Tómate un momento para imaginarte dentro de 10 años.

Dependiendo de tu edad, es posible que tengas algunas canas y arrugas más y también puedes esperar algunos cambios materiales.

Pero, ¿sientes que la persona que imaginas es, fundamentalmente, muy parecida a la persona que eres hoy? ¿O es completamente distinta?

De acuerdo con una gran cantidad de estudios psicológicos realizados en la última década, las respuestas de las personas a menudo varían ampliamente, y sus respuestas revelan cosas sorprendentes sobre su comportamiento.

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Algunas personas tienen un sentido vívido de su yo futuro, que sienten muy cercano a su yo actual.

Estas personas tienden a ser más responsables con su dinero y más éticas en el trato a los demás. Están ansiosos por actuar de una manera que les haga la vida más fácil en los años venideros.

Muchas otras personas tienen problemas para imaginar su yo futuro como una continuación de la persona que son hoy y tienden a ser mucho menos responsables en sus comportamientos.

Es casi como si vieran su yo futuro como una persona separada que tiene poca conexión con su identidad actual y, como resultado, están mucho menos preocupados por las consecuencias a largo plazo de sus acciones.

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Casi podrías pensar en tu yo futuro como una relación que necesita ser nutrida y cultivada.

Afortunadamente, existen algunas estrategias simples para fortalecer tu empatía y compasión por la persona en la que te convertirás, con algunas consecuencias profundas para tu salud, felicidad y seguridad financiera.

Orígenes filosóficos

La inspiración para la investigaciones psicológicas recientes sobre el yo futuro se puede encontrar en los escritos de filósofos como Joseph Butler, en el siglo XVIII.

GETTY IMAGES Los escritos del filósofo Joseph Butler en el siglo XVIII fueron fuente de inspiración para investigaciones recientes.

“Si el yo o la persona de hoy y el de mañana no son lo mismo, sino sólo como personas, la persona de hoy realmente no está más interesada en lo que le sucederá a la persona de mañana que en lo que le sucederá a cualquier otra persona”, escribió Butler en 1736.

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La teoría fue posteriormente ampliada y defendida por el filósofo británico Derek Parfit, cuyo trabajo llamó la atención de un joven investigador llamado Hal Hershfield.

“Era una idea convincente”, dice Hershfield, profesor asociado de marketing, toma de decisiones conductuales y psicología en la Universidad de California en Los Ángeles.

Sospechaba que una desconexión de nuestro yo futuro podría explicar muchos elementos irracionales del comportamiento humano, incluida nuestra renuencia a ahorrar para nuestra jubilación.

Para averiguarlo, Hershfield primero tuvo que encontrar una manera de medir la “autocontinuidad futura” de alguien.

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Se decidió por un gráfico simple que presentaba pares de círculos que representaban el yo actual y un yo futuro.

Los círculos se superponen en diversos grados, y los participantes tienen que identificar qué par describe mejor qué tan similares y qué tan conectados se sienten con un yo futuro de dentro de 10 años.

Luego comparó estas respuestas con varias medidas de planificación financiera.

En un experimento, a los participantes se les presentaron varios escenarios en los que podían recibir una recompensa menor pronto o una recompensa mayor más tarde.

Como era de esperar, los participantes que sintieron una mayor conexión con el futuro estaban mucho más dispuestos a retrasar su gratificación y esperar la suma mayor.

Para comprobar si esta tendencia a una buena planificación financiera se correspondía con el comportamiento de la vida real, Hershfield analizó a continuación los ahorros de la vida real de sus participantes.

Efectivamente, descubrió que cuanto más conectado se sentía el participante con su yo futuro, más dinero ya había ahorrado.

Regreso al futuro

Una investigación posterior de Hershfield ha examinado el fenómeno en muchas otras áreas de la vida.

En 2018, por ejemplo, descubrió que la autocontinuidad futura de las personas podía predecir sus comportamientos relacionados con el ejercicio y su estado físico general.

Al parecer, si te identificas fuertemente con tu yo futuro, estás más dispuesto a cuidar tu cuerpo para asegurarte de que experimente una mejor salud en los próximos años.

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Otros experimentos sugieren que las personas que obtienen una puntuación alta en la medida de continuidad del yo futuro tienen estándares morales más altos que las personas que tienen problemas para identificarse con su yo futuro.

Eran menos propensos a hacer trampa en las pruebas, por ejemplo.

“Si las personas están mejor conectadas con su yo futuro, tendrán una mayor capacidad para reconocer las consecuencias de sus decisiones actuales sobre su yo futuro”, dice Hershfield.

“Y eso los ayuda a poner freno a estos comportamientos”.

En 2020, Hershfield confirmó que la (in)capacidad de una persona para identificarse con su yo futuro puede tener consecuencias a largo plazo para su bienestar general.

El estudio, que siguió a más de 4.000 participantes durante una década, encontró que la continuidad futura de alguien al comienzo del estudio podría predecir su satisfacción con la vida 10 años después.

Es importante destacar que esto era cierto incluso cuando controló cuál era el bienestar inicial.

