Una mujer de 64 años en Nueva Gales del Sur, en Australia, desarrolló síntomas neurológicos y lesiones en órganos internos debido a una infección parasitaria que nunca antes había sido documentada en humanos.
El caso comenzó con dolor abdominal y diarrea persistente durante tres semanas, además de tos seca y sudores nocturnos. Estudios por imágenes revelaron áreas inflamadas en los pulmones y lesiones en el hígado y el bazo. Los análisis mostraron niveles elevados de eosinófilos, un tipo de glóbulo blanco asociado a infecciones parasitarias, por lo que los médicos diagnosticaron neumonía eosinofílica y prescribieron prednisolona.
Aunque el tratamiento alivió parcialmente los síntomas, las lesiones orgánicas no desaparecieron. Pruebas posteriores descartaron infecciones bacterianas, fúngicas y varios parásitos conocidos. La paciente recibió ivermectina debido a antecedentes de viajes a regiones con riesgo parasitario, pero su condición no mejoró.
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Un año después de la primera hospitalización, la mujer comenzó a presentar episodios de olvido y signos depresivos. Una resonancia magnética detectó una lesión en el lóbulo frontal derecho del cerebro. Durante una biopsia abierta, los médicos encontraron “una estructura similar a una cuerda” dentro del tejido cerebral, según el informe clínico.
El organismo fue identificado como una larva viva de tercer estadio de Ophidascaris robertsi, un nematodo parasitario nativo de Australia. El gusano medía aproximadamente ocho centímetros de largo y un milímetro de grosor.
Tras la extracción quirúrgica, la paciente recibió tratamiento con ivermectina y albendazol, además de dexametasona para controlar la inflamación. Seis meses después de la intervención, las lesiones pulmonares y hepáticas habían desaparecido, el recuento de glóbulos blancos se normalizó y los síntomas neuropsiquiátricos mostraron mejoría.
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Ophidascaris robertsi completa su ciclo de vida en pitones alfombra, serpientes comunes en Australia. Las larvas pueden infectar a otros animales durante etapas intermedias. Los investigadores señalaron que la mujer solía recolectar plantas silvestres cerca de su vivienda, lo que pudo haber facilitado la ingestión accidental de huevos del parásito.
De acuerdo con los autores del reporte, aunque la persistencia de larvas de este nematodo ha sido documentada en animales, no existían registros previos de infección en humanos ni de su presencia en el cerebro de una persona. El caso fue descrito por los médicos tratantes como el primero documentado en la literatura científica. (I)





