Cuando Samanta Mora define sus casi 20 años de carrera, la periodista ecuatoriana se muestra segura y determinada al verse como una “mujer de riesgos”. Su trayectoria, que une disciplina, adaptabilidad y una búsqueda constante de autenticidad, es su prueba para demostrarlo.
En esta entrevista, la comunicadora de 37 años nos recuerda que se lanzó al periodismo cuando era adolescente, como quien se “lanza a una piscina sin saber nadar”. Ahora, se siente orgullosa de haberse convertido en uno de los rostros más empáticos y visibles de la televisión nacional, específicamente en el ámbito de la crónica de comunidad.
Efervescencia adolescente
A los 16 años el mundo de uno gira alrededor de los amigos, estudios, salidas y hasta primeros amores. En su caso, Samanta se encontró con su primer trabajo: la televisión. Desde entonces no la ha soltado.
Publicidad
Mientras aún cursaba el colegio, fue descubierta en la calle por alguien que vio en ella una “vibra” especial. Su debut fue en el programa Área 51 (RTU), un segmento de corta duración pero que le sirvió de trampolín para iniciar su recorrido en los medios.
A continuación pasó a Televisión Satelital para conducir 16 TV, un espacio icónico de la primera década del 2000 para los jóvenes guayaquileños, que salía al aire justo en el horario después de clases.
El contenido giraba en torno al espectáculo internacional, con notas dedicadas a Paris Hilton, Britney Spears (estrellas de esa década), hasta dinámicas interactivas con el público. “Teníamos una trivia de escribir una palabra y enviarla a un número para que veas la compatibilidad de, por ejemplo, María con Pepito, o de alguien que te gustaba. Para ese tiempo era divertidísimo, superchévere. Era lo que nos gustaba a todos los que nacimos en los 90, 88, 87…”, recuerda de esa época antes de los smartphones, emojis y redes sociales.
Publicidad
Su escuela más dinámica fue el programa La preli, en RTS, un contexto radicalmente distinto a lo que venía haciendo. Fue la experiencia que le dio más soltura frente a las cámaras, reconoce, al recorrer discotecas y bares de Guayaquil y entrevistar a artistas en vivo en un set.
Maternidad y madurez
A diferencia de otros profesionales, que quizás adquieren madurez exclusivamente a través de los años de oficio, Samanta identifica un punto de quiebre personal en su hoja de vida: la maternidad a los 19 años. “Considero que siempre he sido una mujer capaz de lanzarme a la piscina así sea sin saber nadar. Soy una mujer de retos”, expresa. “Pero esa capacidad de poder decir ‘vamos, lo hago’, sin tener miedo, creo que fue al ser mamá joven. Fue un punto importantísimo que me hizo madurar”.
Publicidad
Incluso le significó un cambio de perspectiva. Lo que al inicio empezó como un deseo de “divertirse y explorar el mundo” de la TV, se transformó en una carrera al mismo tiempo que una responsabilidad vital en virtud de sus hijos Amalia y Juan Diego, de 19 y 9 años, respectivamente.
Esta experiencia le otorgó una base sólida para manejar la presión de los medios y entender que el trabajo es un medio para dignificar su vida familiar. “Me gustaría que ellos puedan ver en mí una mujer trabajadora, que no soy perfecta, pero que a pesar de tener miedo yo me he lanzado a hacer lo que he querido”, agrega.
Del glamour a la realidad
La televisión puede ser intimidante para alguien sin experiencia. “Es como todo lo nuevo. Te da miedo, pero siempre tienes algún mentor, alguien que te va dando indicaciones, que te dice cómo hacerlo, hasta que logras encontrar tu esencia, tu autenticidad, tu firma; hasta que logras encontrar tu línea y lo que quieres transmitir”.
Eso ha sido lo más importante en su paso por Ecuavisa, donde acaba de cumplir quince años de trabajo. En el Canal del Cerro experimentó una de las transiciones más desafiantes para cualquier comunicador: dejar el “set glamoroso” del entretenimiento por la crudeza de la comunidad.
Publicidad
“Hacer comunidad me hizo boom en la cabeza. Me ayudó a ser más humana, más empática, me hizo más sensible. A poder despertar ese sexto sentido de cómo tener ese acercamiento con la gente”, ilustra la que una vez fue un rostro sonriente del segmento Gente.
Enfrentar la realidad de la calle exige una fortaleza mental superior, asegura Samanta. Las notas que no dejan de impactarle son las historias de pobreza extrema. Como una madre alimentando a gemelos solo con agua de anís, porque no tenía para la leche, en medio de condiciones precarias.
