Alle Pierce sabe cómo planear vacaciones. Meses antes, “usa Google de manera obsesiva” y crea una hoja de cálculo de todas las cosas que quiere hacer y ver. Examina los menús de los restaurantes que quiere visitar. Utiliza una imagen del destino como imagen de pantalla de bloqueo de su teléfono y descarga una aplicación de cuenta regresiva.

“La expectativa antes de un viaje es muy emocionante”, comentó Pierce, fundadora de una compañía de viajes de lujo llamada Gals Abroad Getaways, que planea viajes grupales para mujeres. Los expertos señalan que quizá tenga razón. Numerosos estudios sugieren que tener algo que esperar mejora tu estado de ánimo y reduce tu estrés.

“Imaginar cosas buenas por adelantado nos hace sentir mejor en el momento actual”, explicó Simon A. Rego, psicólogo en jefe del Centro Médico Montefiore y la Facultad de Medicina Albert Einstein, quien ha escrito de manera extensa sobre el efecto de la expectación en el estado de ánimo. “Puede aumentar la motivación, el optimismo, la paciencia, y disminuir la irritabilidad”.

Por supuesto, no podemos simplemente reservar un vuelo cada vez que necesitamos un poco de ánimo. Pero hay formas de aprovechar e incorporar el poder de la expectación en tu vida cotidiana.

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Entusiásmese con muchas cositas

Esperar muchas experiencias pequeñas y deliciosas puede ser tan placentero como esperar un gran evento, aseguró Carrie L. Wyland, psicóloga social de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans.

“Al final de cada día, escribe una cosa por la que estarás emocionado mañana”, sugirió. La acumulación de esas miniemociones significa que aún obtendrás los beneficios de esperar algo, incluso si no es una gran recompensa, afirmó Christian E. Waugh, profesor de Psicología en la Universidad de Wake Forest, quien estudia la expectación.

Además, con las cosas más cercanas, hay más sensación de que va a suceder con seguridad”, reveló. “Tienes más control sobre una pequeña reunión esa noche que sobre unas vacaciones dentro de seis meses”.

Conéctese con su futuro yo

Las investigaciones han demostrado que sentirnos como si estuviéramos en el proceso de ser nuestro “yo futuro” puede tener un efecto positivo en el bienestar al sacarnos del pensamiento a corto plazo. Pensar en el futuro puede ayudarte a dar prioridad a tu salud y tal vez incluso a actuar de manera más ética.

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Si bien es divertido soñar despierto con tu yo futuro, los pasos concretos que debes seguir para llegar allí pueden ser intimidantes. Tal vez tu yo del futuro quiera hablar francés con fluidez, pero tu yo del futuro apenas puede pedir un croissant.

Comienza aclarando las cosas de la vida que más valoras, luego establece metas en torno a eso, sugirió el especialista Rego; si tu prioridad es mantenerte en forma y saludable a medida que envejeces, tal vez tu objetivo sea correr 5 km. Pero no esperes a sentirte motivado antes de dar el primer paso. Más bien, cuando hagas algo para lograr tu objetivo, “concéntrate en qué tan motivado te sientes después, no antes”, agregó. A medida que comiences a ver el progreso, se volverá más fácil: esperarás hacer las cosas que te acerquen a tu yo del futuro.

Concentrarse y celebrar cada paso que da en dirección hacia su meta, la volverá más real y cercana.

Invente algo

Si las fiestas son algo que esperas con ansias, dijo Megan White, planificadora de eventos en Savannah, Georgia, no esperes a que sea un día festivo para celebrar; simplemente inventa una. Organiza una fiesta de cumpleaños para el perro u organiza un desayuno de panqueques para todos los niños de tu calle.

Ya sea una fiesta, un soborno o una lista nocturna, la expectación puede ser una herramienta poderosa para manipular nuestras emociones. Cuando la guionista de televisión Anna Beth Chao escribe un episodio de You en Netflix, dice, “siempre tratamos de terminar con algo que te hace decir: ‘Dios mío, tengo que ver qué pasa a continuación’”, explicó.

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Cuando sufre un bloqueo, simplemente se cuenta una historia sobre los personajes y ve adónde la lleva. Es una táctica que reutiliza en su vida personal para tratar de anhelar algo que teme, como el viaje de cuatro días que acaba de hacer desde Los Ángeles hasta su casa en Nueva Orleans.

“Básicamente me cuento una pequeña historia sobre lo que podría pasar”, dijo. “Si lo enmarcas dentro de la posibilidad de una aventura, es más fácil emocionarse”.