Una potente explosión de energía solar, conocida como eyección de masa coronal (CME), se dirige hacia la Tierra y podría provocar alteraciones en el entorno espacial del planeta en los próximos días, informó el Observatorio Astronómico de Quito (OAQ), de la Escuela Politécnica Nacional.
El fenómeno está asociado a una fulguración solar de clase X1.9, una de las categorías más intensas dentro de la actividad solar. Este tipo de eventos consiste en explosiones gigantescas de campo magnético y plasma que se originan en la corona del Sol y expulsan al espacio miles de millones de toneladas de material a velocidades supersónicas.
Fenómeno solar afectará al planeta desde el 20 de enero
De acuerdo con el OAQ, la explosión se produjo en la región activa 4341, ubicada cerca del centro del disco solar visible, lo que favorece una trayectoria directa hacia la Tierra.
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Aunque la radiación de la fulguración (rayos X y ultravioleta) llegó al planeta en apenas ocho minutos, la nube de plasma viaja más lentamente y se espera que impacte el campo magnético terrestre entre el martes 20 y el miércoles 21 de enero de 2026.
Tormenta geomagnética y posibles efectos
Los modelos de predicción indican una alta probabilidad de una tormenta geomagnética fuerte (G3) o incluso severa (G4). Este tipo de tormentas puede generar varios efectos, entre ellos:
- Interferencias momentáneas en las comunicaciones de radio de alta frecuencia.
- Fluctuaciones leves en los sistemas de navegación GPS, que podrían ser percibidas por servicios de geolocalización de alta precisión o por usuarios de drones.
- Auroras más intensas de lo habitual, visibles principalmente en latitudes altas y, en algunos casos, medias.
Las imágenes satelitales muestran que la eyección presenta un “halo completo”, una señal de que el material solar se expande en dirección a la Tierra, aunque la mayor concentración de plasma parece desplazarse ligeramente hacia el este.
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Sin riesgo para la salud
Pese a la magnitud del evento, el Observatorio Astronómico de Quito subrayó que no existe un riesgo directo para la salud humana ni es necesario modificar las actividades cotidianas. El monitoreo continuo de este tipo de fenómenos, explicó la institución, es clave para proteger la infraestructura satelital, mejorar la comprensión del clima espacial y anticipar posibles impactos tecnológicos.
La actividad solar, recordaron los expertos, es parte del comportamiento natural y dinámico del Sol, una estrella cuya influencia va mucho más allá de la luz y el calor que recibe la Tierra cada día. (I)
































