En ocasiones he escuchado a algunos jefes usar la frase “para eso se les paga”, afirmando que el sueldo es el justo premio que merecen sus empleados por el trabajo realizado. Sin embargo, cuando encuestamos a sus colaboradores, estos suelen pedir a sus jefes que exista un mayor reconocimiento a su esfuerzo. Aunque la expresión de los jefes podría contener algo de verdad, parece que la remuneración no termina siendo el factor preponderante en la compleja ecuación motivacional de las personas.

La remuneración es considerada como un factor motivacional higiénico, esto significa que solo genera la satisfacción básica o simplemente la esperada  en los colaboradores. Sin duda, un sueldo alto puede ser aspiracional, pero por sí solo no genera la experiencia vital que hace que un colaborador se convierta en el fan número 1 de su empresa.   

Si el sueldo no es la mayor motivación, ¿dónde debería estar el enfoque? Hay líderes que han podido responder esta inquietud moviéndose del enfoque tradicional por objetivos hacia el desarrollo de las interacciones entre las personas.

En otras palabras, han abandonado la idea de ser los jefes que solo aparecen para ajustar cuando las cosas han salido mal, a pasar a ser los líderes involucrados que promueven, felicitan y celebran los triunfos del equipo. Un líder que reconoce un trabajo bien realizado motiva la réplica del comportamiento tanto en el colaborador como en el equipo. Pero además resalta la dignidad, valorando las capacidades y fortaleciendo la voluntad de quien recibe el reconocimiento.  

Gestionar las interacciones también implica fomentar un estilo de trabajo colaborativo, donde las personas puedan tener suficiente tiempo para conocer los talentos individuales, dispongan del espacio para aportar y se generen relaciones de verdadera confianza. En este punto es saludable que se establezcan objetivos e incentivos comunes para terminar por comprometer al equipo.  

En un equipo comprometido, donde se valora el esfuerzo y todos aportan en el logro de los objetivos, los colaboradores se sienten felices e involucrados con los resultados.

En un estudio realizado por Hay Group se encontró que los colaboradores felices pueden llegar a ser hasta un  43 % más productivos con respecto a los que no lo son. Por esto, un liderazgo basado en el reconocimiento puede significar la diferencia entre un colaborador que vuelve a casa angustiado, a otro que regresa a su hogar contento para transmitir la experiencia vital de estar comprometido con los mejores proyectos y los más altos ideales. (O)