El 31 de enero de 2016, La Revista publicó un reportaje del The New York Times sobre el mutismo selectivo, en el que se consultaba a Steven Kurtz, psicólogo clínico especializado en el tema. 

A partir de ese artículo, la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) invitó al especialista a participar en el evento anual de Responsabilidad Social Universitaria, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas (FCSH). La universidad estaba sensibilizada en este tema por el caso de una alumna diagnosticada con mutismo selectivo.

Conocedor del caso, Kurtz visitó Guayaquil para exponer sobre las formas de ayudar a los estudiantes universitarios con necesidades especiales a adaptarse gradualmente a las dinámicas de la vida académica y laboral. 

Claves para la inclusión

Uno de los puntos principales de la conferencia son las claves para que los niños y jóvenes superen los obstáculos. 

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Mutismo selectivo

Kurtz Psychology Consulting es un centro en Nueva York que se especializa en tratamiento presencial y en línea para familias con problemas de conducta y desórdenes de la infancia, como el trastorno de hiperactividad con déficit de atención (TDAH), el trastorno negativista desafiante (TND) y el mutismo selectivo. 

Este último, en el que el niño es capaz de hablar con sus padres y hermanos, pero no se comunica fuera de su núcleo familiar, suele descubrirse en el primer contacto con la escuela. Es a menudo confundido con autismo, pero la principal diferencia, señala Kurtz, es que los niños con trastornos del espectro autista muestran la misma conducta en cualquier circunstancia, incluyendo el hogar: no hay contacto visual ni socialización; hay tensión física. En el mutismo selectivo  hay un interruptor que se enciende en casa y permite que el niño hable y se muestre feliz, pero se apaga en cuanto sale de ese contexto. 

El trabajo de Kurtz en mutismo selectivo empezó en el 2002 con un niño de 5 años que llevaba 9 meses de escolaridad. Todo ese tiempo, él se había sentado en una silla aparte en el salón, con miedo de hablar, miedo de comer, miedo de ir al baño y de participar en las lecciones, aunque en casa hacía todo eso con normalidad. 

El psicólogo tomó lo que había aprendido sobre miedo, ansiedad y evitación, y lo que sabía sobre construir relaciones positivas con los niños, y guio al estudiante a hablar en la clínica (el niño jugando con la madre y el terapeuta uniéndose), luego en la escuela cuando no había nadie, más tarde con su mejor amigo, y aumentando gradualmente el número de personas alrededor. 

“Pienso en esto como un truco de magia. El buen ilusionista habla todo el tiempo mientras tratas de mirarle las manos. Y de repente, ha hecho el truco y no te diste cuenta de cómo”.

Es su manera de explicar cómo el terapeuta se introduce en la conversación del padre y el niño, hasta que en algún momento el otro adulto se retira. 

El especialista usa alguna de las actividades que al niño le gustan, y así pasa a las situaciones en las que este evita hablar. Una vez que las ha identificado, se traslada a la escuela, donde se presentan la mayoría de las dificultades.

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El primer paciente de Kurtz tiene ya 23 años, suele asistir a la clínica para ayudar con el entrenamiento a los padres y escribió el libro Aprendiendo a jugar el juego: mi camino a través del silencio (Learning to Play the Game: My Journey Through Silence, Jonathan Kohlmeier, 2016). Es piloto de aviación. “La mayoría de los chicos sí mejoran con la ayuda adecuada”. 

Muchos de los chicos retornan para convertirse en consejeros. A partir del ejemplo de Kohlmeier, Kurtz creó el campamento Mighty Mouth Kids, que recibe a niños de 3 a 9 años para practicar durante una semana lo que denominan “hablar valientemente”. 

Padres y maestros

En cualquier hogar y salón de clases puede haber niños con conductas disruptivas. Los padres y educadores necesitarán aprender maneras eficaces de poner límites. “Pero antes de eso, les enseñamos cómo tener una relación positiva con los niños: jugar con ellos, alabar la buena conducta”. Los terapeutas como Kurtz ofrecen ese entrenamiento –un proceso que puede tomar hasta 20 sesiones– para adquirir las técnicas que aplicarán en casa. El psicólogo explica que si el trabajo queda en manos de los especialistas, los niños aprenderán a comportarse frente a ellos, pero no en las situaciones de la vida diaria, con los padres. 

En el caso de los maestros, la guía terapéutica se extenderá durante al menos un semestre. De esta manera, el docente emplea menos tiempo disciplinando y más enseñando, lo cual evita el síndrome de desgaste profesional y disminuye la cantidad de observaciones que los niños acumulan en sus registros. 

El primer contacto con el terapeuta es importante porque le demuestra al niño que es capaz. Hecho esto, el especialista entrega las herramientas a los padres (y a los maestros) para que asuman su rol de entrenadores. 

¿Qué herramientas?

  • Kurtz ofrece una idea: evite las preguntas ‘sí o no’.
  • Haga preguntas que saquen a los niños de su zona de comodidad.
  • Acérquese primero mediante el juego, para establecer una relación de confianza.
  • Asegúrese de que entiende las instrucciones del juego.
  • Avance a través de pequeñas metas, como en una escalera: dibujen aquello a lo que se le teme o vean una película, antes de enfrentarlo directamente. 

Llegando a la universidad

Con frecuencia se relacionan los trastornos de aprendizaje y conducta con los niños. Pero Kurtz dice que es razonable estimar que en cada población estudiantil, incluidas las universitarias, al menos el 10% del alumnado tiene necesidades especiales sin haber sido identificados, en especial las formas más leves de los trastornos. 

Un universitario que tiene mutismo selectivo y no habla con sus profesores ni sus compañeros puede ser tremendamente bueno en su campo y recibir facilidades para seguir estudiando, pero en el mundo laboral no es seguro que recibirá las mismas concesiones, empezando por la primera entrevista de trabajo. Las facilidades son necesarias para empezar, pero se debe depender cada vez menos de ellas. 

“Cuando mi primer paciente de mutismo selectivo tenía 14 años, le pregunté: ‘Jon, ¿qué quiere ser cuando crezcas?  Contestó que quería ser un asesor financiero, como su padre, un hombre muy exitoso. Así que le informé que tenía buenas y malas noticias. Eligió primero las buenas. ‘Creo que eres aún más inteligente que tu padre y que darías muy buena asesoría”. ¿Y las malas? ‘Si no puedes hablar con tus clientes, no vas a tener ninguno’. 

Por eso, la conferencia de Kurtz en la Espol estuvo titulada ‘Las facilidades son necesarias, ¿pero son todo lo que los estudiantes merecen?’.

“Tenemos que ayudarlos a prepararlos para el mundo real, y eso significa que ellos tienen que estar involucrados en el proceso de superar las barreras que puedan tener”. 

Cuando se trata de mayores de edad, el tratamiento psicoterapéutico ya no estará enfocado en los padres, sino que cada paciente tomará la responsabilidad de impulsarse a practicar y exponerse a aquellas situaciones a las que temen.

En el caso de Jon, comenta, se les había dicho a los padres que probablemente tendrían que institucionalizarlo de por vida y que debían hacerse a la idea. El cambio toma tiempo, dice el experto, porque se lucha contra un estigma. 

Dato

Casi el 10% de los estudiantes tienen una necesidad especial no identificada.