Por estos días, la vida de María Teresa Guerrero, más cariñosamente llamada la ‘Flaca’ Guerrero, es una balanza que cada vez se inclina más hacia la alegría, a la gratitud, al amor y a las ganas de vivir. Los pesos del miedo, la ansiedad, el dolor y el sufrimiento siguen allí todavía, pero con el paso del tiempo tratan de hacerse soportablemente leves y lejanos.
En ese balance a favor la expresentadora de televisión se ha convertido en una mujer que inspira, luego de atravesar la ola más alta y violenta de su vida: un cáncer en los dos ovarios, en estadio 3 (fase avanzada), con metástasis en el peritoneo.
No se considera una coach ni una motivadora, pero su cercanía, carisma y facilidad para dialogar sobre su experiencia la han convertido en una especie de portavoz sobre su enfermedad. Justamente fue invitada al evento Invencibles, de la Cámara de Comercio de Guayaquil, en diciembre, donde compartió escenario con el famoso conferencista motivacional mexicano Daniel Habif. Y, antes de eso, compartió su testimonio en la conferencia Ekos Violeta Summit 2025.
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¿Recuerdas la sensación de tu primer entrenamiento tras recibir el alta?
Nunca dejé de hacer deporte, ni cuando estaba en quimioterapia. Muchas personas, cuando les dicen que tienen cáncer, piensan que la vida se acabó. Para mí fue un reto más. Me dije “este año ya no puedo ir al mundial (de Ironman) que me clasifique en marzo.” Entonces mi mundial va a ser vencer al cáncer.
No entrenaba como antes, pero siempre hice deporte, corría. Me ponían la quimio los lunes y yo el jueves salía a correr mis 5 km e iba al gimnasio tres veces a la semana. Trataba de que mi cuerpo esté fuerte, comía bien, bajé el estrés, que para mí también fue parte de lo que me enfermó. Me mudé a la playa y busqué una red de apoyo, que es importantísimo cuando tienes un diagnóstico.
De hecho ahora estoy emocionadísima, porque voy a hacer mi primera media maratón. El deporte es mi vida desde que tengo 8 años. Es tanta mi pasión que yo dejé la televisión hace más de 11 años, en en el pico de mi carrera, porque quería seguir con el deporte.
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¿En qué momento dejaste de ver el cáncer como un enemigo, sino como la carrera más difícil de tu vida?
Cuando te dicen que tienes cáncer es como que se te pone una pared enorme encima, porque comienzas a preguntarte qué va a pasar con el trabajo, con las finanzas, con la pareja, con los amigos.
Me acuerdo que le dije al doctor, “¿Qué tengo que hacer para no morirme?”. Y me respondió “seguir este plan de acción”. Entonces me dije “vamos a hacerlo, voy a cruzar la ola”. Lo comparaba con la ola que tengo que cruzar cuando estoy en un Ironman y tengo que nadar 4000 m en aguas abiertas. La que tengo que cruzar sola, y con miedo, porque no tengo otra opción.
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Amo la vida demasiado. Si fallaba, por lo menos sabía que hice todo lo posible para seguir en este mundo. Y eso fue lo que hice. Seguí el plan de acción del doctor, tal cual como me lo dijo, porque hay tanta información en internet que te puede confundir. Eso es un error, porque lo que le sirvió a Juanita, no le sirve a Pepita.
Escribiste que “nadie sale siendo la misma persona al sobrevivir el cáncer”. ¿Qué partes de María Teresa Guerrero de antes de este diagnóstico ya no están y qué parte nueva ha nacido?
Soy un poco más consciente de la vida. Creía que era consciente después de que me atropelló un carro hace más de 13 años. Pero no. Hoy disfruto un poco más la vida, trato de bajarle dos rayitas a las cosas y quitarle el estrés a todo. Yo quería todo rápido, quería siempre cumplir 1000 metas, ir un un paso más adelante que los otros. Aprendí con el cáncer a soltar, a valorar.
Va a sonar ilógico, pero nunca he sido tan feliz desde que tengo cáncer, porque me unió mucho más a mi familia. Y estoy con la persona de mi vida (Graham Kersey). Nunca he sido tan feliz como con él, y es una persona que tuvo cáncer, entonces entiende perfectamente lo que estoy pasando.
