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La fractura de codo más común en los niños

La mayor parte de los traumatismos de codo en los pequeños corresponde al húmero; el tipo de tratamiento dependerá del grado de la fractura.

Hasta el 5% de las fracturas de los niños son de codo; de ellas, el 80% son supracondíleas humerales. Foto: redaccion

Un accidente común suele ocurrir entre los 5 y 10 años del niño, cuando cae de cierta altura con la mano apoyada sobre el piso, sufriendo un traumatismo indirecto en el codo o fractura supracondílea humeral.

Si la fractura no queda anatómicamente bien reducida, las secuelas podrían ser tanto estéticas como funcionales. Es una zona especial, que se diferencia de las fracturas de muñeca, fémur, antebrazo y tibia. “Estas consolidan rápido en los niños y tienen una capacidad de corrección espontánea muy importante”, explica el doctor Patricio Echanique, especialista en traumatología y ortopedia, y coordinador académico del posgrado del Hospital Alcívar.

Por ejemplo, dice, si la fractura en la muñeca queda con un grado de angulación de 10 a 20 grados, el cuerpo los corregirá por sí solo en un niño de hasta 10 años. Una fractura de fémur en un niño de 3 a 4 años puede tolerar un acortamiento de 2 centímetros o desviaciones en varo (arqueado hacia afuera) o en valgo (arqueado hacia adentro).

Esto no sucede con las fracturas de codo. Aquí, la reducción que el cirujano hace en el quirófano tiene que restituir la región supracondílea y darle una fijación estable. De lo contrario, basta con 20 grados de rotación para que queden secuelas de cúbito varo o cúbito valgo, que a más de ser notable a la vista podría conllevar limitaciones de flexión y extensión del brazo.

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¿Qué deben hacer los padres?

Ante un traumatismo del codo que produzca dolor, deformidad, los padres deben llevar al niño a emergencias. “Es muy importante una buena radiografía”, señala el doctor Echanique. “El codo tiene muchos núcleos de osificación que aparecen y se cierran a diferentes edades. Sin una buena radiografía, se puede confundir la fractura con un núcleo de osificación, y pensar que el niño no está fracturado”. El médico podrá apoyarse en una radiografía del codo del otro lado.

Una vez establecido el diagnóstico, el profesional explicará a los padres la propuesta de tratamiento, quirúrgica o conservadora, y sus posibles complicaciones.

En el primer caso, se realiza la cirugía con anestesia general, para hacer la reducción de la fractura y la fijación, usualmente con clavijas de Kirschner. “Estas clavijas no deben estar en el codo más de 4 semanas”. Después de ese tiempo hay una consolidación aceptable para retirar las clavijas con seguridad e iniciar los movimientos del codo para recuperar la función.

Los niños no necesitan rehabilitación en la misma manera que los adultos, que suelen ir a centros especializados en fisiatría. Si hay dolor, es por el periodo de inmovilización, y no suele durar más de un día después de retiradas las clavijas. “Se lo ayuda entregándole una pluma, un juguete, para que olvide la fractura y empiece a utilizar el brazo”.

¿Yeso o cirugía?

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Para tomar esta decisión, el especialista considerará que la fractura no esté desplazada, que no haya rotación, que solo esté comprometida una de las corticales o las dos, pero sin desplazamiento, o que el desplazamiento no sea mayor a 20 grados en un niño de no más de 4 años. En ese caso podrá usar tratamiento conservador (yeso).

“Lo importante es que si uno decide enyesar, debe tomar una radiografía de control al niño de 7 a 10 días después. Si la fractura se mantiene igual, estable y reducida, se continúa con yeso hasta completar las cuatro semanas”. Pero si se ve movimiento, angulación o desplazamiento no tolerable, se debe retirar el yeso y pasar a quirófano para una reducción”.

El especialista explicará este procedimiento completo y las posibles complicaciones a los padres antes de iniciar el tratamiento conservador.

Evite a los sobadores

Desde el punto de vista médico, las mayores complicaciones se presentan cuando se soba al paciente. “El sobador es el principal causante de infecciones, deformidades y secuelas catastróficas en los pacientes, sobre todo en niños”.

Son numerosos hasta la actualidad, insiste Echanique, los casos de menores de edad tratados por un sobador, que luego llegan a emergencias. “Pasan de diez a quince días, el dolor y la deformidad no ceden, pero el niño ya ha sido sobado dos o tres veces y el codo llega a emergencias enrojecido y caliente; significa que estamos tratando una fractura con una posibilidad de infección, en proceso de consolidación viciosa (en mala posición)”. Estos casos requieren un tratamiento completamente diferente. 

Redacción
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