El tigrillo de Guayaquil tiene su propio sello y es apetecido

El tigrillo de Guayaquil tiene su propio sello y es apetecido
El tigrillo de Guayaquil tiene su propio sello y es apetecido
Carlos González es el precursor de este local dedicado a la venta de tigrillo y bolones, que se acompañan con café o colada. Jorge Peñafiel
17 de Marzo, 2014
17 Mar 2014

En una batea de madera traída de Pedernales (Manabí), Elsa Gaspar golpea el plátano verde frito hasta amasarlo. Una porción va a un plato, acompañada con queso, chicharrón, bistec de carne y un huevo frito, lo que forma el popular tigrillo, apetecido en los desayunos.

Aquel es el plato principal del local El Rey del Trigrillo, ubicado en las calles Tungurahua y General Gómez y de propiedad de Carlos González, quien atiende a los clientes.

Es uno de los locales en cuyo menú prevalece el plátano verde. Los comensales, además de pedir tigrillo, también optan por bolón acompañado con huevo frito y jugo de bistec.

Hace 11 años, González junto con su esposa, Jenny Campos, decidieron alquilar su actual local, en el que entonces funcionaba el restaurante Punto de Encuentro, nombre que acogió por cuatro años para luego cambiarlo al actual.

“Empezamos a trabajar poco a poco. No teníamos puertas enrollables. Opté por sacar una mesa en la vereda, puse un fogón y un letrero que decía ‘Bolones’, y eso llamó la atención”, recuerda el propietario, quien realizaba fletes antes de comenzar con el negocio.

González aclara que su plato de tigrillo es al estilo de Guayaquil, ya que en ocasiones han acudido oriundos de Zaruma a comer y le han dicho que ese no es el plato. “Ya ha pasado que han venido personas por el tigrillo de Zaruma; nosotros le hemos explicado que es el de Guayaquil. El otro tigrillo tiene leche”, explica González.

En un día bajo, asegura, venden 300 tigrillos y 200 bolones. Los fines de semana estas cifras se duplican.

Aldo Pacheco, uno de sus clientes, pide cada semana un tigrillo. Esto es parte de su rutina desde hace diez años. “Esto no lo cambio por nada. Es buena la atención”, refiere.

El toque familiar es otra de las características de este negocio. Su madre, María Quintana, y su hermana, Zeneida González, atienden en este local que cuenta con una sucursal en Pedro Pablo Gómez y Andrés Marín, dirigido por su esposa.

“Le preguntamos al cliente cómo quiere el tigrillo. Hemos aprendido que, si desean, le ponemos moros o le ponemos guatita. Eso pensamos que es un punto a favor”, señala González.

A diario reciben cerca de 600 plátanos tipo barraganetes para preparar sus platos. El local funciona desde las 07:00 hasta las 15:00, de lunes a domingo. La mayor demanda de tigrillos y bolones se da en la mañana.

“El éxito es que el verde sea un poco suave y así no se lo siente como el chifle, que es un poco tieso”, explica González.

Yo no dejo hacer ningún bolón si el cliente no llega. Siempre he pensado que iba a seguir esta línea, pero nunca imaginé la fama que iba a tener el tigrillo. Con el bolón van a la par”.
Carlos González, propietario

El tigrillo de Guayaquil tiene su propio sello y es apetecido
Gran Guayaquil
2014-08-29T18:38:14-05:00
Iniciamos una serie para destacar a quienes hacen que el verde prevalezca en los desayunos.
El Universo