Adel, de 15 años, lleva nueve meses sin ver a sus padres en un campo de desplazados en los alrededores de Mosul, en Irak. No le quedó más remedio para escapar de los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI). “La ruta era larga, caminamos toda la noche, unas catorce horas”, recuerda este joven que llegó al Kurdistán iraquí tras huir de la ciudad de Hawija, controlada por los yihadistas.














