Llegó el día. Desde hoy Jair Bolsonaro deberá mostrar si tiene tanta habilidad para gobernar Brasil como para hacer diatribas electorales contra la corrupción política y los partidos de izquierda.

Este excapitán del Ejército, de 63 años, arriba a la Presidencia tras unas elecciones en las que ganó con holgura en medio de un paisaje político devastado por cuatro años de escándalos de corrupción, de crisis económica y de auge de la criminalidad. La izquierda está dividida y los partidos de centro-derecha quedaron reducidos a fuerzas inexpresivas.

Sin embargo, el Partido Social Liberal del mandatario, con apenas 52 escaños, tendrá que negociar la gobernabilidad con varios sectores que lo apoyaron en la campaña: los grandes productores agrícolas, ultraconservadoras iglesias evangélicas, los defensores de la flexibilización al porte de armas, y el mundo de los negocios, seducido por sus promesas de recortes fiscales y privatizaciones.

“Estamos en vísperas de la asunción del presidente electo y aún hay una gran incógnita sobre cómo será el gobierno”, afirma Rogério Bastos, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Sao Paulo.

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Aún no ha apuntado por dónde comenzará sus acciones, pero ya formó un equipo de 22 ministros, 7 de ellos militares retirados; confió el Ministerio de Economía al ultraliberal Paulo Guedes, el de Relaciones Exteriores a un diplomático convencido de que Donald Trump puede “salvar a Occidente” y el de la Mujer, Familia y Derechos Humanos a una pastora evangélica. En Justicia, colocó al juez anticorrupción Sergio Moro, figura emblemática de la Operación Lava Jato, que llevó a la cárcel a decenas de políticos, incluyendo al expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.

Aunque, pese a su postura anticorrupción, el que será su jefe de gabinete, el diputado Onyx Lorenzoni, es investigado por sospecha de corrupción al recibir dinero de la empresa JBS, la principal exportadora de carne bovina del mundo.

En tanto, ahora en el cargo deberá poner en marcha medidas contra la violencia que afecta a Brasil y que hizo que en 2017 murieran más de 63.000 personas. En su ciudad de residencia, Río de Janeiro, el crimen organizado y las milicias tienen controladas amplias zonas populares.

La pregunta es cómo va a combatirlos. Una de las maneras, según sus últimas declaraciones, es con un decreto que permita a todos los brasileños sin antecedentes criminales acceder a armas de fuego. Algo que, según analistas críticos con la medida, podría aumentar las muertes en el país.

Bolsonaro también ha evocado la posibilidad de sacudir el actual sistema de representación, a través de “una relación directa” con el pueblo gracias a las redes sociales, su herramienta de campaña preferida.

Entre sus primeras polémicas medidas ya anunciadas está retirar a Brasil del Pacto Mundial de Migración y el fin de la cooperación médica con Cuba. Además podría denunciar el Acuerdo Climático de París

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En política internacional, su prioridad es acercarse a la Casa Blanca de Donald Trump. (I)

 

100 días

Planes

Hasta el 11 de abril

El gobierno entrante reveló esta semana su plan de puesta en marcha del dispar gabinete, en su mayor parte sin experiencia política, para sus primeros cien días. El texto fija cuatro etapas a 10, 30, 60 y 90 días para la identificación y el encaminamiento de propuestas prioritarias, así como para la eventual revocación de decretos y leyes existentes. Prevé finalmente una ceremonia de celebración de los 100 días de gobierno, el 11 de abril.