Un olor agradable distingue al sorbete biodegradable que produce la empresa Empack. El aroma se puede confundir con el que emite el pilado de arroz, la máchica o un cono de helado. La fragancia se debe a que la pajilla se elabora con el bagazo de la caña.

Este producto, que se degrada en un máximo de 25 meses, tiene un gran componente de innovación ya que se ha creado un fórmula única, se han adaptado maquinarias y se ha implementado un nuevo sistema de elaboración.

El bagazo de la caña es utilizado para la elaboración de pajillas. Foto: Carlos Barros

Los residuos de la caña deben ser presecados, combinados con enzimas y esta masa es llevada a una máquina que la calienta a una temperatura estable (entre 140 y 150 grados). Como el producto es de origen vegetal si no se cocina a los grados exactos puede quemarse o quedar crudo.

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Luego pasa a un proceso de enfriamiento a base de agua.

Al finalizar queda un sorbete que es liso por fuera y puede soportar las temperaturas de las bebidas calientes o frías. Está diseñado para absorber líquidos pesados como el yogurt.

La masa con la que se crea la lámina de los sorbetes tiene un proceso de calentado y enfriamiento para lograr la correcta consistencia. Foto: Carlos Barros

A diferencia de los de plástico, esta pajilla se rompe fácilmente con las manos. En su parte interna se puede observar y sentir la textura de la fibra natural. Otra de sus características es que al degradarse se convierte en humus.

Utilizamos las fibras que son desechadas (en la industria cañicultora) para producir esto (la pajilla). No utilizamos papel, o cartón. Dentro se su componente la fibra también tiene celulosa. Entonces, con fibra, celulosa y un compuesto enzimático hemos logrado obtener una lámina que puede ser utilizada para sorbetes, cucharas, vasos”, asegura Santiago Paliz, gerente de Empack.

Indica que les tomó más de dos años encontrar la fórmula exacta. También afirma que quisieron eliminar el olor por motivos comerciales, pero un estudio de mercado reflejó que el 95% de las personas consultadas les gustó el aroma. “Podemos hacerlo con fibras de banano, cacao”, dice.

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Empack diseñó una fórmula única y ha adaptado maquinaria para poder producir los sorbetes ecoamigables. Foto: Carlos Barros

Una cadena de cines y varias cafeterías y restaurantes en el país ya ofrecen a sus clientes este sorbete y paletas para mover el café, que asimismo están hechas con ese material.

También cerró un acuerdo para que este producto esté en las perchas de un supermercado reconocido de Ecuador.

La producción de esta pajilla es más costosa. Además, es un 60% más pesado que uno elaborado de plástico.

Paliz indica que no lo puedan hacer más livianos por el tipo de masa utilizada: “Los sorbetes se venden por peso, entonces es más caro. Uno de plástico cuesta punto veinticinco de centavo y uno de bagazo de caña está a punto ochenta o un centavo”, señala.

Esta semana, Empack recibió un certificado de un laboratorio de Estados Unidos que garantiza la biodegradabilidad de su sorbete: “Hay que entender que la biodegradabilidad es del producto no solo de los materiales, eso es un logro tremendo. Nuestra fórmula ya está patentada”.

Actualmente Empack produce una tonelada y media de estos sorbetes por mes, pero tiene una capacidad instalada para llegar a quince.

Al finalizar el proceso los sorbetes están listos para el empacado. Foto: Carlos Barros

Paliz afirma que su producto se diferencia de otros de este tipo porque no necesita procesos industriales para biodegradarse. El usuario que utilizó la pajilla solo debe depositarla dentro de su basura.

En este ambiente proliferan las bacterias y estas se comen las enzimas del sorbete y este desaparece: “El éxito es que desaparezca y no que solo se fragmente”.

Además, defiende el uso de este utensilio. Señala que la idea no debe ser que el sorbete desaparezca sino buscar soluciones alternativas que ayuden al ambiente.

Las personas con alguna discapacidad los necesitan, los ancianos que tienen parkinson, al igual que los que tienen sensibilidad dental, problemas en la garganta. No es solo un tema de comodidad”, dice Paliz.

Empack, que se ha aliado con empresas de distribución de productos ecoamigables para tener un mayor alcance del país, da trabajo a quince personas.

Sorbetes y paletas para café son parte del stock de Empack. Foto: Carlos Barros

En dos meses tienen planificado presentar un modelo de cuchara con este material, pero quieren tener un amplio catálogo de utensilios: “Las empresas debemos contribuir con el planeta”, señala Paliz. (I)