Muchas veces olvidamos que las paredes pueden ser un factor fundamental a la hora de cambiar el carácter general de un ambiente. Si las pintamos de blanco, no debería sorprendernos que manifiesten cierta frialdad y esterilidad. Si queremos aportar algo de jovialidad, ¿es lo ideal desterrar el blanco de las habitaciones y llenarlas de color?

“Todo depende del efecto que uno quiera lograr”, dice la diseñadora de interiores Ines Wrusch, que trabaja en Hamburgo. “¿Quiero generar un ambiente cálido, acogedor e íntimo o más bien una sensación clara y estricta?”. Dependiendo de lo que se busque, se elige uno u otro color.

Vale la pena animarse a darle color a las paredes. Pero el rojo lleva a una mayor excitación, no es el más apropiado para un espacio de reposo. (Agencia: DPA) Foto: Kai Remmers

Los efectos del blanco

Las paredes blancas suelen ser las más vistas porque se supone que son prácticas y que se las puede combinar o “condimentar” con muebles y accesorios de prácticamente todos los estilos. “En principio es así. Pero el blanco solo tiene un efecto neutral y aburrido. Los tonos suaves o pastel pueden resultar mucho más agradables”, dice Wrusch.

El renombrado investigador de colores Axel Venn, que es profesor en Berlín, va un paso más allá al afirmar que “en los ambientes blancos la vida no resulta demasiado divertida”. “Incluso van en contra de la vida”, sostiene.

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Los niños que crecen en pisos pulcramente blancos, con los años, suelen tender a elegir esa misma variante presuntamente práctica. “Eso hace que se pierdan un costado creativo, de experimentación”, dice el experto. Advierte que es una pena, porque, desde su perspectiva, habitar no tiene por qué ser en primera línea práctico, sino fundamentalmente agradable. Los colores suelen generar casi automáticamente una sensación placentera, de bienestar, “cautivan la percepción”, opina Venn.

Los colores inspirados en la naturaleza o los tonos pastel claros generan una sensación de bienestar en los ambientes. (Agencia: DPA) Foto: Christin Klose

El color, disparador de emociones

¡Pero atención! Colocar demasiados colores o el color inadecuado no solo puede ser un espanto desde un punto de vista estético, sino que puede perturbar el ánimo. “Los experimentos han demostrado, por ejemplo, que estar en un ambiente pequeño de paredes rojas hace aumentar la presión”, comenta Ines Wrusch. “Si uno quiere que un ambiente le genere serenidad, el rojo no sería una buena elección”, advierte.

La diseñadora recomienda que, antes de escoger nuevos colores para una vivienda, se observe cuáles son los elementos que ya están allí. “Es algo que suele subestimarse. Los muebles, las alfombras, las mantas, los cojines, las cortinas, la decoración y los accesorios ya suelen tener un color propio”, observa.

La naturaleza como fuente de inspiración

Un elemento esencial en los ambientes son los libros y los cuadros. Sin estos elementos, una vivienda no resulta “vivible”, opina Venn. “Debería estar prohibido que alguien se mude a una casa si no tiene al menos 3.000 libros”, bromea el especialista.

Pero, más allá de las bromas, Venn lo dice muy en serio. “Los libros le dan estabilidad a una casa. Suelen estar durante años en el mismo sitio y acompañar a las personas a lo largo de su vida. Eso irradia serenidad. Una biblioteca o una pared de libros es una especie de garantía de eternidad”, indica. Los cuadros tienen una función similar, si bien la gente suele cambiarlos más seguido.

La naturaleza pude ser una buena fuente de inspiración para definir qué colores nos hacen bien. “Ofrece tonalidades que uno puede apreciar tanto por la mañana como a mediodía o por la noche. Eso ya puede darnos cierta pauta sobre lo que nos hace bien”, observa Venn.

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Según sus conclusiones, las personas suelen sentirse mejor con colores pastel claros, que tienen algo primaveral, soleado y cálido. Y la máxima que rige de fondo siempre es: no colocar demasiados contrastes en un ambiente, de ese modo conservarán la armonía.

Puede resultar muy hermoso que cada ambiente refleje los colores de la orientación en la que se encuentran. “De ese modo, la atmósfera variará de ambiente en ambiente”, explica.

La luz puede realzar los colores

De todos modos, puede suceder que alguien encuentre su color favorito, decore su hogar usándolo a diestro y siniestro y que, después de un tiempo, se canse de verlo. “Es muy normal”, dice Wrusch. El observador cambia aunque su contexto no lo haga, aclara.

Una pared celeste que siempre tuvo un efecto de sosiego puede de pronto alterar el ánimo o resultar molesta”, ejemplifica. Tiempo de cambiar. Es relativamente fácil cambiar el color de las paredes y eso transformará toda la casa.

Si uno pinta una pared que antes era azul de naranja o un naranja rojizo, cambia radicalmente la dimensión del ambiente”, dice Venn. “En azul, el ambiente parece más grande, mientras que el rojo anaranjado acercará visualmente la pared y hará que el ambiente resulte más íntimo”.

Wrusch recomienda además tener en cuenta ciertos estándares de calidad. Afirma que vale la pena invertir un poquito más, sobre todo en materia de pintura. Los colores con pigmentos naturales tienen un efecto mucho más agradable que los químicos, en su opinión. Los pigmentos minerales o vegetales hacen que los colores parezcan más profundos y plenos, además de ser más ecológicos.