“Nunca había vivido algo así. Y soy mamá, imagínate… En ese momento me quería lanzar a llorar y también cuestionar muchas cosas. Pero hay que aprender a gestionar las emociones”, relata, obligándose desde entonces a separar lo profesional de lo personal. Aunque se define como una mujer sensible, ha desarrollado la capacidad de no “quebrarse” en vivo, utilizando esa sensibilidad para humanizar la noticia sin perder el rigor.
Sin duda, Samanta deja en claro que su sello es la empatía. Al ser tanto reportera de calle como presentadora de estudio, tiene la ventaja de haber palpado el dolor y la indignación de la gente de cerca. Su objetivo es trasladar a la pantalla esa “rabia y dolor” de quienes no son escuchados, logrando que el espectador sienta que hay una conexión humana real detrás de la estructura del noticiero.
Rutina y vida familiar
Samanta Mora comienza a las 05:00 su día, de lunes a viernes. Su jornada en el canal incluye la revisión de noticias de última hora, la conducción del noticiario (que termina a las 09:00) y luego la salida a coberturas de campo hasta las 14:00. Y después están los turnos de fin de semana, que son rotativos.
El periodismo es demandante, pero afirma que sus hijos han crecido viendo a su madre en esta profesión, por lo que han normalizado sus horarios atípicos. Por eso, en sus días libres, domingos y sábados, sus planes incluyen preparar el desayuno entre todos, practicar ejercicios funcionales, ir al parque, montar en bicicleta, cenar en un restaurante, hasta lo más simple que es pasar en cama viendo películas. Y el favorito: ir a la playa. No solo es la actividad preferida de su familia, es su manera de recargarse.
Es que cubrir problemáticas sociales, además de desafiante, puede llegar a ser abrumador, por ciertas condiciones dolorosas o frustrantes (como la que compartió más arriba).
En el pasado, Samanta recurría a sesiones de reiki, una terapia de alineación energética para drenar lo negativo. Ahora, añade, descarga con ejercicio físico, en especial con entrenamientos intensos que comparte con su primogénita. Y si no es eso, busca una tarea de desconexión total, como limpiar su clóset, escuchar música a alto volumen o viajar al mar.
De esa forma, explica, ha aprendido a no tomarse los problemas externos como personales. “Hay que saber elegir las batallas para cuidar la salud mental”, manifiesta.
Moda y empoderamiento
Aparte de ser la cara de la noticia de la comunidad en las mañanas de Ecuavisa (junto con su compañero Fernando Terranova), a Samanta le gustaría que el público conociera otras facetas de ella. Además de la periodista seria, se proyecta como una mujer multitasking, sobre todo interesada en la moda y la asesoría de imagen.
Pocos saben que estudió Colorimetría en Guadalajara (en el 2024) y que planea formarse en estilismo. Su meta es ser un referente de moda en la televisión ecuatoriana. Y, según los comentarios en redes sociales, ya está en camino: sus combinaciones son aplaudidas por sus seguidores. “Es la más guapa del canal y siempre está bien vestida”, se lee en una publicación.
Pese a que en pantalla sigue un protocolo formal, en la vida diaria define su estilo como más inclinado a lo deportivo: tenis, jeans y camisetas básicas, logrando un look muy fresco.
Para ella, verse bien es un acto de respeto y amor propio. Incluso de empoderamiento y fortaleza interna. “Recuerdo una vez en una entrevista a una señora que decía que ella no se podía maquillar para salir de su casa, o por el barrio, porque el marido pensaba que tenía un amante, o que si estaba maquillada era por prostituta. ¿Cómo pueden ser señaladas las mujeres simplemente porque se arreglan?”, se cuestiona. “Quiero que pierdan ese miedo que el machismo está liderando ahí. Que hay que verse bonitas, arreglarse, en un acto para quererse y amarse”.
‘Yo’ del pasado y nuevas generaciones
Con una trayectoria de un poco más de 20 años, Samanta Mora puede hacer el ejercicio de reflexionar sobre su pasado y dirigirse a las nuevas generaciones. A su versión de 16 años le diría: “No intentes cumplir las expectativas de nadie más que las tuyas”. Que no se necesita la aprobación externa si se sigue la intuición propia.
Para los jóvenes periodistas, su consejo es claro: “Preparación y disciplina. El talento abre puertas, pero la disciplina las mantiene abiertas”, señala en primer lugar.
Luego está la autenticidad, que es igual de importante. “No intentar imitar a los grandes referentes, sino encontrar un estilo propio”, algo que vivió en carne propia cuando pisó el estudio de Ecuavisa y vio hacia arriba a las renombradas comunicadoras Teresa Arboleda y Tania Tinoco (fallecida).
“La credibilidad no la da la ropa, sino el trabajo ético y la persistencia en el campo”, puntualiza. (E)


