“En la riqueza y en la pobreza” es parte de la promesa que las parejas toman cuando forman un hogar. Simboliza un compromiso de amor incondicional y apoyo mutuo ante circunstancias socioeconómicas adversas.

Una de esas adversidades ocurre cuando uno de los dos pierde su empleo: sea el caso de una pareja en la cual las dos partes trabajan, o el caso de que el único proveedor de la familia pierde su fuente de ingresos.

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El costo emocional

Cual sea el escenario, la pérdida de empleo es uno de los elementos más estresantes que puede recaer sobre una casa, indica la psicóloga clínica Jennifer Keluskar. En primer lugar, por el costo emocional que implica. Algunas personas sienten que pierden parte de su identidad al perder su trabajo. Eso sucede especialmente con los individuos con rasgos perfeccionistas, porque vinculan su trabajo con sentimientos de satisfacción y logro.

Luego está el efecto emocional sobre la familia. “Si bien las mujeres pueden compensar la pérdida del empleo asumiendo más tareas domésticas, los hombres pueden tener dificultades para encontrar un propósito cuando ya no generan ingresos”.

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Keluskar añade que los hombres se muestran más reacios a compartir sus dificultades laborales con amigos y familiares debido a que les provoca vergüenza. Además, aunque las mujeres pueden sentirse más presionadas a dejar el mercado laboral para dedicarse a la crianza de los hijos, los hombres sienten más presión para dedicarse al trabajo, incluso cuando desean pasar más tiempo con sus familias.

Apoyo de esposos

Si la situación emocional no mejora, lo más recomendable será hablar con un terapeuta, buscando uno que esté a su alcance para su realidad actual. Pero el apoyo de un cónyuge siempre es gratuito.

La comunicación abierta y franca será clave para afrontar estos momentos delicados. Tranquilizar a la pareja sobre su valor puede ayudarle a hablar más abiertamente sobre sus pensamientos, lo que a su vez podría ayudar a evitar reacciones indeseadas.

“Es importante poner límites a comportamientos poco saludables, como eludir responsabilidades o descargar su frustración con el otro. Poner límites es esencial para el bienestar emocional y para desarrollar la resiliencia”, puntualiza la psicóloga.

Prioridades financieras

La prioridad inmediata debe ser proteger la estabilidad del hogar, resalta Verónica Velasco, experta en educación financiera y Customer Service Manager en Equifax Ecuador. Además de garantizar los gastos básicos, es recomendable preservar la liquidez. Esto significa administrar con máxima cautela el dinero disponible para que rinda el mayor tiempo posible.

“Es vital evitar nuevas obligaciones financieras y concentrarse en cumplir puntualmente los compromisos ya adquiridos, ya que los atrasos pueden generar un efecto dominó difícil de revertir en el corto plazo”, señala Velasco. “Priorizar el orden financiero, la disciplina en los pagos y la planificación realista ayuda a atravesar la situación con mayor control y reduce el impacto a largo plazo en la salud financiera del hogar”.

Para este propósito es fundamental revisar las obligaciones existentes y en qué condiciones se encuentran. Esta información permite distribuir las responsabilidades, anticipar riesgos y tomar decisiones informadas sobre pagos, ajustes o posibles renegociaciones.

Si no cuenta con un fondo de emergencia o es insuficiente para cubrir las cuotas, es recomendable acercarse a las entidades financieras para analizar alternativas.

Atención a las tarjetas de crédito: ante una situación compleja, añade la experta, la tarjeta, bien manejada, puede ser de gran ayuda. “Sin embargo, usar tarjetas de crédito para cubrir gastos diarios, sin tener un ingreso seguro, puede ser contraproducente”.

Es cierto que la carga emocional puede generar fricciones al hablar de dinero. Pero Velasco asegura que es saludable, para la economía del hogar, establecer reuniones semanales de “estatus financiero” como, por ejemplo, para repartir las nuevas responsabilidades. Entre esas, quien no trabaja fuera de casa puede asumir más tareas del hogar para ahorrar en servicios externos, y validar el progreso en la búsqueda activa de empleo.

“Si hubo una indemnización o liquidación, el error común es usarla para pagar deudas totales de inmediato. Lo ideal es dosificar ese dinero para cubrir exclusivamente los gastos básicos, mencionados anteriormente, durante los meses estimados de búsqueda de empleo, generalmente de 3 a 6 meses”, indica la especialista y recuerda que la pérdida de empleo es una situación temporal, pero las decisiones financieras apresuradas pueden tener consecuencias permanentes en el historial crediticio de los generadores de ingresos.

Actuar con información y anticipación ayuda a evitar atrasos, sobreendeudamiento y tensiones adicionales en un momento que ya es sensible para la economía del hogar. (F)