En los primeros días de enero, es probable que algunos niños tengan una alcancía que les regalaron en Navidad e incluso algunos dólares que un abuelo les dio o que ellos ahorraron. Y puede que nos entre la duda de qué harán con ese dinero.

Ayudar a los niños a aprender hábitos saludables en relación con el dinero es una tarea de esfuerzo y paciencia, menciona The Child Mind Institute en un artículo sobre este tópico. Es una enseñanza que involucra poner límites, planificar y resistir la impulsividad, tres cosas que no se nos dan de forma natural.

¿Alcancía infantil o cuenta bancaria?

Geovanny Montenegro, presidente ejecutivo de Seguros Interoceánica, dice que el recurso más poderoso está en el hogar. “Cuando los niños ven cómo sus padres planifican gastos, ahorran o toman decisiones para proteger a la familia, aprenden que el dinero no solo sirve para comprar, sino también para cuidar y prevenir”, y esto va acompañado de conversaciones sencillas.

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El dinero de juego, considera, es útil, “pero el dinero real, acompañado de guía, genera mayor conciencia. Les permite entender que es limitado y que cada decisión tiene consecuencias”.

Si el niño aprende a planificar y organizar, va a administrar el dinero con mucha facilidad cuando sea un joven independiente. Foto: Shutterstock

¿A qué edad un niño o adolescente puede aprender a hacer un presupuesto? “Desde los 6 o 7 años, con ejercicios sencillos como decidir cómo usar su mesada o ahorrar para un objetivo concreto. Con el tiempo, pueden aprender que planificar hoy evita problemas mañana; una lógica muy similar a la de un seguro: ordenar el presente para cuidar el futuro”.

La alcancía es otro elemento que puede resultar lúdico y didáctico durante los primeros años. “Más adelante, una cuenta administrada por los padres ayudará a comprender la responsabilidad y el cuidado del dinero”.

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¿Es beneficioso que los niños ganen su propio dinero haciendo alguna actividad casera o un mininegocio? “Sí, porque aprenden que el dinero es fruto del esfuerzo y que debe protegerse. Cuando un niño entiende lo que cuesta ganar algo, también comprende por qué es importante cuidarlo”.

Las bases: planificación y organización

El educador Eduardo Molina, especialista en el desarrollo de la inteligencia, ofrece un punto de vista más holístico. En su opinión, el dinero, como la tecnología, es un bien que el sujeto aprenderá a usar como parte de la vida. “El mundo se encargará de eso”.

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¿Qué les queda a los padres y a la escuela? “Enfocarse en desarrollar las habilidades cognitivas y emocionales. Si el niño aprende a pensar, si ha adquirido el hábito de la lectura, le resultará sencillo aprender la tecnología”. De la misma manera ocurrirá con el dinero: lo más importante son las bases con las que el niño afrontará ese entrenamiento social.

“Vivimos en un sistema capitalista donde el dinero es todo; entonces hay que preparar la mente del niño para que, cuando se encuentre con ese bombardeo, sepa maniobrarlo”. Molina insiste en que hay que trabajar dos habilidades del pensamiento a veces descuidadas, la planificación y la organización.

“Si una persona sabe planificar y organizar, cuando tenga que administrar dinero, lo va a hacer con mucha facilidad”, asegura. ¿Cómo se logra esto? ¿Quién se levanta pensando: ‘Hoy le enseñaré a planificar a mi hijo’?

El dinero nos permite sobrevivir, prevenir, acumular... o compartir. Foto: Shutterstock

Pues hay que hacerlo, desde edades tempranas. “La planificación es un proceso complejo; dentro hay procesos más elementales: análisis, síntesis, clasificación; cuando funcionan en conjunto, puedes planificar correctamente”.

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Antes de que los padres se desanimen, Molina les recuerda que toda la vida la pasamos planificando y organizando: las tareas caseras, las salidas, el tiempo que necesitamos para llegar a la escuela y el trabajo. “Si hablamos de la educación inicial o de la básica inferior, los padres y la escuela deben fomentar que el niño aprenda a planificar el espacio y el tiempo”.

Un ejercicio: planifique una salida familiar, haga la agenda con los niños. Primero, a la gasolinera; después, donde la tía; de ahí, al centro comercial. “Dígale al niño ese plan y que él lo memorice y lo vaya recordando durante la salida”. Pregúntele: “¿Qué nos toca ahora? ¿Cuánto tiempo vamos a estar? ¿Qué vamos a hacer?”.

Siguiente: si se hacen compras para la casa, que el niño ayude a guardar los alimentos en el refrigerador (lo cual, todo adulto sabe, no es fácil). “De esa manera, aprende a administrar las cosas que entran en un determinado espacio”.

Otro más: desafíelo a organizar su ropa, qué tipo de prendas van en cada cajón, cómo deben estar distribuidos los cuadros, los juguetes, la cama y otros muebles en su cuarto.

En la cocina haga estos ejercicios: ¿cuánta agua entra en esta botella? ¿Cuántas uvas o manzanas entran en este plato? Más adelante, puede llevar cuenta de las recetas: cucharadas, miligramos y gramos. “El niño estará involucrando y desarrollando estos procesos psicológicos relacionados con la administración del tiempo y del espacio”.

A medida que crece, esas tareas deben volverse más complejas: puede hacer un conteo del espacio, del presupuesto y de los materiales para hacer una repisa, poner un escritorio o construir una habitación nueva; si se van de viaje, ¿cuánto dinero deben llevar?, ¿cuánto cuestan los pasajes?, ¿cuánto cuesta un almuerzo en ese lugar? “En todas estas cosas el niño debe intervenir y el padre debe involucrarlo, pero incorporando los procesos aritméticos”.

Con esta preparación, considera el maestro, un niño de entre 10 y 12 años puede iniciarse en Monopolio. “Ahí está muy sintetizado el pensamiento capitalista; si el niño empieza a jugarlo a temprana edad, me parece contraproducente –indica Molina–, pero si se ha trabajado en la planificación y la organización, va a tener una base cognitiva fuerte, como para jugar con responsabilidad”. Difícilmente va a caer en bancarrota.

Sí, debe haber mesada, pero en la adolescencia (12 a 15 años). Es un dinero semanal, una cantidad fácil de administrar con las habilidades que habrá adquirido en casa.

“Y en el bachillerato (16-18 años), el joven podría tener un emprendimiento que le permita ir independizándose económicamente, hacer su plata y ahorrar”.

Tal vez la lección financiera más importante con la que los padres enviarán a sus jóvenes adultos al mundo es que el dinero hace posibles tres circunstancias: sobrevivir (la más básica), prevenir (muy importante) y, en caso de acumulación, adquirir aquello que el dinero simboliza en este mundo, el poder económico.

¿Cuáles desea usted para sus hijos? Eso decidirá el rumbo de su formación. “En la medida en que las familias o la escuela eduquen al niño en que el dinero nos permite sobrevivir y prevenir, formaremos a un ciudadano muy responsable con sus finanzas”. (F)