Tuvo cáncer de piel, le sacaron los ganglios y un pedazo de la cabeza, hace 4 años. Y estoy con él ya hace tres. Él pudo haber salido corriendo, pero al contrario, me dijo “vente a vivir acá conmigo en Texas, en la playa.” Pasar un diagnóstico como el mío, sola, es imposible.
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¿Crees en las coincidencias, que por eso él estaba destinado para ti?
Él ha sido extremadamente generoso conmigo. Dios me puso a Graham en el momento perfecto, porque yo venía de un divorcio extremadamente triste. El deporte se convirtió en algo tóxico en mi vida, quería competir para ganar y, si perdía, me amargaba. Quería hacer cinco Ironman al año, a veces seis. Era una estupidez, quería estar siempre en los primeros lugares. Mi cuerpo nunca descansaba.
Después rompí con un novio que me rompió el corazón, estaba como en un hueco horrible y Graham apareció. Dios me lo puso, porque sabía que a mí me iba a dar cáncer y que él me iba a salvar, porque así fue.
Nos conocimos por una aplicación, en Colorado. Él estaba estudiando ingeniería espacial cuando yo vivía allá. De repente estuvimos 2 años juntos, hasta que a él lo mudaron de ciudad. Me diagnostican cáncer en abril y mi hospital del seguro está en la ciudad donde él se mudó. Todo se dio para esto. Y sí, creo en las diosidencias.
Como una persona activa y saludable, ¿te chocó ese diagnóstico? ¿Qué le dirías a otras personas en tu caso?
Ser deportista no te hace inmune al cáncer, todos los seres humanos tenemos células cancerígenas en el cuerpo que se activan por quién sabe qué. No soy nadie para juzgar a Dios y preguntarle por qué a mí. Será hereditario, tendré un gen, tendré estrés, ¿quién sabe?
Sí les diría es que no dejen de hacer deporte y no dejen de cuidarse, porque si yo no hubiera sido deportista, no estuviera aquí hablando contigo. A mí el deporte me salvó. Mis exámenes de sangre estaban tan bien que cada vez que a mí me hacían una quimioterapia, no tenía las plaquetas bajas, mi cuerpo estuvo perfecto para recibir la toxicidad de la quimio. Estaba listo para pelear.
Mi oncólogo en Estados Unidos me dijo “en 25 años de carrera, no vi una persona con el estadio que tú entraste que se haya recuperado tan rápido y esté en tan buenas condiciones como estás tú”. Me hicieron una histerectomía en agosto y un mes después ya estaba corriendo mis primeros 10 km. El doctor me decía “es increíble.” Por eso yo honro el deporte más que nunca.
¿Cómo estás gestionando el miedo a una recaída?
Eso es algo que le va a pasar a todas las personas con un diagnóstico, el miedo de si vuelve o no vuelve. Pero tengo que enfrentarlo. Tengo nuevamente que cruzar la ola. Estoy haciendo todo lo posible para que eso no pase. Por eso estoy haciendo un tratamiento de mantenimiento. Me gustaría no tener que viajar a Houston cada 3 semanas a ponerme una medicina en el puerto que me causa efectos secundarios y decir, “No, ya estoy bien, ya estoy en remisión, no lo hago.” Pero uno nunca sabe.
Y nada, tratar de pensar que eso no va a pasar y hacer todo lo posible para que no pase, pero ese es un miedo que vivimos todos los pacientes oncológicos, el que te diga que no, te está mintiendo. Tengo miedo, pero también estoy tan agradecida de vivir y de estar aquí.
Más allá de los trofeos y los programas de televisión, ¿te gustaría que este capítulo de tu vida sea el que más inspire a los ecuatorianos?
Ha sido dificilísimo, he llorado y he sufrido como nunca, pero al mismo tiempo he llorado de alegría y de agradecimiento. Simplemente el hecho de poder bañarme por mí misma después de una cirugía lo veía como un milagro. Poder caminar 5 minutos después de que me abrieron en dos lo celebraba como si hubiese corrido la maratón de Boston.
No te puedo explicar la cantidad de mujeres que me escriben a nivel mundial. Hay tantas mujeres con cáncer en el mundo, porque mis videos se han hecho virales y he tratado de decirles la verdad. No he querido romantizar el cáncer, es horrible. He tratado de contar mi proceso desde el inicio. Muchas personas me escriben y si puedo motivar a algunas, con eso me quedo. (I)


































