Palacio de Carondelet. Siete de la mañana. A esa hora arriba el equipo de La Revista para la entrevista con Lavinia Valbonesi, primera dama de Ecuador, o primera servidora, como prefiere que la llamen. Los filtros de seguridad son parte del recorrido. Puertas que se abren, credenciales que se verifican, protocolos que se cumplen sin estridencias. Más allá de los salones oficiales, donde la historia pesa en las paredes y la agenda marca el ritmo del día, hay un espacio distinto. Más silencioso, más doméstico. Es allí donde reside la familia Noboa Valbonesi. Allí nos recibe Lavinia. No hay gesto impostado. Está pendiente del tiempo. Habla con naturalidad, con una energía tranquila que revela organización y foco.
Tiene 27 años, dos hijos pequeños (Alvarito y Furio) y una lista clara de proyectos que no deja al azar.
Nuestra conversación se mueve entre la familia y el trabajo social que impulsa desde la Fundación Ana. Menciona a sus hijos con firmeza y afecto.
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Habla de unidad, de sostener el hogar, de elegir estar presente. Sabe lo que quiere construir. Lo dice sin grandilocuencia. Hay planes definidos, hay metas concretas y hay una idea constante: avanzar sin desprenderse de sus raíces. Mientras conversamos, se desarrolla la sesión de fotos que ilustra estas páginas.
Recientemente presentó una alianza con Burger King como parte de los proyectos de Fundación Ana, ¿cómo nace esta entidad?
Desde el primer día que creé la fundación, para mí era muy importante desligarla de los temas gubernamentales, que sea un proyecto netamente privado para que pueda trascender en el tiempo. Yo como veo la fundación a largo plazo, me imagino en muchos años, de viejita, con mis hijos, visitando los diferentes centros Ana, los comedores, y no ser yo quien los está liderando, sino mujeres que tengan las mismas ganas de luchar y brindar oportunidades a las mujeres ecuatorianas. Que haya crecido a ese nivel, que se pueda seguir creando mucho más allá de cualquier tiempo que mi esposo esté en un puesto público.
Por eso nos hemos manejado siempre gracias a las alianzas con la empresa privada, que se transforman en oportunidades, más allá de una donación económica que se recibe, también nos dan empleo, capacitaciones, una ayuda no solo momentánea sino a largo plazo. Por darle un ejemplo, el 1 de marzo lanzamos otra alianza con El Hornero, en el que por cada pizza nos van a donar un dólar. Más allá de eso nos van a dar empleabilidad para las mujeres del proyecto, les van a enseñar a las mujeres a hacer pizzas y también llevaremos niños de centros de acogida a que vivan la experiencia de hacer pizzas y de ser chefs por un día. Cada alianza es diferente.
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¿En qué provincias está presente la fundación?
Estamos presentes en todas las provincias, estamos en todo el país, gracias a Dios, de manera presencial; en línea estamos en todos los cantones en diferentes provincias.
Me causa mucha emoción, porque justamente en el Día de la Mujer vamos a cumplir nuestros primeros dos años. Es increíble retroceder en el tiempo y ver lo que hemos logrado. Estamos próximos a abrir nuestro comedor comunitario y centro integral en Guayaquil, esto ha sido un trabajo de hormiga. Somos una fundación autosustentable a nivel nacional.
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Y fuera del país...
Sí, la comunidad ANA también está presente fuera del país. Hoy acompañamos a mujeres migrantes ecuatorianas en ciudades como Nueva York y Madrid. El año pasado inauguramos en Nueva York un programa de formación en manicura y capacitación en microemprendimiento, que continúa funcionando gracias al apoyo de mujeres ecuatorianas que nos han abierto espacios para poder desarrollar estas actividades.
En Madrid, además, entregamos becas para el aprendizaje del idioma inglés, inteligencia artificial y realizamos capacitaciones orientadas al fortalecimiento de pequeños emprendimientos. A esto se suma nuestra plataforma de formación en línea, que permite que mujeres ecuatorianas en distintos países —como Italia, Suiza, Estados Unidos y España— puedan acceder a los programas de capacitación de ANA desde cualquier lugar.
¿Cuál de esas historias que ha conocido la ha tocado de forma profunda?
Tengo cientos, creo que las que más me tocan de forma fuerte son las que involucran a niños. Como madre, veo a mis hijos reflejados en estas historias, y creo que hablo por muchas mamás que cuando ven a un niño enfermo se imaginan qué pasaría si fuera tu hijo en esa situación. Nos pasó con un niño de Esmeraldas que vino a nuestro centro integral en Quito, tenía quemaduras de tercer grado, de 3 años, fue superduro.
Hace dos semanas tuvimos a una mamita que estaba embarazada y nos buscó porque supo que su bebé iba a necesitar una operación de emergencia. La trasladamos a Quito, tuvo a su bebé prematuro, de 36 semanas, también conecté porque soy mamá de un bebé prematuro, mi hijo Furio nació de 33 semanas. Fue como retroceder en el tiempo y decir qué bendición que mis hijos estén bien, pero también qué impulso y motivación ver a mis hijos reflejados en estas historias y qué ganas de seguir luchando por ellas.
