Páginas de cuaderno, servilletas, hojas milimetradas... cualquier espacio era adecuado para que Luis A. Quintero Robles (1917-1997) anotara toda idea que se le venía a la mente sobre los recuerdos de su infancia y juventud en el barrio del Astillero.

“Mi papá siempre quiso editar un libro que reúna sus experiencias en su querido barrio. Él amó el Astillero, porque se crio allí, fue su vida, en tiempos en que el río Guayas era elemento vital de la vida de los guayaquileños”, indica Roberto Quintero sobre esta obra de su padre, lanzada originalmente en 1989 (segunda edición en 1991 y tercera en 1993).

Su padre presentó así esta obra: “Esto no es historia ni investigación, solo entusiasmo y preocupación por promover el conocimiento, muy parcial por cierto, de un barrio noble, parte destacadísima de nuestro Guayaquil”. También explicó la relevancia de esa época: “La década que comienza con 1920 que marca el inicio del renacimiento de la urbe, que adolorida aún por plagas y epidemias, chamuscada por grandes incendios y sacudida por cuartelazos, interinazgos y revoluciones, se incorpora e impulsa con resignación y valentía y se prepara a resistir los largos días de convulsión política y de crisis económica que identificó a la década siguiente, 1930-1939”.

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La cuarta edición

Este libro es un documento histórico vital sobre ese sector del Guayaquil sureño, que abarca desde la calle Olmedo (norte) hasta el mercado Caraguay (sur). Esa condición provocó que el Dr. Fernando Mancero, presidente de la Fundación Bienvenido Guayaquil, propusiera a los familiares de Quintero que le permitieran trabajar en una cuarta edición. “Lógicamente confiamos en todo lo que escribió el autor, pero igual todo lo contrastamos nuevamente. Le agregamos fotografías actualizadas, explicamos cómo se vara un barco y cómo se calafatea (limpieza e impermeabilización de barcos en los astilleros) y hasta le agregamos un glosario para explicar palabras y términos empleados en la narración de Quintero”.

Para este trabajo, que duró tres años, contó con el apoyo del abogado Jorge Aycart Tutivén. “Esta obra es única, porque él recoge la época del 20 al 40, que es tiempo de transición, cuando no había radio, pero luego llegó, cuando había tranvía y aparecieron los automotores”, indica Aycart, quien se sorprendió al conocer que los astilleros siguen funcionando hoy tal como lo hacían hace un siglo.

Mancero recalca que esta cuarta edición no busca solo despertar la nostalgia de los mayores, sino invitar a los jóvenes a conocer el Guayaquil de entonces.