El sol cae perpendicular desde el cielo azulado. El mar llega hasta la playa en vaivenes suaves. Parece que llamara a quienes no se han adentrado en él y se hallan bajo la sombra de cuatro hileras de carpas que se extienden por casi dos kilómetros. Hay cientos, miles de personas, pero no hay demasiado bullicio. Hay una calma que motiva a un descanso placentero.