Las personas sin hogar viven a diario la indiferencia social. Antes o después de la pandemia, tener que vivir en la calle se vuelve una situación de riesgo, que pone en riesgo no solo su salud física y mental sino la seguridad, entre otros factores.

Luis Enrique Hernández, integrante de la organización mexicana El Caracol, que ayuda a las personas sin hogar, cree que esa indiferencia podría ser uno de los factores que reducen el riesgo de contagio de coronavirus en ese sector de la sociedad.

"Es decir: el contacto que tienen con la gente de a pie es muy limitado. Nadie se acerca a abrazarlos, nadie habla con ellos. La gente que les regala comida o dinero los trata a la distancia. Esa indiferencia social, por ahora, parece que les ha ayudado", comentó el voluntario a Milenio.

Él reconoció que pese a la gran cantidad de estudios que se han desarrollado desde el año pasado, para tratar de conocer al coronavirus, su evolución y efectos, es poco lo que se ha investigado sobre cómo afecta a quienes permanecen en la calle.

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Por eso, él maneja la hipótesis de la indiferencia en base a su trabajo y a los diálogos que han tenido con organizaciones de otros países.

“La segunda hipótesis tiene que ver con la parte inmunológica. Al menos la experiencia médica dice que entre más expuestos estamos a patógenos, más resistente es nuestro sistema inmunológico. Y la población de calle nos ha demostrado que sus cuerpos llegan a límites impensables. Los he visto en situaciones muy adversas, y se salvan. Dato curioso: el coronavirus ataca a los pulmones, uno de los primeros órganos que se les deteriora por vivir en la calle", dijo Hernández.

Con él coincide Julio César Goya, presidente de la Fundación Juventud en Acción Ecuador, que dos veces por semana reparte comida e implementos de bioseguridad a familias que viven en la calle. Contó a EL UNIVERSO que ha conocido casos de hombres que beben y que consideran que el alcohol les ayuda, pese a estar expuestos al virus.

El activista señaló que en las calles encuentran cientos de personas que no tienen hogar. En los recorridos han registrado hasta 350 en el centro de Guayaquil, de las cuales la mayoría son extranjeras. Se les da comida, implementos de bioseguridad y se prioriza a las familias con niños pequeños y a los adultos mayores para ir a albergues del Estado, donde aprenden oficios.

"La última prueba que hicimos fue hace siete días. Hicimos 190 pruebas, de las que salieron 110 (positivas), pero no tenían síntomas, eran asintomáticos. Las pruebas las provee el Ministerio de Salud en conjunto con la Gobernación de Guayas", dijo Goya.

Por eso, él cree que la situación de cada país o ciudad tiene diferentes realidades. Y afirma que la pandemia sí ha golpeado a las personas que viven en esta situación vulnerable.

En el caso de El Caracol, esta agrupación menciona que no ha encontrado casos de covid en sus recorridos, en los que reparten mascarillas y gel desinfectante. "Había 100 personas. Unas 90 vivían en la calle, las otras eran personas con dificultades de dinero. La mitad usaba cubrebocas, sucios y mal puestos, pero usaba cubrebocas. Les tomamos la temperatura y sólo un chavo nos salió con indicador de fiebre. Nos preocupamos. Pero no, no era fiebre. Sólo venía acalorado".

Él cree que a su situación de pobreza se suma la falta de atención médica, la saturación en el sistema hospitalario de los países y la falta de atención en la sociedad. Por eso, menciona la importancia de que quienes viven en la calle también sean vacunadas contra la enfermedad. (I)