A primera vista, las piezas de Luzma Joyas llaman la atención por su tamaño, su presencia y su carácter escultórico. Anillos largos que cubren casi todo el dedo, aretes de metal martillado con símbolos grabados, collares que mezclan bronce con madera, semillas o piedras. No son accesorios discretos ni pensados para pasar desapercibidos. Son piezas que ocupan espacio, que buscan ser vistas y que, en muchos casos, funcionan como objetos artísticos.
Detrás de ese universo creativo está Luz Marina Jara Iñiguez, diseñadora guayaquileña que encontró en la joyería una segunda vocación después de una vida dedicada a la ingeniería química. A sus 64 años, su marca Luzma Joyas se ha consolidado como una propuesta de joyería artística que combina metal, ancestralidad y diseño contemporáneo.
Luzma Joyas nació en el 2010 como una “alternativa de ayuda económica”, explica la artista. En sus inicios, el proyecto no estaba ligado al diseño propio, pues durante varios años la marca funcionó con una línea de joyería genérica en plata. Era una etapa de aprendizaje en la que Luz Marina se dedicaba a comercializar piezas mientras comenzaba a entender el funcionamiento del mercado.
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El punto de inflexión llegó en 2018, cuando decidió desarrollar su propia línea de joyería completamente artesanal. A partir de ese momento, comenzó a construir una identidad propia basada en la experimentación con materiales, el volumen de las piezas y una fuerte influencia de símbolos ancestrales.
“Nuestras piezas son un mestizaje entre arte y artesanía”, comenta la diseñadora. “Trabajamos con bronce en su estado natural para que nuestras piezas de joyería puedan perdurar en el tiempo como expresiones de arte”.
El bronce se convirtió así en el material central de su trabajo. Aunque no es un metal precioso, su maleabilidad permite crear piezas de diferentes tamaños y formas. A diferencia de otros diseñadores que recubren el metal con baño de oro, Luz Marina prefiere trabajar el bronce tal como es, sin ocultar su naturaleza.
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Ese enfoque responde también a su formación científica. La experiencia como ingeniera le permite analizar materiales, controlar procesos y evaluar la calidad de cada pieza. En su trabajo cotidiano, la creatividad convive con la planificación técnica.
Un talento que apareció con el tiempo
Aunque la creatividad siempre estuvo presente en su vida, el diseño de joyas no fue un camino que imaginara desde joven, pues pertenece a una generación en la que el objetivo principal era estudiar una profesión formal. “Yo soy de una generación en la que tú terminabas el colegio y tenías que hacer una carrera. Tenías que ser abogado, médico o ingeniero”, recuerda.
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Ella eligió la ingeniería química y trabajó durante años en ese campo. Sin embargo, su relación con la moda y los accesorios venía de mucho antes. Desde joven coleccionaba bisutería y siempre prestó atención a la ropa y a los detalles estéticos.
El gusto por lo grande y lo diferente
Si hay algo que define el estilo de Luzma Joyas es el tamaño. Las piezas son grandes, voluminosas y excéntricas. El gusto por lo llamativo no surgió de la nada. Desde su juventud, su estilo personal ya se alejaba de lo convencional. Durante su etapa escolar y universitaria, solía vestir de manera distinta al resto.
“Cuando me describían, decían ‘la chica excéntrica’”, recuerda entre risas.
Con el tiempo, esa inclinación por lo diferente se convirtió en la base de su propuesta estética. Sus primeros diseños fueron anillos grandes que tuvieron una buena acogida entre sus clientas. Luego aparecieron los aretes, los collares y otras piezas que mantuvieron esa misma línea maximalista.
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Pero el tamaño no es el único elemento distintivo de su trabajo. A lo largo de los años, la diseñadora comenzó a incorporar referencias culturales y símbolos ancestrales en sus diseños.
Las figuras indígenas, los arabescos y la venus de Valdivia aparecen con frecuencia en sus piezas. También existe un símbolo que se repite de manera constante: el sinfín, conocido también como caracol.
Inspiración entre libros, historia y naturaleza
El proceso creativo de Luz Marina comienza casi siempre con la investigación. La diseñadora revisa revistas, libros, tendencias de moda e incluso referencias históricas antes de comenzar a dibujar.
A partir de diferentes ideas, construye un concepto propio que luego se transforma en un boceto. No busca replicar lo que ya existe, sino reinterpretarlo.
Su producción creativa se centra en piezas únicas o series cortas. Aunque no trabaja con colecciones tradicionales, suele agrupar diseños bajo conceptos inspirados en la naturaleza o en elementos históricos.
La mezcla de materiales también forma parte de esa exploración. Además del bronce, utiliza alpaca, aluminio y ocasionalmente cobre, así como materiales orgánicos, como semillas, madera, cacho, cuero o piedras semipreciosas.
“Todo lo que tú ves en tu entorno yo lo convierto en una pieza”, afirma.
Para Luz Marina, sus joyas no deben entenderse únicamente como accesorios. Su intención es que cada pieza funcione como una obra de arte portátil.
Por esa razón, su propuesta no está pensada para un consumo masivo. Sus clientas suelen pertenecer a un nicho muy específico: mujeres profesionales, independientes, generalmente mayores de 40 años, con interés en piezas diferentes. “Son personas arriesgadas, seguras y con mucha autoestima”, confiesa.
El mayor desafío, reconoce, ha sido lograr que el público comprenda ese enfoque artístico.
De ‘boutiques’ a pasarelas
Uno de los momentos clave en la trayectoria de Luzma Joyas ocurrió cuando sus piezas comenzaron a exhibirse en la boutique de la diseñadora Olga Doumet en el centro comercial Alhambra. Durante cinco años, ese espacio funcionó como una vitrina importante para su trabajo.
Desde entonces, sus joyas han participado en numerosas producciones editoriales de moda, tanto en Ecuador como en el extranjero. En total, su trabajo suma alrededor de 35 colaboraciones en prensa escrita y 19 en editoriales digitales.
También ha colaborado con artistas ecuatorianas, como Pamela Cortés, Mirella Cesa y Brenda, quien utilizó sus joyas durante su presentación en el Festival de Viña del Mar 2026.
Su trabajo también formó parte del libro Efecto Valdivia de Paulina Andrade.
Actualmente, la marca produce entre 180 y 200 piezas al año. Luz Marina vende principalmente de forma directa en línea, además de recibir clientes en su showroom mediante cita previa. (E)








