Óscar Hernández Carranza es especialista en prevención de la violencia escolar y presidente del consejo directivo de Anti-Bullying Protocol, un voluntariado con el que presentó hace unas semanas la Norma BULL-LI:2025/A, que apunta a que disminuya en un 60 % el acoso escolar.
Es un proyecto ambicioso en el que Hernández participa gracias a su experiencia en sistemas de gestión de calidad. Se unió por su interés en la problemática que sufren, según explica, millones de niños. Y uno de los postulados de la norma es que el bullying que ocurre en la escuela se puede resolver en la comunidad educativa, sin necesidad de llegar a otras instancias, si se lo atiende a tiempo y correctamente.
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¿Cómo lograr que sea así? “Para que la escuela sea capaz de gestionar y de solucionar los casos de acoso que surgen en su interior tenemos los Adips: atención, detección, intervención, prevención y seguimiento”, explica. Estos pasos están descritos en la Norma BULL-LI:2025/A para enseñar a los educadores y otros adultos responsables:
- Cómo acercarse a un menor que ha sido víctima de bullying, cómo hablarle, cómo entrevistarlo, cómo hacerle sentir la protección de la autoridad, que en ese caso es el docente.
- Qué herramientas necesita para atender a cada víctima; no quedándose solo en una charla, sino interviniendo.
- Qué procesos empezar para construir armonía con los agresores.
“Fíjate que los agresores son un tema muy interesante, porque la mayoría son niños y jóvenes que en casa no tuvieron límites. Decimos que se forma en casa y se educa en la escuela, pues ahora los hogares han traspasado su responsabilidad a las escuelas y les han dejado la tarea de formar y educar a la vez. Y ese es un problema de la mayor envergadura, porque la escuela no sabe cómo actuar”, establece Hernández.
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En México, asegura, el 60 % de los docentes de escuelas públicas y privadas no tiene competencia para actuar ni está al tanto de qué es la competencia: la suma de conocimientos, experiencia, habilidad, capacidad, aptitud y actitud. “Si eso no lo tiene, pues no puede atender un tema de bullying”, agrega.
La norma se propone como una guía de actuación para aprender protocolos, empezando por cómo llevar el registro. En ella se aprende, por ejemplo, que la intimidación no es una conducta ocasional, sino un patrón de comportamiento que se repite una y otra vez, que no solo deja evidencias físicas, sino verbales, psicológicas, materiales (daño de pertenencias) y digitales.
Las escuelas pueden obtener la certificación BULL-LI-2015/A para garantizar un entorno escolar seguro y libre de acoso en escuelasegurapab.com. La guía está para descarga en safepab.com. Se llena un breve formulario y se recibe el documento completo por correo electrónico. Está en inglés y en español.
Detener el bullying es responsabilidad de toda la comunidad educativa
Hernández ve el éxito como algo que depende de la comunidad: docentes, estudiantes, familias, personal administrativo y de apoyo, autoridades educativas, comunidad digital, instituciones y plataformas digitales. “Si no encontramos una fortaleza en la corresponsabilidad de estos actores, no vamos a disminuir los índices de violencia”, manifiesta.
La norma, si bien se aplica en las escuelas, no es de acceso exclusivo para ellas. “Quienes más han bajado la norma son los papás. Con ella en mano van a las escuelas a exigir que la utilicen como guía para cualquier caso de bullying. Que se involucren los papás es indispensable”, celebra, “y que la estudien y vean cuál es su responsabilidad y cuál es la de las escuelas”.
¿Usted quisiera saber cuál es el estado de su establecimiento en cuestión de acoso escolar? La norma tiene, al final, algunos parámetros que pueden ayudar a una evaluación y saber cuál es el porcentaje de cumplimiento.
¿Cómo está Ecuador? El ciberacoso en las escuelas
Una investigación de BMC Psychiatry (2023) sobre adolescentes de América Latina y el Caribe señaló que aproximadamente el 20 % de los estudiantes encuestados habían sido víctimas de ciberacoso en el último año.
En Ecuador, un estudio de ChildFund (2025) evidencia que tres de cada diez menores de edad han sido víctimas de acoso y violencia de forma recurrente en redes sociales, y la mitad de ellos ni siquiera sabe quién es su agresor.
“Este contexto exige que las familias, los centros educativos y la comunidad en general estén alertas y cuenten con prácticas concretas para detectar a tiempo señales de alerta y trabajar activamente en la prevención de esta problemática”, dice María José Proaño, directora de Aprendizaje del colegio Innova Schools.
Ella menciona señales para identificar si su hijo podría estar siendo víctima de ciberacoso: “No significan con certeza que lo haya, pero sí ameritan un diálogo abierto”.
- Cambios de comportamiento súbitos: se muestra irritable, triste o llora sin causa aparente. Se niega a usar sus dispositivos o, por el contrario, está en el teléfono o computadora muchas más horas que antes sin que lo note la familia. No quiere ir a clases, actividades extracurriculares o se muestra ansioso o incómodo tras salir del colegio.
- Rendimiento académico y actitud escolar alterados: un descenso injustificado en las calificaciones o falta de interés en tareas y clases. Evita hablar del colegio o de lo que sucede entre amigos, recibe mensajes o llamadas y se cierra cuando se le pregunta qué ocurre.
- Signos en el entorno digital: cambios frecuentes de contraseñas, perfiles bloqueados, eliminación de cuentas sin motivo claro. Aparición de mensajes ofensivos, rumores difundidos, publicaciones o imágenes compartidas de manera dañina. Insiste en borrar el historial del navegador, oculta lo que hace o se conecta solamente cuando los padres no están.
- Reacción emocional o física: dolores de cabeza, problemas para dormir, cambios en el apetito, somnolencia o irritabilidad general. Se presenta un miedo repentino de que alguien acceda o publique algo suyo o una sensación de estar “expuesto”. Manifiesta sentirse culpable, avergonzado o pide que no se hable de un tema específico.
Proaño recomienda:
- Reiterarles a los niños que en casa se habla diariamente sobre lo que hacen en línea, con quién interactúan y cómo se sienten.
- Brindar una formación de ciudadanía digital responsable, conversar sobre comportamiento en redes y medios digitales.
- Establecer acuerdos sobre los dispositivos. Se pueden usar en espacios comunes de la casa con horarios definidos, se revisan juntos las aplicaciones instaladas y los padres deben conversar con sus hijos acerca de los recursos de control parental y filtros según la edad, explicando el porqué.
- Procurar tener una comunicación activa, evitar juzgar y penalizar los comportamientos o las actitudes inapropiados en los entornos digitales; más bien, reflexionar y redirigirlos.
Si se confirma o se sospecha que el menor está siendo víctima de ciberacoso, no se debe esperar. Inmediatamente hay que notificar al centro educativo, conservar evidencias, limitar el contacto con el agresor y considerar la asistencia de un profesional en psicología. (F)