Como muchos otros estudiantes, Alexis, de 24 años, ya no puede prescindir de ChatGPT. Los gigantes de la inteligencia artificial (IA) multiplican sus ofertas para fidelizar lo antes posible a estos jóvenes usuarios, al mismo tiempo que acceden a sus datos.

“Ahora, en lugar de enviar correos a los profesores para pedirles detalles sobre la asignatura, uso la IA”, explica Alexis, un estudiante francés de un máster en Finanzas en el IE Business School de Madrid.

Cuando tiene que repasar, envía el curso, página por página, a ChatGPT mediante el modo de estudio lanzado en julio pasado por el modelo de OpenAI. “Primero me lo va a explicar y luego me va a hacer preguntas sobre la página y sobre el curso en general para ver si lo he entendido bien”, precisa el estudiante.

Publicidad

Este modo está diseñado, según el fabricante, para ayudar a los estudiantes a encontrar la solución por sí mismos en lugar de darles la respuesta ya hecha. Gemini, la IA de Google, propone un dispositivo similar.

Se trata de “una etiqueta de marketing”, afirma Jill-Jênn Vie, del Instituto Nacional de Investigación en Ciencias y Tecnologías Digitales francés (Inria). “Es como si habláramos a ChatGPT de forma clásica, pero con una instrucción adicional de no dar la respuesta inmediatamente”, agrega.

“La escuela nos anima a usar la IA”

“Todos los profesores nos hablan de ella y nos dicen que hay que aprender a utilizarla porque en el mundo laboral, más adelante y sobre todo en las finanzas, es indispensable”, admite Alexis.

Publicidad

En Francia, Gemini llevó a cabo una campaña para ofrecer a los estudiantes un año de suscripción gratuita a Google AI Pro, una propuesta que en principio cuesta casi 22 euros (unos 26 dólares) al mes.

A las universidades también se les ofrecen suscripciones colectivas para el personal y el alumnado.

Publicidad

OpenAI lanzó un modo de estudio en julio de 2025.

“El mercado universitario es muy lucrativo en Europa. Las empresas lo capturan progresivamente”, afirma Antonio Casilli, profesor en el Instituto Politécnico de París y especialista en plataformas digitales.

En su opinión, hay un doble objetivo: volver dependientes a los jóvenes usuarios y empezar muy pronto el registro de datos, un proceso que se prolongará durante años.

OpenAI asegura en su web que “ningún dato ni conversación” de las cuentas universitarias se utilizan para entrenar sus modelos. Pero, según Casilli, la herramienta sigue siendo capaz de “determinar los gustos culturales, las creencias religiosas, las preferencias sexuales” o las relaciones sociales entre los usuarios.

El poder de la IA para ‘eliminar las dificultades’

Alexis, quien asegura que no comparte información personal en su cuenta universitaria de ChatGPT, admite que existe una forma de dependencia: “(Sin la IA) me llevaría mucho más tiempo estudiar”.

Publicidad

En un futuro próximo, la IA también podría servir para personalizar los contenidos pedagógicos y ayudar a captar la atención de los jóvenes. Jill-Jênn Vie pone el ejemplo de un libro escolar “a medida”. “Si a un alumno le gusta el baloncesto, sus ejercicios de matemáticas podrían personalizarse”, explica.

Un estudio en Ecuador: la IA en el bachillerato

En octubre de 2025, un grupo de docentes e investigadores publicó el estudio La educación en tiempos de tecnología: la inteligencia artificial y su influencia en la educación en el Ecuador. Ellos trabajaron con docentes y alumnos de bachillerato unificado y técnico en informática de dos instituciones públicas de Ambato y Riobamba.

Entre sus conclusiones:

1. Los docentes la consideran una herramienta que potencia la motivación y personalización del aprendizaje, pero persisten temores sobre la pérdida del pensamiento crítico y la ética digital.

El profesor Eduardo Ramírez Galarza, uno de los responsables del informe, describe la inteligencia artificial como un “asistente personal” para el estudiante y para el docente. Pero considera que los educadores no quieren salir de su zona de confort. “Si se convoca a una reunión para capacitarlos en el manejo de recursos tecnológicos y en el estudio de la IA, casi nadie quiere ir”, señala.

Gemini, la IA de Google, propone también un modo enfocado a los estudiantes. Foto: Shutterstock

También hay preocupación por el tema de la ética y del plagio: “Algunos docentes lo ven desde la perspectiva errónea de que estas herramientas no le van a permitir al alumno desarrollarse de una manera holística. Los que nos metemos en la tecnología vemos a la IA enfocada en una clase muy estructurada y muy planificada, en la que el alumno no puede hacer lo que él quiere, sino que es guiado”.

¿Qué dicen los estudiantes? “Todos usan, por lo menos, ChatGPT. Pero no saben cuáles son las herramientas adecuadas para cada tipo de trabajo. Hay IA que permite mejorar los conocimientos de medicina. Otra mejora el trabajo de proyectos de investigación. Algunas elevan el trabajo de programación”, detalla.

Aun así, observa Ramírez, muchos alumnos conocen la IA más que sus docentes, que por su resistencia al tema todavía no han aprendido a usar ni siquiera una plataforma antiplagio: “Hay un desfase entre el alumno y el maestro”.

2. La inteligencia artificial puede promover una educación más inclusiva, dinámica y personalizada. No obstante, su efectividad dependerá del fortalecimiento de la formación docente, la inversión tecnológica y la creación de políticas éticas y pedagógicas.

La máxima de Ramírez en este tema es que “el alumno tiene que aprender a construir su aprendizaje”. Por ejemplo, antes de una clase de nanotecnología puede consultar a la IA y el profesor debe estar preparado.

Sin embargo, alega que el fin no es quedarse con lo que da la IA. “Puedo apoyarme en la inteligencia artificial, pero a mí me interesa el producto; si hablo de un brazo robótico, tengo que concentrarme en que sea de excelencia; el usuario no me va a preguntar por los antecedentes (algo que la IA podría responder), sino que el producto debe impactar a la gente a la cual va a servir”.

¿Qué hacer en el aula? Los maestros pueden usar herramientas como Planning Academy (en Google Play), que emplea algoritmos para adaptar las lecciones al ritmo de aprendizaje del alumno. “Esto es lo más efectivo que un aula tradicional puede aplicar”, manifiesta.

Las pruebas de diagnóstico al inicio del periodo académico pueden desarrollarse con IA y diseñar el plan de estudios para que la clase avance de manera uniforme. “Esto no se hace en la actualidad”.

3. La falta de capacitación y la limitada infraestructura tecnológica son los principales obstáculos. Esto es un desafío para las instituciones públicas, mientras que en el sector privado el manejo de internet es diferente, pues la IA y la robótica se incorporan.

Ramírez está consciente de que una gran parte del sector cree que la IA no sirve o hace daño. Para él, es impensable que se prohíba el uso de internet en las aulas (aunque los Gobiernos de algunos países han juzgado que así debe ser).

“Simplemente hay que hacer un seguimiento adecuado en que el docente planifique de la manera correcta sus clases y sea el guía desde el inicio hasta el fin de la clase”. (F)