Cuando ya han pasado 96 horas de uno de los sismos más mortíferos de los últimos años en América Latina, bomberos y rescatistas aceleraban este miércoles la búsqueda de sobrevivientes entre fuertes réplicas del potente sismo de 7,8 grados que ha dejado al menos 570 muertos y casi 5.000 heridos en la costa ecuatoriana.

Hacia las 03H30 (08H30), en la destrozada ciudad de Pedernales (estado Manabí, epicentro del terremoto) la tierra volvió a temblar con fuerza y desató nuevas alarmas entre la población, ya muy golpeada desde el terremoto que arrasó el sábado esta localidad turística y buena parte del litoral ecuatoriano.

Un equipo de la AFP, que a esa hora estaba presenciando cómo una brigada de bomberos recuperaba varios cadáveres entre los escombros de lo que había sido un hotel, constató los efectos de esta nueva réplica: hubo momentos de pánico, desalojos espontáneos, y muchos familias decidieron dormir en las calles, en las veredas o en los patios.

El nuevo sismo tuvo una magnitud de 6,1º según el Instituto de Estudios Geológicos de Estados Unidos (USGS), pero en lo inmediato no se registraron daños.

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"Son réplicas. Hubo dos réplicas la madrugada de este miércoles, uno a las 03:33 (08:33GMT) y otro a las 03:35 (08:35 GMT), de 6,1 y 6,3 grados", explicó Gabriela Ponce, una técnica del Instituto Geofísico de Ecuador a Radio City.

Desde el sábado, se han registrado 535 réplicas, añadió.

No existe una personas en el mundo capaz de predecir cuándo va a suceder. La gente debe saber que no es real, no hay personas que pueda predecir un sismo.

Para explicar las réplicas, hay que saber que en el momento del terremoto la placa Sudamerican se movió bruscamente y ahora trata de ajustarse, acomodarse y para esto se mueve de forma menos fuerte. Pero para que se acomode deben pasar días. Eso es un ciclo sísmico, pero no se sabe cuánto van a durar.

El número de réplicas por día ha disminuido. Pasábamos de 200 a 300 en un par de horas, pero al igual que la magnitud han disminuido.

El sismo dejó unos 800 edificios derruidos, 600 edificaciones afectadas, y numerosas carreteras reventadas e infraestructuras colapsadas en zonas turísticas, unos daños que Correa calculó en USD 3.000 millones, "dos o tres puntos del PIB". Otro duro golpe para este país ya severamente azotado por la caída del precio del petróleo.

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El presidente Rafael Correa aseguró que su país está "mucho más preparado" que antes para enfrentar este tipo de tragedias y que poco a poco se va restableciendo la energía eléctrica y las telecomunicaciones.

La distribución de agua y víveres empiezan a llegar a las zonas más remotas del estado de Manabí, el más afectado.

Llegada de alimentos

En Manta, más de 200 voluntarios preparan raciones de alimentos y productos básicos como pañales o papel higiénico en un centro de abasto y distribución, constató la AFP.

En Pedernales se reparte ropa, alimentos y medicinas, papel higiénico y pañales llegados gracias a donaciones públicas y de particulares de todo el país.

Correa también agradeció la ayuda de países como Colombia, Cuba, Venezuela, España, Estados Unidos, Perú, México o Bolivia, y pidió la creación de "una secretaría de riesgos sudamericana" para atender de manera coordinada tragedias como esta.

Pero el mal estado de las carreteras dificulta la distribución de la ayuda.

El temor a saqueos y la inestabilidad de los edificios llevó a cerrar las puertas de muchos comercios, en casi toda la costa del Pacífico ecuatoriano.

Y la ausencia de lo básico, sobre todo agua y alimentos, comienza a irritar a la población de esta localidad que parece una zona de guerra.

En la carretera de Pedernales a Cojimíes, un hombre de avanzada edad atravesó un tronco en el asfalto para llamar la atención con un cartel hecho con viejos cartones: "Queremos comida". (I)