El premio de novela breve La Linares emitió su veredicto el pasado 23 de abril, en coincidencia con la celebración del Día Mundial del Libro, y proclamó como ganadoras del primer premio a dos novelas: Crónicas para jaibas y cangrejos, de Dalton Osorno, y Trigoltio, de Hans Behr Martínez. Por primera vez el certamen tiene dos novelas triunfadoras. El jurado estuvo integrado por los escritores ecuatorianos Iván Égüez y Carlos Carrión y por la crítica literaria uruguaya Elizabeth Rivero.

(Dalton) Osorno, profesor universitario hoy jubilado y radicado en Salinas, vivió por años en Guayaquil. Por tal motivo conoce sus calles, sus lugares, su historia, su literatura, su música y su cultura popular. Y eso se refleja en la novela galardonada, que es la historia de la calle 18 o barrio de tolerancia".

La Campaña Nacional de Lectura Eugenio Espejo, institución que convoca el concurso, tuvo el acierto de publicar casi de inmediato, en edición digital, las dos obras galardonadas, que tendrán su edición de papel próximamente. Estas ediciones digitales permiten que las novelas sean leídas en esta época de cuarentena sin ningún costo por quienes gustan de la literatura ecuatoriana. Un verdadero incentivo a la lectura.
Por supuesto, yo fui del grupo que se lanzó a leer estas novedades literarias. Y comencé con Crónicas para jaibas y cangrejos, de Osorno, a quien conocía como poeta, aunque sé que antes ya había publicado también narrativa. Nacido en Jipijapa, Manabí, Osorno, profesor universitario hoy jubilado y radicado en Salinas, vivió por años en Guayaquil. Por tal motivo conoce sus calles, sus lugares, su historia, su literatura, su música y su cultura popular. Y eso se refleja en la novela galardonada, que es la historia de la calle 18 o barrio de tolerancia.

Pero la novela se adentra no solo en la historia de este barrio, sino en la de sus visitantes y en la de quienes trabajan en él: las prostitutas, mujeres que gastan su vida y sus cuerpos en este duro oficio, al que han accedido por necesidad; y en especial en la historia de Ambrosina. En la obra está explícita, además, la vida de esta ciudad puerto. Es una evocación del Guayaquil que ya no es, de las calles y ambientes que se han ido perdiendo o de cómo poco a poco la regeneración urbana los fue maquillando. Por las páginas deambulan Julio Jaramillo, Fernando Nieto Cadena, y los protagonistas van a lugares como el bar El Montreal. Es una novela polifónica. De muchas voces y presencias. Y de múltiples recursos literarios.

Es una evocación del Guayaquil que ya no es, de las calles y ambientes que se han ido perdiendo o de cómo poco a poco la regeneración urbana los fue maquillando. Por las páginas deambulan Julio Jaramillo, Fernando Nieto Cadena, y los protagonistas van a lugares como el bar El Montreal".

Más que la historia (me ha resultado dolorosa la vida de prostíbulo que llevan las mujeres, algunas de las cuales sufren una cadena de violencia desde la infancia, cuando fueron violadas), destaco el ritmo con que está narrada y escrita la novela. El ritmo está dado no solo porque se hace permanente alusión a canciones, sino sobre todo porque se recoge y logra transmitir el movimiento y la temperatura que la ciudad tiene. Hay un trabajo minucioso con el lenguaje y lo cito como uno de los aciertos del libro –al igual que lo hizo el jurado–, junto con la veta evocadora que busca mostrar a los lectores la ciudad que se esfumó, como registro para que no se imponga la desmemoria.

La Guayaquil adolorida y azotada por el coronavirus, que el próximo octubre conmemora el bicentenario de su independencia, es homenajeada, de algún modo, en esta novela con sabor a crónica. (O)