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Sus raíces y familia
¿Qué escena de su infancia sigue visitando para recordar quién es?
Creo que tengo varias. Tengo las que me conectan a Galápagos, tengo las que me conectan a Manabí, pero si preguntas una que justo se me vino a la cabeza, cuando era chiquita, con mi mamá vivimos en una época en específico, vivimos en la casa de una tía en Los Rosales y creo que es donde más niña fui, porque por más que yo fui hija única y siempre estaba sola, ahí tenía a los vecinos.
Ahí el plan era jugar a las escondidas, vender limonadas, que me encantaba hacer, jugar fútbol. Nunca me ha gustado ponerme zapatillas, siempre he sido la que ven con el pie negro. Me encantaba porque podía compartir, vivía como en un callejón que tenía la tienda en la esquina. Conseguir 25 centavos para comprarme algo, me encantaban los Doritos.
¿Cómo fue su vida entre Galápagos, Manabí y Guayaquil?
Siempre viví según lo que me tocaba vivir, lo disfrutaba. En Manabí no viví nunca, pero siempre disfrutaba las vacaciones que eran las lluvias torrenciales. El otro día fui a Milagro y estaba inundado, veía a los niños nadar y me acordaba cuando yo hacía lo mismo. En Galápagos estaba siempre en la playa, me encantaba. Para ir a la casa de mi papá debía coger un bote, entonces siempre que me subía al bote, si podía hacerme una amiga o invitar a alguien a mi casa, era mi plan favorito. Y en Guayaquil, fue mi edad del burro. De chiquita jugué y disfruté. De joven comencé a vivir sola y no era tan consciente de lo peligroso que a veces puede ser cuando eres mujer y te toca subirte al bus o la Metrovía, el caminar. Vivía tranquila. Daniel siempre dice que yo creo que tengo un ángel que me va a cuidar y proteger, y así lo creo.
¿Cómo fue esa época de usar transporte público?
Sabes qué, relajadísima. Primero, yo me gradué a los 16 años. Mi mamá me dijo que me iba a poner en una universidad, y no me puso porque no me la podía pagar, pero consiguió para ponerme en el pre en la Universidad Casa Grande.
Yo tenía que ir todos los días en Metrovía y bus y para llegar a mi casa tenía que coger estos carritos viejos que te dejan por ahí. Y como yo sí quería estudiar en esa universidad, yo lo hacía.
Como vivía por La Aurora, me quedaba cerca el Hipermarket, me iba a los miércoles de vegetales, los viernes de proteínas, me salía más barato y yo salía con todas las fundas en el bus. Yo resolvía. Siempre resuelvo.
¿Qué le quita el sueño como madre actualmente?
Que mis hijos crezcan, que les pase algo en el transcurso, en el camino, en el crecimiento, que en algún momento que no esté les pase una emergencia.
Las madres suelen sentir culpas, ¿qué culpa siente?
Sí siento culpa cuando me voy muchas horas, siento culpa cuando estoy mucho tiempo fuera, cuando llego cansada, siento que sí les puedo dar más tiempo. Esa es mi mayor culpa. Siento que me organizo bien pero ahora que han crecido, retrocedo en el tiempo y digo: por qué no les di más tiempo. Ahora sí los estoy aprovechando más.
¿Qué le gustaría que sus hijos nunca tengan que vivir?
Que nunca se sientan solos. No quiero que nunca sientan miedo de ir a buscar ayuda mía, de Daniel. Quiero que siempre sientan que donde quieran ir, si necesitan algo, sientan esa confianza de ir a ver a sus papás, de que nos pueden contar algo.
Cuando la llaman primera dama, ¿qué siente la madre que está detrás de este rol?
No me siento primera dama, me gusta que me digan Lavinia, me gusta que me digan primera servidora. Creo que a la gente le cuesta también decirme primera dama porque soy superjoven (prefiere llamarme Lavinia), especialmente a las señoras un poco mayores , todavía me parece tan raro.
¿Cómo se transforma una relación cuando el país entero opina sobre ella?
¿Sobre mi matrimonio? La verdad es que siempre recalco que los mejores años de matrimonio que estoy teniendo con mi esposo son dentro de la presidencia y es porque la confianza que tenemos, la madurez que al día de hoy tiene nuestra relación es increíble y es algo que tal vez no teníamos antes.
Estos roles, este trabajo y esta responsabilidad tan grande que tiene Daniel y que también tengo y, nos ha unido mucho más, nos ha permitido tener mucha más confianza y nos va mucho mejor. No puedo creer nada de lo que leo porque se inventan tantas cosas sobre nosotros. Como te digo, los mejores momentos de nuestro matrimonio han sido en estos últimos años.
¿Cuál es la conversación más difícil que han mantenido desde que asumieron estos cargos?
No sé, creo que yo respeto mucho el trabajo de Daniel. Yo soy la que está detrás, comento si siento que puedo hacerlo. Mi esposo siempre escucha, Daniel es una persona que te da la razón, debate, escucha y analiza.
