Le preguntaba a un amigo, a quien le apasiona el fútbol, ¿qué tienen en común los dos equipos que se enfrentaron en la final de la Champions League? Él no lo pensó mucho y me respondió: “Tienen grandes figuras, pero la estrategia no gira alrededor de ellas, sino en función del equipo”.

Y haciendo una retrospectiva, los equipos que últimamente han alcanzado el éxito en el ámbito deportivo parecen tener esa condición. En el ámbito laboral, generar este tipo de equipos exitosos suele ser el sueño de cualquier director general. Pero ¿cómo se consiguen?

Margaret Heffernan, experta en liderazgo y colaboración, comenta que los equipos más exitosos tienen algunas características comunes: un alto grado de empatía entre los integrantes, el mismo tiempo para expresarse y las mismas posibilidades de ser escuchados. Por nuestro lado, puedo afirmar que con base en la investigación realizada en los programas de Humane Consulting Group, realizados en diferentes empresas desde el año 2015 al 2020, más del 90 % de los equipos que se destacaron tenían estas características. Además, observamos que fueron capaces de generar un ambiente acogedor en el cual lograron divertirse cuando trabajaron juntos.

¿Qué hace que estos equipos puedan desarrollarse? Su gestión es el resultado de una serie de hitos y condiciones que enriquecen la cultura organizacional y responden a la estrategia de la empresa. En primer lugar, se necesita una dirección que promueva una cultura de colaboración y transparencia entre los líderes. En segundo lugar, un estilo de trabajo que fomente las relaciones entre las personas y busque el desarrollo de todos los integrantes del equipo. Tercero, una gestión transversal de proyectos que integre las áreas para que todos puedan aportar desde su especialidad; y finalmente, un claro enfoque para buscar soluciones que permitan encantar a los clientes -internos o externos-.

En estos tiempos complejos que estamos cursando, se debe priorizar una estrategia alineada a la cultura organizacional, para promover la formación de equipos exitosos, cuyo resultado final debería fidelizar a los clientes. Y en el camino forjaremos la identidad de los colaboradores, quienes se sentirán parte de un equipo al que quieren ver ganar. (O)

Sabremos que hemos realizado un buen trabajo cuando los colaboradores celebren juntos los triunfos, y, ante cualquier dificultad, cierren líneas, estrechen las manos, y exclamen “¡ánimo, que el equipo gana!”.