Con ello eliminó la posibilidad de que las personas que se sentían conectadas con su yo futuro simplemente hubieran comenzado el estudio con una mayor satisfacción con la vida y luego se mantuvieran así.

En cambio, parece probable que la mayor satisfacción al final del estudio fuera el resultado de todos esos comportamientos positivos, como el ahorro financiero y el aumento del ejercicio, que en conjunto resultaron en una vida más cómoda.

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Visión futura

A raíz de estos resultados, los neurocientíficos han comenzado a observar más de cerca el procesamiento cerebral detrás de estos fenómenos y la razón por la que a tantas personas les resulta difícil identificarse con su yo futuro.

Meghan Meyer, profesora asistente en Dartmouth College en New Hampshire, EE.UU., pidió recientemente a los participantes que estimaran la superposición de la continuidad del yo futuro en varios puntos temporales.

En una de estas pruebas, los participantes tenían que estimar la similitud en su yo actual y futuro controlando la superposición de dos círculos, muy parecido a los experimentos de Hershfield.

Repitieron la tarea varias veces, mientras se imaginaban en tres meses, seis meses, nueve meses y un año en el futuro.

En línea con los resultados de Hershfield, Meyer descubrió que el concepto de su yo futuro del participante promedio divergía de su concepto del yo actual con bastante rapidez, con una gran sensación de desconexión que ya aparecía en el punto de tres meses.

Curiosamente, sin embargo, este cambio comenzó a estabilizarse al considerar los puntos de tiempo posteriores.

Como tal, hubo poca diferencia entre los puntos de tiempo de nueve meses y un año, y podemos suponer que lo mismo habría sido cierto si hubieran considerado incluso fechas posteriores.

Meyer sugiere que la visión del yo futuro se estaba volviendo “más borrosa” y menos matizada.

Esto también se reflejó en los resultados de las resonancias magnéticas funcionales, que ofrecieron algunas pruebas intrigantes de que, a nivel neuronal, realmente comenzamos a pensar en nuestro yo futuro como una persona diferente.

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Además de considerarse a sí mismos en varios puntos del futuro, también se pidió a los participantes que pensaran en un extraño, como la política Angela Merkel.

A medida que los participantes avanzaban en la línea de tiempo, imaginándose a sí mismos a partir de unos seis meses en adelante, la actividad cerebral relacionada con ellos mismos comenzó a parecerse a la respuesta de los pensamientos del político.

“A medida que avanzas hacia el futuro, la forma en que te representas a ti mismo no es tan diferente de la forma en que representas a Angela Merkel”, dice Meyer.

“Esto es consistente con esta idea filosófica de que tratas a tu futuro distante como un extraño”.

Las cosas que desearía haber sabido

Dados los muchos beneficios que tiene imaginarnos nuestro yo futuro para nuestra seguridad financiera, salud y felicidad en general, es natural preguntarse si podemos fortalecer nuestro sentido de conexión con nosotros mismos en el futuro.

La investigación de Hershfield ofrece un par de sugerencias.

En una serie de experimentos, sus participantes ingresaron a un entorno de realidad virtual con avatares personalizados que simulaban cómo se verían si tuvieran 70 años.

Como se esperaba, dijeron que sentían una mayor conexión con su yo futuro y, en medidas posteriores de toma de decisiones, mostraron más responsabilidad financiera.

También informaron que tenían más probabilidades de reservar dinero para la jubilación, por ejemplo.

Muchas aplicaciones de edición de fotos ya te permiten envejecer prematuramente tus selfies y este tipo de tecnología podría incorporarse a programas educativos que alienten a las personas a pensar más detenidamente sobre su bienestar futuro.

Con menos intervención tecnológica, quizás consideres un simple ejercicio imaginativo. Puedes escribir una carta a tu yo dentro de 20 años, describiendo lo que es más importante para ti y tus planes en las próximas décadas.

GETTY IMAGES Las personas que piensan más sobre su yo futuro tienen más tendencia a ahorrar para su jubilación.

Esto motiva a las personas a experimentar un mayor sentido de conexión con su yo futuro. Y, como resultado, les prepara para un cambio de comportamiento positivo.

Los estudios de Hershfield han mostrado que esta tareea incrementa el tiempo que la gente pasa ejercitándose en la semana siguiente, lo que indica que han comenzado a tomarse más en serio su salud a largo plazo.

Si te interesa probar esto, Hershfield sugiere que podría amplificar los efectos escribiendo una respuesta desde el futuro, ya que eso podría obligarte a adoptar una perspectiva a largo plazo.

Como puedes esperar, Hershfield aplica esta investigación a su propia vida. Cuando lidiamos con el estrés y la frustración de criar hijos, por ejemplo, Hershfield intenta ponerse en los zapatos de su yo futuro para imaginarse cómo observaría su comportamiento pasado.

“Intento pensar si él estará orgulloso de la forma en que me manejé”, dice.

Puede ser resultar ecéntrico comenzar una “conversación” con una entidad imaginaria, pero una vez tu futuro yo cobra vida en tu mente, te puede resultar más fácil hacer los pequeños sacrificios que son esenciales para preservar tu bienestar.

Y en los próximos años, te darás las gracias por ese pensamiento previsor.