Todo lo tiene siempre superpresente. La conversación más difícil que he tenido con él es cuando nos quiere tener en los espacios más seguros posibles y yo soy supercontreras. Él se preocupa mucho por nosotros.
¿Qué promesa se han hecho como pareja que todavía mantienen?
El respeto el uno al otro, que es lo más importante. Siempre le digo a Daniel: no hagas nada que no te gustaría que yo te haga. Mi esposo es maravilloso, me conoce, sabe la mujer que tiene y ya sabe qué me puede hacer poner brava y lo evita. El respeto es lo más importante y la comunicación. Tenemos una regla: donde sea que estés, el día que no duermes en la casa y no estás durmiendo conmigo, me tienes que decir buenas noches y buenos días. Si no me dices eso, yo le hago la ley del hielo y no le hablo en todo el día.
Él ya sabe que tiene que decírmelo, no importa la hora que sea.
¿Cómo es un día en familia fuera de la agenda oficial?
La verdad que nuestros días son superrelajados. Vivimos los días tan intensos, que cuando llegan los fines de semana, por ejemplo, si es sábado, somos muy ordenados: corremos, nos levantamos a las cinco y media, vamos un poco más despacio. Estoy haciéndoles el desayuno a mis hijos, nos gusta saludarlos antes de ir a correr. Ahora que es buena época, nos vamos mucho a Olón. Después de correr, nos metemos a la piscina con los niños, nos acostamos a ver películas con ellos, comemos juntos, muy en casa.
Nos encanta estar en casa porque pasamos tanto tiempo afuera, nos encanta pedir pizza o hamburguesas, a veces vemos a los amigos, pero casi siempre estamos dormidos temprano.
¿Qué le han enseñado Alvarito y Furito?
Que son completamente opuestos, pero me encanta ser mamá de niños, me encanta. Es más, quiero otro niño. Antes quería una niña y ya le dije a Daniel: quiero un niño y una niña al final. Alvarito es lo más simpático que existe, es elocuente, parece que hablas con un adulto, me hace reír todo el tiempo, es superocurrido. Me ama demasiado, me lo dice, me coquetea, me piropea.
Furio desde pequeño es más de papá. Furito es mudo, recién está hablando más y como es mi bebé prematuro es mi bebé engreído. Mi niño que ya está grande y es salvaje porque es molestoso, la otra vez estábamos en la cama, y le daba patadas a Alvarito, él se deja hacer de todo, no se inmuta. Daniel le dice a Alvarito “es mi diablín” y a Furio “es mi Chucky”, es engreidísimo.
Estoy enloquecida con mis hijos, cuando los veo me transforman. Me imagino cuando crezcan y me van a cuidar. Alvarito es un lover, se muere por las chicas, le dice al papá: “Llévame a ver chicas guapas”.
¿Cómo quiere ser recordada?
Quisiera ser recordada como alguien que trabajó por las mujeres de su país, pero más allá del trabajo, de las oportunidades que logró conseguir para ellas y cómo junto con la fundación logramos transformar muchas realidades y no solo logramos transformarlas, sino logramos salvar muchas vidas.
¿Qué legado quiere dejar a las mujeres que hoy la miran?
Que crean en ellas mismas. Creo que puede ser una frase muy redundante, que escuchamos constantemente en esta era digital y de empoderamiento femenino, pero justo ayer estaba desempolvando unas fotos que cogí de la casa de mi papá en Galápagos y vi a esta niña chiquita, y de verdad que vi las fotos de la casa de mi abuelo en Chone, de chiquitita, esta casa de ladrillos, este balcón que tenía para mí tantos recuerdos y me dije: woow, no puedo creer que esta niña, de esta familia tan humilde, tan sencilla, el día de hoy está casada con el presidente de la República, y que estoy liderando una fundación que está cambiando tantas vidas. Cuando la empecé, la verdad ni yo misma me imaginaba todo lo que íbamos a lograr.
Si pudiera escribirle una carta a su yo futuro, la mujer que un día dejará este cargo, ¿qué le diría?
Le diría que siga su camino, yo siempre he sido supercomprometida y creo en mí, desde siempre he creído en mi capacidad, cuando digo que quiero lograr algo, me comprometo y lo logro. Definitivamente ser primera dama no era algo que buscaba, pero cuando empecé a vivir sola y me dije que podía lograrlo, voy a poderme pagar mis cosas, pagarme mi carrera, y gracias a Dios, con esfuerzo lo logré. Las cosas no se logran soñándolas sino trabajándolas.
Soy la primera dama más joven del mundo hasta el día de hoy, soy la primera dama influencer, entonces se imaginarán esta primera dama influencer en las redes sociales, de nutrición, era modelo. La poca credibilidad que tenía y los múltiples estereotipos que me rodeaban, pero creo que he podido romperlos todos. Creo que he podido demostrar la capacidad que tengo y las verdaderas intenciones, y he logrado lo que he buscado: transformar y mejorar la vida de las mujeres ecuatorianas. (I)




