Al menos sabemos cómo se escribe therian (la RAE nos sugiere teriano), aunque apenas entendamos lo que significa. ¿Es una cultura juvenil, una tribu urbana o un trastorno? ¿Es un motivo de preocupación o una moda pasajera?
Aparentemente, son jóvenes que sienten que tienen una identidad parcialmente vinculada a un animal no humano. Se tapan el rostro con máscaras, se mueven a cuatro patas, saltan, reptan, aúllan o ladran.
Antes de que se impaciente, lector, esto ni siquiera es nuevo. Surgió en la década de los 90, pero ahora lo vemos en primer plano por obra de TikTok, Instagram y YouTube.
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El terianismo no es una enfermedad
La therianthropía no es validada como un trastorno clínico, indica la psicóloga clínica Sonnia Navas Gafter, y precisa que los especialistas en salud mental lo ven como una etapa de la identidad. Los jóvenes lo usan como un mecanismo de regulación que les da la sensación de fuerza, protección, pertenencia y libertad.
“También puede ser una respuesta creativa frente a la sensación de no encajar, soledad, ansiedad, bullying o desconexión de la realidad”. Se reemplazan los vínculos humanos, que parecen muy complejos, por una fantasía.
¿Cuál es la diferencia con otras formas de pertenencia, búsqueda de identidad o expresión? Navas dice que lo teriano ha tocado un límite, el humano-animal. Ella propone hablar. “En estas etapas es necesario compartir las opiniones de los jóvenes y adolescentes, mantener diálogos abiertos, incluirse como padres de familia, abrir la visión actual y evitar aislarse”.
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¿Hay que llevar al therian a terapia?
“Esto es un tema de identidad”, coincide el psicólogo clínico y sexólogo Rodolfo Rodríguez, quien percibe problemas de crianza, principios, adaptación al medio, salud mental y espiritual y estilo de vida.
Recalca que no es una novedad, que hay referencias desde los relatos de la antigüedad. Toma fuerza, en su apreciación, porque “los jóvenes no están bien estructurados, en gran medida por el uso indiscriminado y no controlado de redes sociales”.
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Y porque el núcleo familiar está debilitado. “Va a 10 km por hora y el internet, los algoritmos, las tendencias van a 300. Nos encontramos con una sociedad significativamente golpeada por situaciones que parecen ilógicas, pero que son reales, y si no hacemos algo al respecto, equiparando las velocidades, esto va a seguir tomando fuerza”.
La respuesta no va por el lado de la prohibición o el castigo.
“Una encuesta sencilla, ¿cuántos padres y madres de familia controlan el uso de sus hijos en redes sociales, en teléfonos? Es mínimo”. Confían en el firewall o en el control parental.
Rodríguez es partidario de la ‘mano dura’, pero contra el acceso indiscriminado a internet.
Algo que le llama la atención es que los terianos conectan con animales, pero hasta cierto punto. “Usan celular, ven redes sociales, comen comida de humano, se visten con ropa de marca”. Toman las partes que les parecen.
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Se pregunta cómo están aprendiendo estos jóvenes a sumar a la comunidad. Situaciones como la theriantropía entorpecerían ese proceso. ¿Tendrán la capacidad, la resiliencia y los recursos para sostenerse en un momento de crisis? ¿Para sostener a otros? Rodríguez piensa que dar tiempo al tiempo no es la respuesta, sino preguntarse: ¿qué está pasando con la salud mental? ¿Qué pasa con los propósitos o los proyectos de vida, que los lleva a estos grupos?
Su recomendación no es que se lleve al adolescente o joven therian al psicólogo. “Es que la familia vaya o busque asistencia, porque el chico es producto de ese hogar (...) ¿Quién le dio el celular si no trabaja? ¿Quién le dio internet? ¿Quién le facilita que duerma con el celular al lado de la almohada? ¿Quién es el responsable de ese menor de edad?”.
Lazos sociales extraños... y temporales
Entonces, ¿deberíamos o no estar preocupados, como instan los videos cortos con música de suspenso o con tono de burla? Escandalizarse no ayuda, es la visión del psicólogo clínico y docente universitario Francisco Martínez Zea.
“Es un fenómeno social muy vinculado a la viralidad, y desde allí hay que pensarlo, ser muy cautos y no dar una caracterización patologizante”, dice el director del CAP-C (consultorio de atención en psicología clínica de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil).
Afirma que todo lo que esté vinculado a la viralidad amerita hilar fino. “Me parece que, en gran medida, es una expresión identitaria juvenil, bastante llamativa. A lo mejor bizarra. Pero es que también este es un tiempo muy singular”, reflexiona. “Zygmunt Bauman planteaba una modernidad líquida” (fluida, diríamos ahora). “Tenemos a Han Byung-chul, que está planteando cómo nos vinculamos hoy en una era digital”.
Martínez está convencido de que desde la pandemia se exacerbó la digitalización de los vínculos, dando a luz estos fenómenos de lazos sociales extraños. Cree que el fenómeno teriano es un producto de ello. Nada de un trastorno mental. “Es una dinámica de vínculo social muy singular de una época bastante singular, mediada por los artificios tecnológicos”.
Puede ser una expresión creativa de las adolescencias contemporáneas. Podría ser una moda creada, sostenida, reforzada y masificada (¿intencionalmente?) por las redes sociales. Y podría ser, en casos clínicos, una pérdida radical de contacto con la realidad y una disfunción en los hábitos de vida.
“Pero yo me atrevería a mirar el fenómeno como tal y diría que hay mucho teriano solo de forma más que de fondo”. Como ocurrió con los hippies, los punk y los emo. “No todo emo era depresivo”. Había mucho emo al que solo le gustaba la estética.
“Son estrategias (exageradas) de vinculación social”. Y como toda tendencia, su fecha de caducidad podría estar cerca. Ahora mismo, nota Martínez, el mono Punch y su peluche están desplazando a los therian de los reflectores.
Finalmente, la theriantropía puede ser una puesta en escena. “Vivimos en una época en donde no solamente se tienen experiencias, sino que se escenifican para ser mostradas, como dice Han en La sociedad de la transparencia”. Algo de lo cual los adultos no son inocentes.
¿Hay razón para entrar en pánico? “Creería que no. Siempre los jóvenes quieren decir algo”, sugiere el psicólogo, y pregunta: ¿qué nos querrán decir los terianos? “Vale la pena hablarlo. Tampoco hay que ignorar. Pero veamos si podemos entender qué están tratando de decir. Este fenómeno habla más de nuestra época que de una supuesta enfermedad. Es un síntoma cultural, una generación que construye identidad en entornos digitales y busca pertenencia simbólica, de forma disruptiva”. (F)





