Lleva más de 100 días en la cárcel, de una condena de 12 años, y Luiz Inácio Lula da Silva sigue siendo el favorito para obtener la presidencia de Brasil, dejando en incertidumbre la elección del 7 de octubre.

Una encuesta de la firma Ibope, recogida por Jornal do Brasil, estimaba que el exmandatario contaba con el 33 % de intención de voto, muy por encima del ultraderechista Jair Bolsonaro con el 15 %, la ecologista Marina Silva con el 7 %, el laborista Ciro Gómez y el socialdemócrata Geraldo Alkmin con el 4 %. El obstáculo de Lula es que, una persona con una condenada ratificada en segunda instancia como es su caso, no puede presentarse a un cargo de elección popular.

La expresidenta Dilma Rousseff insiste en que Lula sigue siendo el candidato del Partido de los Trabajadores (PT).

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El Tribunal Supremo de Justicia rechazó que se le declare inelegible a Lula antes de ser registrado. Hay expectativa por la inscripción de su candidatura –plazo vence el 17 de agosto– y que luego lo analice la justicia hasta el 16 de septiembre.

El PT recurre a todos los recursos para postular a Lula. Un reciente intento por buscar su libertad, a través de habeas corpus, desató una polémica disputa entre jueces. No salió libre, pero la justicia recibió una avalancha de habeas corpus.

Tras las rejas, Lula se mantiene activo. Comentó el mundial de fútbol para un canal de televisión brasileño; el pasado jueves escribió una columna en Folha de S. Paulo. “Quieren hacerme callar”, dijo.

Aunque su candidatura sea anulada, el PT contaría con 20 días antes de los comicios para elegir a su reemplazo, permitiendo a Lula seguir en campaña hasta el final y escoger un ‘delfín’ al cual tratar de darle la victoria, publicó DW.

Entre los que podrían recibir esa ‘unción’ está Fernando Haddad, exalcalde de Sao Paolo, y Jaques Wagner, exgobernador de Bahía y exministro.

Mientras, los rivales de Lula ya apuntalan sus candidaturas. Bolsonaro, un excapitán del ejército y actual diputado nostálgico de la dictadura militar (1964-85), ha prometido “devolver la moralidad” del país con su autoridad, un factor que para él también debe rescatarse para evitar el “peligro del comunismo” en la región. Incluso ha prometido promover una legislación para que los brasileños accedan a las armas y ejercer su derecho a la defensa.

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Silva, en tanto, en su tercer intento por ganar la presidencia, muestra una cara más liberal, con un estado menos fiscalizador, promotor de la iniciativa privada. Esta exministra de Lula quiere acabar con la reelección presidencial.

El centroizquierdista Ciro Gomes prometió combatir los privilegios y limpiar a Brasil de la corrupción. También busca por tercera vez llegar al Palacio de Planalto.

Las convenciones partidarias, que se desarrollarán hasta el próximo 5 de agosto, son una etapa clave en estos masivos comicios que elegirán también a los 27 gobernadores, a los 513 diputados y a un tercio de los 81 senadores, con una primera vuelta el 7 de octubre y el eventual balotaje el 28.

La convención del PDT, el Partido Socialismo y Libertad lanzó ayer la candidatura de Guilherme Boulos (izquierda) y hoy el Partido Social Liberal proclamará la de Bolsonaro.

El Movimiento Democrático Brasileño, del presidente Michel Temer, quien desistió de postularse ante su impopularidad récord, proclamará al exministro Henrique Meirelles.

El 4 de agosto, el PT espera proclamar la candidatura de Lula; también se prevén las postulaciones de Silva y de Alckmin.

Según The New York Times, otro candidato que podría ser la sorpresa es Joaquim Barbosa. Este abogado fue el primer magistrado afrobrasileño en integrar el Supremo Tribunal Federal de Brasil. Su historia de superación es su carta de presentación, de orígenes humildes a la cima del poder legal.

Barbosa se inscribió como miembro del Partido Socialista Brasilero un día antes de la fecha límite para que los candidatos que buscarán la presidencia se afiliaran a un partido. Una encuesta de Datafhola lo ubicó en el tercer puesto con el 10 % –sin Lula–. Pero no tiene claro si participar o no.

Congreso
La indignación por los escándalos de corrupción rodea de incertidumbre las presidenciales de octubre en Brasil, pero los analistas descartan que sirva para renovar el Congreso, una de las instituciones más desprestigiadas del país. La corrupción (con 21 %) encabeza la lista de graves problemas de los brasileños, seguida por la salud (19 %), según una encuesta de Datafolha de abril. El tema está en el candelero desde que se destapó la corrupción política de la operación Lava Jato. (I)