Desde que empezó la producción de la adaptación al cine de Wicked en el 2024, la apariencia física de la cantante Ariana Grande ha estado en el centro de las críticas. Sus seguidores señalan una reducción significativa en su contextura, que aparentemente preocupa. Notoriamente, la estrella sigue mostrándose cada vez más delgada, al igual que su compañera de reparto, Cinthya Erivo.
En respuesta, Grande se defendió con un video en redes sociales. Explicó que, aunque sus fanes consideran que su apariencia física en años anteriores lucía mejor, según ella fue una época poco saludable. Aseguró que entonces había estado consumiendo antidepresivos, bebía mucho y no se alimentaba apropiadamente.
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De todas maneras sus fanáticos insisten en que algo no está bien con ella, y que eso se reflejaría en su físico.
La artista Kelly Osbourne también ha sido objeto de escrutinio por este motivo. En su caso, admitió haber estado en un tratamiento para bajar de peso, que viene de años atrás. Aclaró que nunca ha tomado Ozempic, el popular medicamento para el tratamiento de la obesidad y diabetes que algunos famosos consumen libremente.
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En el último año, los internautas aseguran que se ve más delgada que nunca. Pero ella asegura que tiene sus razones: “Mi padre acaba de morir y estoy haciendo lo mejor que puedo”, expresó en un video en diciembre, tras cinco meses del fallecimiento de la leyenda de rock Ozzy Osbourne.
Ambas son acusadas por el público de delgadez extrema. Pero solo ellas pueden conocer lo que en realidad pasa en sus cuerpos.
La delgadez extrema
Se define como delgadez a la pérdida de peso de manera voluntaria o involuntaria (alrededor del 5%), así como un IMC (Índice de Masa Corporal) menor de 18, ilustra Omar Vargas Salas, nutricionista y máster en nutrición y dietética.
En cuanto a la delgadez extrema, la nutricionista Martha Belén Ortiz advierte ques es más que solo una apreciación estética. En términos clínicos, explica, se habla de delgadez severa o extrema cuando se cumplen uno de estos criterios:
- Índice de masa corporal menor a 16. Se considera delgadez severa, según la OMS.
- Pérdida involuntaria de peso menor al 10% en seis meses o menor al 5% en un mes.
- Bajo peso con compromiso funcional (fatiga, infecciones frecuentes, amenorrea, debilidad muscular).
- Déficit de masa muscular evidente (sarcopenia), aun con un IMC “normal”.
- Marcadores bioquímicos alterados (albúmina baja, anemia, electrolitos alterados).
“Es clave entender que una persona puede estar gravemente malnutrida sin verse extremadamente flaca y viceversa”, aclara Ortiz, también máster en nutrición clínica funcional.
Vargas complementa: “La evaluación de indicadores biológicos, signos físicos y parámetros bioquímicos, como piel, cabello, uñas, constitución corporal, son básicos al estar frente a un paciente con malnutrición o delgadez extrema”.
¿Solo flaco o flaca?
Es cierto que hay personas que lucen delgadas, o “flacas”, por naturaleza. Pero un diagnóstico de delgadez extrema no se basa solo en el peso, sino en una evaluación integral, ilustra Ortiz.
Los especialistas son los únicos que pueden confirmar que una persona es “flaco por naturaleza”, también conocido como delgadez constitucional. En este cuadro, los expertos evalúan que el individuo tenga un peso estable desde adolescencia, un buen nivel de energía y rendimiento, ciclo menstrual normal (en mujeres), datos de laboratorio en rango normal, una relación flexible y saludable con la comida, y masa muscular adecuada.
En cambio, en el cuadro de delgadez extrema, además de los factores mencionados, también se observan obsesión con la “comida correcta” o baja en calorías, el miedo a subir de peso y rigidez alimentaria.
El rol de la ortorexia
En los casos de delgadez extrema podría estar por medio un trastorno obsesivo compulsivo que lleva la alimentación sana al extremo. Se trata de la ortorexia.
“Aunque la mayor justificación de elegir un ‘estilo de alimentación’ como la ortorexia sea mejorar la salud, esto puede llevar a restricciones severas de alimentos, así como déficit calórico significativo, todo bajo la premisa de ‘lo limpio es natural’”, indica Vargas.
Ortiz esclarece que la ortorexia no siempre busca ser delgado, pero frecuentemente termina en delgadez extrema. Esto ocurre porque existe eliminación progresiva de grupos de alimentos por culpa a comerlos por miedo a engordar; miedo intenso a alimentos impuros o altos en calorías; pérdida de la señal de hambre o saciedad; y priorizar comer bajo en calorías sobre comer suficiente y de buena calidad nutricional
“Clínicamente vemos personas con dietas bajas en calorías, peso muy bajo, déficits nutricionales severos y negación del problema”, señala Ortiz.
Cuidado con la delgadez extrema
“Es un problema de salud sistémico”, Ortiz recalca. “A largo plazo, el cuerpo entra en un modo de ahorro energético que afecta a prácticamente todos los órganos”.
El corazón puede perder masa muscular, lo que disminuye su capacidad de bombeo y aumenta el riesgo de arritmias. El sistema hormonal se altera: en mujeres es frecuente la pérdida del ciclo menstrual y en hombres la disminución de testosterona, con impacto en la fertilidad y la salud ósea.
También se observa debilitamiento del sistema inmunológico, mayor riesgo de infecciones, pérdida de masa ósea (osteopenia u osteoporosis) y alteraciones digestivas, ya que el intestino se vuelve menos eficiente para absorber nutrientes.
El cerebro se afecta con la desnutrición prolongada, perjudicando la concentración, el estado de ánimo y la capacidad de tomar decisiones.
Rehabilitación de la delgadez extrema
El primer paso es restablecer la calidad y la regularidad de la alimentación. “Antes de aumentar cantidades, es fundamental asegurar que cada comida aporte nutrientes clave: proteínas de buena calidad, grasas saludables, hidratos de carbono complejos, vitaminas y minerales”, aporta Ortiz.
Esto implica estructurar horarios, evitar largos ayunos y elegir alimentos que nutran al organismo. La rehabilitación nutricional debe ser progresiva y personalizada, teniendo en cuenta el estado digestivo, metabólico y emocional de la persona. Ortiz añade: “Comer mejor es enseñarle al cuerpo a volver a confiar en el alimento como fuente de salud, no como una amenaza, y eso se logra con acompañamiento profesional y educación nutricional, no con imposiciones ni soluciones rápidas”.
En este sentido, Vargas recomienda un abordaje multidisciplinario, que incluya psicólogo, nutricionista y médico, y además integre a la familia, que es el principal apoyo psicosocial. “La educación nutricional siempre será crucial en este proceso, para así evitar el síndrome de realimentación, sabiendo que los alimentos no son nuestros enemigos, si no los mejores aliados para la salud y la vida”. (F)