La música apareció muy temprano en la vida de Shalom Mendieta. Antes de pensar en discos, escenarios, seguidores o giras, la cantante guayaquileña ya encontraba en el canto una forma natural de expresarse. Sus primeros recuerdos musicales están ligados a la iglesia, donde creció cuando tenía 4 o 5 años, como recuerda la artista. Aquella experiencia, aunque sencilla, fue el inicio de una relación que con los años se convertiría en su proyecto de vida.

Hoy, a sus 28 años, Mendieta es una cantautora que ha ido construyendo su camino dentro de la escena musical ecuatoriana paso a paso con una propuesta que mezcla géneros latinoamericanos, canción de autor y exploración sonora. Su música parte de una base íntima (voz y guitarra), pero se nutre de distintos ritmos de la región y de una búsqueda constante por expandir su identidad artística.Su profunda relación con la música, sin embargo, no comenzó en academias ni conservatorios.

Durante su adolescencia, el acceso a la formación musical dependió en gran parte de su propio esfuerzo. Mientras estudiaba en el colegio, empezó a vender dulces para pagar sus primeras clases de canto y piano. “Así empezó mi forma de autogestión en la música desde que soy adolescente”, cuenta. La composición llegó aun antes. Mendieta comenzó a escribir canciones cuando tenía apenas 12 años.

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Su primer recuerdo como compositora está ligado a una experiencia adolescente que terminó convertida en canción. “Me acuerdo mucho de la primera canción que hice, se la hice a un chico. Él me dedicó una en un campamento de la iglesia y yo, en vez de responderle dedicándole otra, lo que hice fue hacerle una canción desde cero”, relata. Para ella, crear música siempre ha sido una forma directa de decir lo que piensa o siente. Esa forma de escribir desde lo personal continúa siendo una de las bases de su trabajo artístico.

Con el paso del tiempo, su interés por la música se volvió también un camino académico por completo. Mendieta decidió estudiar Artes Musicales y Sonoras en la Universidad de las Artes de Guayaquil, una experiencia que amplió su manera de entender la composición. “Ahí fue cuando me di cuenta de que había muchísimas más formas de abordar la música, no solo desde lo que se tiene que decir o desde la letra”, explica. Durante esos años descubrió géneros y sonoridades que luego se integrarían y nutrirían a su propuesta artística. “Fue cuando me topé con lo afro, lo folclórico, lo nuestro, los géneros de Latinoamérica”, recuerda.

Ese encuentro con las raíces musicales de la región terminó por marcar el rumbo de su proyecto. Antes de esa etapa, como muchos jóvenes ecuatorianos, su referencia musical provenía principalmente de lo que sonaba en la radio: pop y baladas internacionales. La universidad, en cambio, le permitió explorar otras tradiciones musicales y reconocer la riqueza sonora de Latinoamérica.

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La artista guayaquileña durante la filmación de 'Ayayay', bajo la dirección de Lesly Guerrero y Jouseff Dager, donde la memoria y el baile conviven como una misma emoción. Foto: Cortesía

Esa exploración se refleja hoy en una propuesta que ella misma describe como un viaje y aventura musical. “Mi música es un viaje sonoro por Latinoamérica, y es un viaje musical que está en constante movimiento”, declara. Su carrera profesional comenzó en 2019, cuando ingresó a la universidad y empezó a presentarse en festivales incluso antes de lanzar sus primeras canciones. “Me presenté en festivales desde el inicio, sin música oficial”, recuerda.

Con el tiempo, su público comenzó a crecer hasta el punto de que algunos seguidores ya conocían sus canciones antes de que fueran publicadas oficialmente.

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Ese mismo año lanzó su primer sencillo, Tranqui (febrero 2019), un punto de partida dentro de su discografía. Después llegaron nuevos proyectos que ampliaron su universo musical, entre ellos el EP Fugaz (septiembre de 2024), un trabajo que explora emociones intensas y relaciones breves a través de canciones de inspiración latina. Más adelante publicó Madera y cuero (febrero de 2025), un proyecto que profundiza en la identidad latinoamericana de su música y que incluye las canciones Velita, Mar, En mi piel y Trigueño. Este último tema se convirtió en uno de los ejes conceptuales de su propuesta.

“Trigueño es un personaje ficticio que representa mucho la identidad de mi música”, comenta. En la canción, el personaje simboliza experiencias comunes dentro de la historia latinoamericana, como los procesos migratorios o la búsqueda de nuevas oportunidades lejos del lugar de origen. Ese personaje forma parte de un universo narrativo que Mendieta ha desarrollado a través de sus videoclips.

