniciar un diálogo y a poner  “sobre la mesa” su cargo. 

Horas después del discurso de Cantave, la oficina del mandatario dijo en un comunicado que ha designado a siete personas para encabezar discusiones en busca de una solución. 

Como respuesta, los opositores han creado una coalición de nueve miembros para supervisar una transición ordenada y ayudar a elegir al próximo presidente que bajo la constitución sería el titular de la Corte Suprema, en caso de que renuncie el presidente.

Los haitianos dicen estar dispuestos a aceptar un nuevo gobernante, pero advierten que lo vigilarán estrechamente. Creen que la solución a la crisis no es solo el reemplazo del mandatario, sino el cambio de un sistema que consideran margina a muchos de los habitantes.

“No es una persona, no es un régimen, no es un presidente, no es la oposición, no es la burguesía, somos nosotros quienes debemos hacerlo”, dijo el manifestante y empresario Pascéus Juvensky St. Fleur. 

En medio del caos, el Consejo de Seguridad de la ONU finalizó ayer 15 años de operaciones de paz en Haití para dar paso a una simple misión política, lamentando la grave crisis. (I)