Si digo sopa de caracol, es probable que buena parte de los lectores de esta columna tarareen una canción. Una melodía noventera, pegajosa, cantada en garífuna, lengua nativa de una etnia afrodescendiente de Honduras, que convirtió un plato tradicional en un hito de la cultura pop latinoamericana: Watanegui (quiero tomar) consup (sopa de concha). No sabía entonces que, años después, estaría frente al mar Caribe, esperando ese plato en una isla de la Bahía hondureña.










