La forma tradicional en la que los padres de familia tratan de evitar posibles abusos sexuales a sus hijos ha sido a través de las clásicas advertencias como “no te dejes tocar de nadie”, “no permitas que se te acerquen”, “hay personas malas”, “avísame si es que alguien te hace sentir incómodo”. El problema es que estas expresiones resultan ambiguas e incompletas y el mensaje queda poco claro, dejando al niño confuso, inseguro y sin poder defenderse.











