Doris (nombre protegido) es una entrenadora de jiu jitsu que gracias al entrenamiento constante de esa disciplina y desfogue de estrés, dejó de ingerir antidepresivos y ansiolíticos para la ansiedad, depresión y desorden bipolar tipo dos que le diagnosticaron a una temprana edad. Las pastillas fueron parte de la cotidianidad de Doris por doce años,  dice.

“Fue un proceso en el que mi psiquiatra y yo fuimos probando varios tipos de medicamentos hasta encontrar los ideales para mí”, añade. 

Aquello que el psiquiatra de Doris le recetó para su estado de salud mental se conoce como psicofármacos: sustancias químicas, o psicotrópicos, que influyen en los procesos mentales de las personas al actuar directamente sobre el sistema nervioso. 

“Esta sustancia química puede ser natural o procesada”, explica Gregory Celis, médico intensivista y director de los laboratorios químico-farmacéuticos Bagó. “Su función es modificar lo que conocemos como esfera límbica o la forma de pensar del ser, sus pensamientos y la relación que mantiene consigo mismo y el entorno”, dice el especialista. 

Tradicionalmente, los psicofármacos han sido la respuesta de la medicina ante los casos de enfermedades mentales. Es decir, su uso no está pensado para aplicarse en personas sin ningún cuadro mental negativo como la depresión o trastornos de bipolaridad, trastornos del sueño, ansiedad, adicciones, epilepsia o ataques de pánico, así  explica Arturo Torres, psicólogo por la Universidad de Barcelona. 

En el Ecuador, los médicos facultados para su prescripción médica deben registrarse en la Arcsa (Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria), para obtener un certificado y talonario. 

Esto debido a que al ser parte de la familia de los psicotrópicos, al igual que los estupefacientes o narcóticos que pueden llegar a ser adictivos, los psicofármacos deben ser recetados luego de una evaluación del paciente. Con una dosis, intensidad y frecuencia controlada para no crear un estado de dependencia en el paciente. 

“Cuando terminé el tratamiento por sugerencia de mi médico psiquiatra al verme bien, fue disminuyendo la dosis en un lapso de dos meses hasta eliminarlos”, narra Doris. “Con la consigna de hacer ejercicio y meditar una hora diaria”. 

Celis afirma que los tratamientos con los psicofármacos pueden ser temporales, como el caso de Doris, o de por vida. “Hay enfermedades mentales que provocan daños cerebrales… los pacientes con tratamiento permanente tienen periodos de ventana o descanso en los que no ingieren los medicamentos, pero están controlados por el psiquiatra”. (I)