En su proyecto, la música se conecta con elementos visuales, personajes y símbolos que aparecen de forma recurrente y que construyen una historia en constante evolución. “Pienso que mi música es bastante integral en cuanto a concepto. No solamente viene por la parte sonora, sino también por toda la parte estética y visual”, señala.

Esa visión se expande ahora en su próximo proyecto: su primer álbum de larga duración. El disco retomará el universo de Madera y cuero y lo ampliará con nuevas canciones que continuarán la historia iniciada en trabajos anteriores.Entre los nuevos temas estará No tengo miedo, una canción que marcará un cambio importante en su repertorio.

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A diferencia de muchas de sus composiciones anteriores, centradas en experiencias personales o emocionales, esta pieza tendrá un enfoque social y político. “Nunca lo había hecho a través de mi música. Mi música siempre ha sido como un lugar de refugio… pero esta es la primera canción en la que voy a hacer un punto de quiebre", reconoce la cantautora.

Hasta ahora, explica, sus canciones habían girado principalmente alrededor de vivencias personales, relaciones afectivas o procesos emocionales, explorando temas como el amor, el dolor o la pérdida desde una mirada introspectiva. Aunque en redes sociales suele expresar su postura frente a temas que ocurren en el país y se mantiene activa opinando sobre distintas problemáticas sociales, realmente nunca había trasladado esa dimensión a su obra musical.

Además del nuevo álbum, Mendieta atraviesa también un cambio importante en su proceso creativo. Este año instaló su propio estudio musical, un espacio que le permitirá explorar una nueva faceta dentro de su carrera: la producción. “Ser productora también es una meta ahora. Quiero tomar las riendas de mis producciones y de mis composiciones de forma más integral”, dice.

Mendieta afirma que, aunque durante años ha trabajado junto con productores y músicos que forman parte de su equipo creativo, ahora busca involucrarse de forma mucho más directa en todo el proceso de creación sonora.

Su proyecto también ha empezado a cruzar fronteras. Recientemente participó en el festival Tribal Gathering en Panamá, donde se presentó en el escenario principal del evento. La experiencia formó parte de un proceso de internacionalización que comenzó tras su participación en un encuentro de mujeres de la industria musical latinoamericana.

La vivencia en ese encuentro musical fue una oportunidad para presentar su proyecto ante profesionales de la industria de distintos países. Ese espacio de intercambio le permitió establecer contactos y abrir nuevas posibilidades de circulación para su música fuera de Ecuador, un paso importante para artistas independientes que buscan proyectarse hacia escenarios internacionales.

Para la artista, presentarse frente a públicos nuevos siempre implica un desafío y una motivación. “Me encanta ir a públicos nuevos. Siempre en mis shows me reto a hacer algo diferente”, manifiesta. Ese espíritu de exploración es también el motor de su música. Mendieta insiste en que su proyecto no busca quedarse en una sola categoría o género musical. “No quiero que se me categorice bajo ningún género. Siempre voy a seguir en constante exploración”, afirma.

Esa búsqueda está profundamente conectada con su propia vida. Para la cantautora, no existe una separación clara entre la persona y la artista. “Shalom persona y Shalom artista... somos una sola”, explica. “Todo lo que me pasa a mí en lo personal se refleja en lo artístico”.

En un país donde la industria musical todavía se encuentra en desarrollo, abrirse camino como artista independiente implica retos. Mendieta reconoce que el mercado ecuatoriano aún enfrenta limitaciones, como la falta de inversión o la ausencia de grandes disqueras internacionales.

Aun así, considera que la escena musical local está creciendo y que cada vez más artistas están logrando visibilidad dentro y fuera del país. “Creo que hay muchos artistas que estamos liderando este movimiento artístico y estamos forjando muy bien el camino”, expresa.

Para ella, el arte también cumple un rol social. “El arte es resultado de lo que vivimos como seres sociales. El arte es político, y al menos bajo mi composición o bajo mis letras siempre intentaré ser lo más genuina posible”, reflexiona.

Mientras trabaja en su próximo álbum, que lanzará este año, y en nuevas colaboraciones, Mendieta continúa construyendo un proyecto que, más que un destino fijo, se parece a un recorrido en permanente transformación. Un viaje musical que, como ella misma lo describe, sigue avanzando por los distintos paisajes sonoros de Latinoamérica. Al final, asegura, todo lo que vive termina encontrando su forma de convertirse en canción para contar algo. (E)