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Una revolución histórica

"'La invención de la ciencia' cuenta la extraordinaria revolución intelectual y cultural que preparó, si se quiere, el nacimiento de la ciencia moderna. Una revolución que implicó un gran desafío a la ortodoxia dominante".

Foto: redaccion

Vivimos en un mundo transformado y en transformación por la ciencia. La sola expresión “ciencia” ha adquirido una aceptación prácticamente universal. Ya sea se trate de la medicina, el entretenimiento, o las comunicaciones y el transporte, desde cosas relativamente banales hasta serias, nuestra vida parece estar dominada por la ciencia. Pero ¿desde cuándo es así? ¿Cómo así es que nuestras vidas dependen tanto de la ciencia? Además, a pesar de la importancia que tiene hoy la ciencia, los científicos parecen estar siendo el objeto de ataques políticos y cuestionamientos. Recientemente ha sido traducido al español un fascinante libro que aborda a la ciencia como el resultado de lo que ha sido probablemente la más profunda revolución en la historia de la humanidad.

Se trata de la obra La invención de la ciencia (Editorial Crítica, Barcelona. Traducción de Joandoméc Ros. 2020), escrita por el conocido profesor de la universidad de York en Inglaterra David Wootton (1952). El libro cuenta la extraordinaria revolución intelectual y cultural que preparó, si se quiere, el nacimiento de la ciencia moderna. Una revolución que implicó un gran desafío a la ortodoxia dominante.

El autor ubica sus reflexiones cinco siglos atrás para explorar los factores que llevaron a esta revolución y a los protagonistas de esta transformación. Para él, la revolución científica implicó varios eventos separados que, aunque se desarrollaron de manera independiente a un punto convergieron para fusionarse. Entre estos brillantes iconoclastas el libro analiza a Galileo, Copérnico, Brahe, Newton y otras mentes curiosas a través de Europa. Sus investigaciones sobre la naturaleza provocaron una profunda ruptura con los dogmas religiosos de siglos y las supersticiones dominantes de la época. Pero fue el descubrimiento de América lo que provocó un impulso gigantesco a estos desafíos.

Hasta antes de 1492, no cabía dudar del hecho de que el conocimiento que existía a la sazón era todo el conocimiento posible. No había el concepto de progreso, en realidad. A partir de ese momento, sin embargo, la conciencia europea descubre que nuevas cosas, hechos y situaciones pueden ser descubiertas, que había un futuro por delante, desconocido y complejo, que podía ser estudiado con una finalidad concreta y útil. La lógica aristotélica no llevaba a descubrir cosas nuevas, sino a confirmar las existentes. La revolución de la ciencia tuvo sus mártires como Giordano Bruno y el propio Galileo, y tuvo sus héroes como Boyle, y tuvo sus magníficos propagandistas como Voltaire, y otros como Gilbert y Darwin más bien pacientes y rigurosos. Wootton demuestra cómo todos ellos contribuyeron a la construcción social de un nuevo sistema de conocimiento que desembocará luego en la revolución industrial.

El libro puede ordenarse a la editorial o a las librerías españolas. (O)

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